(La Tercera) La forma de la cola y el color de la piel en el caso de la ballena azul. Las callosidades en la cabeza en el caso de la ballena franca austral. Estas son algunas de las características distintivas que los científicos del Centro de Conservación de Cetáceos (CCC) evaluaron para identificar 425 individuos maduros de estas especies en las costas de Chile.

La principal dificultad para esta tarea -que se ha prolongado por diez años- es la escasa población de cetáceos, sumado a que se mueven en enormes áreas y rehuyen la presencia del ser humano. Por lo mismo, una fuente central que alimenta este catastro son las fotografías que se reportan a través de la Red de Avistamiento de Mamíferos Marinos de Chile que creó el CCC, en la que participan voluntariamente comunidades costeras, operadores turísticos de avistamiento de fauna marina, gremios de pescadores y turistas, además de la Armada.

“Este aporte de la ciudadanía es muy valioso para la ciencia. Hemos podido determinar cosas muy interesantes, como la conexión entre las ballenas de Chañaral y de Chiloé, e incluso el primer registro de ballena franca pigmea para el pacífico sur oriental, que no sabíamos que existía en Chile” explica Bárbara Galletti, presidenta del centro. Este organismo fue designado como coordinador del Catálogo Internacional de Foto Identificación Individual de Ballena Azul desarrollado bajo el auspicio de la Comisión Ballenera Internacional (CBI).

Este registro de individuos y de su comportamiento a lo largo de la costa chilena es fundamental para la detección de zonas de investigación. Además del registro fotográfico se recogen datos claves como las coordenadas del avistamiento, el rumbo de desplazamiento del animal, el número de crías que lo acompañan o algún marcador de seguimiento.

Fue así como la zona de Puñihuil, al noroeste de Chiloé, se estableció como base científica para el CCC, a raíz de la concentración de avistamientos reportado por turistas y habitantes de la caleta. En ese lugar Luz María Oyarzo es dueña de Ecomarine Puñihuil, operador turístico que se dedica a paseos en bote para avistamiento de fauna marina. “Trabajamos en forma colaborativa con el Centro de Conservación de Cetáceos para cuidar este recurso y construir un turismo sustentable. Ellos tienen un mirador a 10 kilómetros y estamos siempre comunicados para verificar en qué puntos aparecen las ballenas” comentó Oyarzo.

Temporada de observación

Actualmente las ballenas están terminando su época de reproducción para seguir rumbo al extremo sur, donde las aguas más frías le aseguran alimentación. Entre diciembre y abril es la época en que pueden ser avistadas a lo largo de la costa chilena, para lo cual el observamiento está reglamentado para no interferir con sus ciclos naturales.

“Chile ofrece un ecosistema singular que ha permitido desarrollar un turismo científico en ciertos lugares. Por lo mismo, nuestro país es para muchos expertos un verdadero laboratorio natural para la observación de cetáceos”, destacó el director nacional de Sernatur, Javier Vergara, quien detalló que con la llegada de diciembre, se inicia el verano austral y se abre oficialmente la temporada para la observación de estas especies en nuestro país.

Fuente / La Tercera