(El Universal) “Uno, dos, dos. Uno, tres, seis…”, grita con un fuerte acento escocés el hombre que dirige la subasta de pescado en Peterhead, el mayor mercado mayorista de Europa, donde la independencia de Escocia se discute con pasión.

A su alrededor, los compradores, con botas altas de goma de color naranja, amarillo o blanco, se mueven entre las cajas de pescado, tocándolo para comprobar su firmeza y frescura, informó AFP.

En menos de tres horas, 6.000 cajas de pescado del mar del Norte -principalmente abadejo, bacalao y rape- cambian de manos y salen con destino a mercados minoristas y restaurantes.

En total, más de 130.000 toneladas de pescado y marisco pasan cada año por Peterhead, situado a unos 254 kilómetros al noreste de Edimburgo.

La autoridad portuaria local tiene tanta confianza en su futuro que planea construir un recinto mayor para comercializar más.

Pero no todo son certezas en el horizonte, y el referendo del próximo jueves 18 de setiembre genera dudas en algunos y esperanzas en otros.

“No sabemos si habrá barreras para los trámites burocráticos, si tendremos que pagar aranceles para el pescado que vaya a Inglaterra. Nadie nos ha dicho algo, nada en absoluto”, dijo el comerciante Gary Mitchell, que exporta el 20% de lo que compra a Francia pero el resto a Inglaterra.

“Hay una gran diferencia entre el papeleo que tenemos que hacer para vender a Francia… No hay nada de momento así para Inglaterra. Si se convierte en realidad, habrá un montón más de trámites. Es un gran trastorno”, puntualizó Mitchell.

“Nuevas reglas”

Pero el primer desafío no será solo burocrático, para empezar habrá que decidir cuánto se puede pescar.

Las cuotas nacionales de pesca se deciden en arduas negociaciones en la Unión Europea (UE), y una Escocia independiente tendría que decidir cuánto permite pescar mientras negocia su reingreso al organismo comunitario.

La industria pesquera, que es mayor en Escocia que en el resto del Reino Unido, representa menos de 1% del Producto Interno Bruto (PIB) británico y el SNP, el Partido Nacional Escocés, que gobierna en la región, denuncia que Londres ha sacrificado derechos pesqueros para conseguirlos en otras áreas.

“Por el momento, no tenemos ningún control sobre las actividades de barcos extranjeros en nuestras aguas”, dijo Stewart Stevenson, diputado SNP del Parlamento escocés por la circunscripción de Banffshire y Buchan Coast, que engloba a Peterhead.

“Como nación independiente, podremos empezar a cambiar las reglas en el marco europeo. Crearemos las reglas que nos convengan”, subrayó.

Es un mensaje que cala entre unos pescadores que vienen generalmente de generaciones y generaciones de hombres del mar.

Peter Bruce es el capitán de la barca “The Budding Rose”, y puede remontar el pasado pesquero de su familia hasta su tatarabuelo, gente dedicada entonces a la caza de ballenas.

“Solía haber seis miembros de mi familia inmediata en la pesca. Soy el último, ahora todo el mundo trabaja en la industria petrolera”, explicó Bruce.

El declive de la pesca ha hecho que la flota de Peterhead haya pasado de 120 barcas a finales de los 1990 a las 30 de hoy en día.

Bruce sostiene que las reservas de peces han crecido considerablemente en los últimos cinco años, pero que “Budding Rose” agotó sus cuotas de 2014 en solo 60 días de captura.

El capitán se queja de la lentitud de la UE en reaccionar a estos incrementos de peces y dice que votará a favor de la independencia el 18 de septiembre.

“Espero que la pesca tenga un perfil más alto. La última vez que hubo un debate sobre pesca en la Cámara de los Comunes se quedaron solo doce diputados”, denuncia Bruce.

Sin embargo, el presidente de la Federación de pescadores escoceses, Bertie Armstrong, avisó de que Escocia perdería poder en Europa y la pesca se resentiría.

Bajo el nuevo Tratado de Lisboa, que rige la UE, las votaciones sobre política pesquera se deciden con el voto a favor del 55% de los Estados miembro y el 65% de la población de Europa.

Con sus 5,3 millones de habitantes, Escocia no podría igualar el poder que tiene en el Reino Unido y sus 63,2 millones de habitantes.

Además, bajo el actual sistema de cuotas, los barcos británicos pueden intercambiar pescado con los de otros países. Si un barco escocés tiene mucho rape y necesita bacalao, por ejemplo, lo puede cambiar con un barco francés o español, donde el primer pescado es más apreciado que el segundo.

“¿Qué pasará cuando se acabe este sistema?”, se preguntó Armstrong. “Aunque te sientas mejor siendo un país pequeño, si quieres tener más impacto que un mosquito tienes que ser un peso pesado”, concluyó el dirigente de los pescadores escoceses.