Foto de contexto
Foto de contexto

Investigadores trabajan en un modelo predictivo de la marea roja

Lo probarán primero en la zona de Quellón y, a más largo plazo, esperan testearlo en mar abierto, frente a la Región de Los Lagos.

(El Mercurio) Hay que acostumbrarse a vivir con la marea roja, afirma tajante Daniel Varela, ecólogo del Centro de Biotecnología y Bioingeniería (CeBiB). Él forma parte de un equipo multidisciplinario que está trabajando en un modelo matemático computacional para ver cómo se comportan estos florecimientos de algas y si es posible predecirlos. Lo integran matemáticos chilenos y franceses del CeBiB y del Centro de Modelamiento Matemático (CMM) de la U. de Chile, biólogos de la Universidad de Los Lagos (ULagos) e investigadores del Instituto de Fomento Pesquero, IFOP (ex filial Corfo), en Puerto Montt.

Primero lo probarán en la zona de Quellón (Chiloé) y si resulta, intentarán replicarlo a mar abierto.

Este ejercicio se ha hecho en otras partes del mundo y con distinto éxito, dice Varela. “En Estados Unidos, por ejemplo, en la costa atlántica, desarrollaron uno bastante bueno y cercano a la realidad, y con él lograron estrategias predictivas”.

Según el matemático Mario Conca, del CMM, estamos enfrentados a un problema con un grado de complejidad similar a la predicción meteorológica. “Hace 40 años, esta última era casi imposible. Hoy, gracias a modelos matemáticos, su implementación computacional y la enorme masa de observaciones, datos y mediciones disponibles, las predicciones son confiables a escala de horas”.

En el caso de la marea roja, explica, es muy importante conocer los parámetros relacionados con el mar (temperatura, salinidad, luz, concentración de oxígeno, velocidad del viento, entre otros) y los parámetros biológicos asociados a Alexandrium catenella (concentración de nutrientes, de células formadoras de gametos, entre otros). “En estos momentos, solo disponemos de datos parciales, además, provenientes del extranjero, de una variedad de catenella que florece en el golfo de Maine, Nueva Inglaterra”.

A esto debe sumarse una red de monitoreo con boyas, agrega Alejandro Buschmann, biólogo marino del Centro i-mar de la ULagos y del CeBiB, la que debe ir acompañada por un programa de mantención a largo plazo.

También sugiere complementarla con monitoreos satelitales. “Los florecimientos son un fenómeno más grande que el que se observa localmente en la costa. Los vientos movieron masas de agua hacia la costa y allí normalmente hay más nutrientes y otras condiciones que favorecieron la proliferación de organismos, y por eso enfrentamos un fenómeno de gran magnitud”, explica.

De hecho, no descarta que las descargas de fertilizantes agrícolas y otros desechos humanos que llegan directamente al mar hayan también contribuido a la floración de la Alexandrium catenella.

Según el especialista, lo que se prevé es que, producto del cambio climático, este tipo de fenómenos van a ser más frecuentes no solo en Chile, sino también el resto del mundo.

“El otro día el intendente de Los Ríos (donde todavía no llega el brote) me preguntó qué podía hacer. Le recomendé decirles a los pescadores, especialmente a la gente que tiene áreas de manejo, que deben cosechar ahora sus mariscos y congelarlos. Así tendrán productos para la venta antes de que llegue la marea roja y podrán comercializarlos paulatinamente en los meses que vienen”.

Temas Asociados