Desde la propagación del virus de la Anemia Infecciosa del Salmón (ISAv) hace ya casi una década, la salmonicultura chilena se ha enfrentado a múltiples desafíos. Los más recientes: el alto uso de antibióticos por la incidencia del Síndrome Rickettsial del Salmón (SRS), los bajos precios del producto, la floración de algas nocivas (bloom) y la relación con las comunidades, que no han visto en ella una industria sustentable, especialmente en la Región de Los Lagos.

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A pesar de las limitantes actuales, para el Chief Executive Officer (CEO) y Managing Director BU Aquaculture de Hendrix Genetics, Antoon van den Berg y Neil Manchester, respectivamente, Chile cuenta con “condiciones especiales” para la producción de salmónidos, las cuales están relacionadas fundamentalmente con las bondades naturales para el cultivo, con la experiencia de los profesionales salmonicultores que han debido sobreponerse a la adversidad y también con la macroeconomía del país.

No por nada, enfatizan en entrevista con AQUA, decidieron invertir US$9 millones en un centro de mejoramiento genético de ovas en la Región de La Araucanía (“CMG Catripulli”), que busca optimizar la competitividad de la industria salmonicultora nacional en factores como el crecimiento, resistencia a enfermedades (IPN, SRS) y parásitos (cáligus).

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“La salmonicultura es una industria joven en comparación con la producción de otras proteínas como las aves y los cerdos, y está cometiendo los mismos errores que dichos rubros enfrentaron durante su crecimiento”, argumenta van den Berg, para quien si bien Chile ha tardado más en adaptar las lecciones aprendidas de otros referentes salmonicultores, como Noruega, Escocia y las Islas Faroe, “confiamos en la recuperación de su industria y en su capacidad para ser tanto o más competitivos que las naciones del hemisferio norte”.

En esa línea, Neil Manchester complementa que no se trata de aprender solo de los errores de los demás, sino de los propios. “Es cierto que se debe copiar lo bueno, pero esto no implica que haya que imitar todo lo que haga Noruega, por ejemplo, porque cada zona geográfica tiene realidades de diverso tipo”, subraya el Aquaculture Managing Director del holding holandés especializado en genética animal que en 2011 entró al mercado acuícola a través de la compra de Landcatch.

Para superar los desafíos, ambos ejecutivos coinciden en la “necesidad inmediata” de avanzar en una nueva regulación que realmente permita la sustentabilidad de la industria salmonicultora en el tiempo. “Escenarios como contingencias sanitarias, resistencia microbiana y bloom de algas son la oportunidad ideal para que todos los actores del sector, dígase públicos, privados, academia, proveedores, entre otros, se sienten a conversar con altura de miras y remen hacia un mismo lado”, argumenta Manchester, añadiendo que es “absurdo dejar caer una industria que genera tanto empleo y que en otras zonas del mundo ha generado arraigo en la población”.

Multiespecie

La idea de Hendrix Genetics es producir en Chile un total de 45 millones de ovas de salmón Atlántico de aquí al 2020 –actualmente se encuentran en 16 millones–, con lo que pudiera alcanzar el 20% del mercado. Hoy en el país sudamericano se producen entre 280 y 300 millones de ovas de dicha especie y La Araucanía representa entre el 30% y el 40%.

Pero no solo en salmón Atlántico tiene puestas sus fichas la compañía de origen holandés, ya que en sus instalaciones han mantenido áreas para el cultivo de trucha arcoíris y salmón coho. “Cuando apostamos por este país lo hicimos pensando en las tres especies”, puntualiza Antoon van den Berg, quien se desempeñó durante 20 años en Nutreco, firma que controla a Skretting.

Neil Manchester, en tanto, complementa que les gusta el concepto de multiespecie porque permite “flexibilizar la producción y comercialización de acuerdo con las condiciones del momento; algo que Noruega y Escocia tienen poco. Además, tanto la trucha como el coho son productos con extensas bondades gastronómicas, no por nada gran parte de ambos se exporta al país más exigente en productos del mar, Japón”.

De igual manera, declara que Hendrix Genetics tiene un “amplio Know-How” en genética de trucha, controlando el 25% del mercado mundial y con la capacidad, según asegura, de llegar al 50% prontamente.

Pero para que el concepto de multiespecie se desarrolle, ambos ejecutivos subrayan que debe haber interés de parte de la industria, ya que si no hay demanda por ovas, el negocio para ellos no es rentable. “Y es ahí donde hacemos otro llamado a los actores del sector; en este caso, a especializar la producción de ovas en base a casas de genética dedicada y a trabajar juntos para superar los desafíos de la trucha y el coho, y así tener más herramientas para mantener a Chile en las grandes ligas del salmón”, concluye van den Berg.