(La Voz de Galicia) La oleada de aperturas de polígonos de bateas de la última semana se ha revelado como un espejismo. La marea roja sigue atenazando al sector mejillonero de Galicia (España), y tres días después de los últimos negativos que permitieron extraer bivalvo en dos zonas de Arousa, no ha habido ninguna alegría. Al contrario, la última resolución del Intecmar, de este jueves 4 de septiembre, cierra al marisqueo varios arenales arousanos y en el recuento de fitoplancton tóxico se apreciaron incrementos en Vigo, Muros y Lorbé.

Actualmente se puede extraer mejillón del 31% de los polígonos gallegos, una proporción a todas luces insuficiente para normalizar la campaña. En el caso de la industria (cocederos y conserveras), está «lejos de alcanzarse las expectativas», puntualizó Juan Vieites, secretario general de la Asociacion Nacional de Fabricantes de Conservas de Pescado y Marisco (Anfaco). Aparte de que muchas de las fábricas acusan ya roturas en algunas tallas, el abastecimiento no da para funcionar a pleno rendimiento y algunas empresas trabajan en plena campaña a un 20% de lo que sería habitual, algo que, lógicamente, tiene su repercusión en términos de empleo.

Vieites admitió, no obstante, que este año la campaña «va un poco mejor que la anterior».

En su mejor momento

Lo habitual es que la temporada del mejillón para la industria se inicie en julio o agosto y se prolongue hasta noviembre. El inicio no es casual, sino que obedece a que el bivalvo suele estar en su mejor momento. Y cuando se pasa ese instante, el mejillón se desprende de las cuerdas y cae. Para evitarlo, los bateeiros reparcan el molusco, introduciéndolo en sacos que cuelgan de las mismas cuerdas para evitar que se pierda el producto en el fondo de la ría. Esa es ahora la situación, con decenas de bolsas suspendidas en las bateas, como comprobaron los submarinistas en una de las expediciones de Náutica Medusa por los fondos arousanos.

Entre los bateeiros, opiniones encontradas. Por un lado están quienes hablan de un sector entre tocado y hundido, que ya acumula demasiadas pérdidas tras dos años desastrosos y un tercero con pocos visos de ser mejor y, por otro, los que reniegan de un victimismo que, aseguran, les pasará factura. Para los primeros, las cosas aún pueden empeorar y auguran que en cuanto remita la marea roja, el nerviosismo por haber estado tanto tiempo sin vender propiciará desembarcos masivos que hundirán el precio del bivalvo en el mercado. Los segundos, por contra, apuntan a que el episodio tóxico es pasajero, que está remitiendo y que ya se ha podido comercializar una cantidad importante de mejillón.

Ahora bien, algo no debe ir bien cuando hay un movimiento de mejilloneros clamando por la unión del sector para que no se arruine una actividad estratégica para Galicia.