El miércoles 24 de septiembre de 2014, la bahía de Quintero sufrió el derrame de 38.000 litros de petróleo proveniente del buque «Mimosa», operado por la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP), con una expansión aproximada de 23 kilómetros. A este desastre medioambiental se han sumado dos derrames menores posteriores, además de décadas de producción industrial que le han otorgado a esta zona un amplio historial de contaminación. En este contexto, y frente a la imperiosa necesidad de una recuperación ambiental y social, surge un proyecto de acción a largo plazo basado en el cultivo de macroalgas marinas, permitiendo la captura de componentes tóxicos y estimular la biodiversidad de la zona costera de Quintero y Puchuncaví, en la Región de Valparaíso.

El proyecto, financiado por el Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) del Gobierno Regional de Valparaíso, fue diseñado por un equipo multidisciplinario de profesores e investigadores de la Facultad de Ecología y Recursos Naturales de la Universidad Andrés Bello (UNAB). Para llevar a cabo esta iniciativa se contó además con la fundamental colaboración de pescadores artesanales de la zona, involucrados activamente en todo el proceso.

En noviembre de 2015 se inició el cultivo de la especie modelo escogida, el alga parda Macrocystis pyrifera -también conocida como huiro canutillo-, en tres Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (AMERBs): las caletas de Ventanas, Horcón y Maitencillo. Desde la UNAB explican que junto con evaluar su productividad, con este sistema de cultivo se buscó determinar la capacidad de la macroalga para acumular metales pesados y compuestos orgánicos. Al mismo tiempo, el trabajo tuvo por objetivo transferir conocimientos ecológicos y técnicos tanto a pescadores artesanales como a la comunidad en su conjunto.

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Las tres líneas de cultivo instaladas en cada caleta fueron monitoreadas y evaluadas periódicamente. Al cabo de cuatro meses se observó que las algas crecieron hasta 60 veces su tamaño inicial, sin encontrarse diferencias significativas entre las tres caletas evaluadas, demostrando la efectividad productiva del sistema de cultivo realizado. Adicionalmente, el crecimiento de las algas se vio acompañado de una proliferación de diversas especies de algas y animales como jerguillas, gusanos, cangrejos, lepas, entre otros. De esta forma, fue posible apreciar el rol clave del huiro canutillo en la recuperación de la biodiversidad local y su capacidad para construir comunidades biológicas.

Ahora bien, aunque las concentraciones de metales pesados disueltos en el agua no estaban lejos de lo que se encuentra en el resto de la costa chilena, y bajo los máximos permitidos por normas internacionales, se logró evidenciar una alta capacidad del alga para capturar metales como arsénico, selenio, plomo, cobre, cadmio, entre otros, y acumularlos eficientemente en sus tejidos.

En el caso de los hidrocarburos, cuyas concentraciones determinadas en las tres caletas son típicas de una zona de alto impacto industrial y vertidos de crudo, estos no se detectaron en el tejido de las algas. Lo anterior sugiere que el huiro canutillo no tiene la capacidad de bioconcentrar estos elementos.

La Dra. Loretto Contreras, académica de la Facultad de Ecología y Recursos Naturales UNAB y líder del proyecto, lo califica como «una experiencia maravillosa. Las plantas han logrado crecer y mantenerse en reproducción. Hoy lo que queremos es continuar trabajando con los pescadores para darle continuidad a este proyecto», enfatizó.

Transferencia de conocimientos, continuidad y proyecciones

Además del trabajo colaborativo directo con pescadores de la zona, el proyecto FIC Algas contempló la transferencia de conocimientos a través de charlas escolares. En este contexto, y luego de recolectar más de una tonelada de alga, la pregunta inmediata fue qué hacer con este material orgánico y de qué forma podría ser provechoso para la comunidad.

El análisis realizado en CIMARQ (Centro de Investigación Marina Quintay dependiente de la UNAB) planteó diversas posibilidades, entre estas el potencial de esta alga como combustible directo, fertilizante, o adsorbente de bajo costo de contaminantes. Estas conclusiones serán retomadas por otro proyecto continuativo, a cargo del mismo grupo de investigación junto con el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES-UC), que evaluará los potenciales usos comerciales de Macrocystis.

«Hemos trabajado en conjunto con todos los servicios, se ha transmitido la información y la idea es que los pescadores, a través de fondos que tiene la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), puedan postular al cultivo de macroalga en sus áreas de manejo. Con estos antecedentes, cualquier agrupación de pescadores que tenga un área de manejo disponible para su administración puede postular a fondos para la implementación de cultivos», precisó al respecto la secretaria regional ministerial (seremi) de Medio Ambiente, Tania Bertoglio, en entrevista para El Mercurio de Valparaíso.

La ceremonia de cierre de este primer proyecto se realizó el pasado 14 de julio en la Casa de la Cultura de Puchuncaví, con la presencia del alcalde la comuna, Hugo Rojas; junto a concejales; representantes del Seremi de Medio Ambiente de la Región de Valparaíso; el director regional del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), Marcelo Arredondo; pescadores de las AMERBs asociadas al proyecto; representantes de instituciones públicas y privadas de la región; y el equipo UNAB que lideró el proyecto.