(El Mercurio) Desde los suburbios de Mineápolis (Estados Unidos), Cargill Inc. dirige uno de los mayores imperios alimentarios del mundo, que abarca la cadena de suministro desde el campo a la mesa.

La compañía provee fertilizantes a los agricultores, compra cultivos, procesa granos y los convierte en alimentos para ganado y pollos, y produce hamburguesas y nuggets para grandes cadenas de restaurantes y minoristas, incluyendo Wal-Mart Stores Inc. y McDonald’s Corp. Además, elabora dietas para acuicultura, fundamentalmente salmónidos.

Conforme cambian los gustos, Cargill busca hacer que su inmenso tamaño sea una ventaja en lugar de un obstáculo. Ha modificado su estructura corporativa y portafolio de negocios en respuesta a las preocupaciones de los consumidores de los países desarrollados sobre los ingredientes de los alimentos y el bienestar de los animales, a la vez que invierte para proveer más productos de la dieta occidental a partes del mundo en desarrollo.

The Wall Street Journal (WS) habló con el presidente ejecutivo, David MacLennan, sobre la creciente demanda de alimentos producidos sin cultivos transgénicos (OGM), las inversiones necesarias en la infraestructura de transporte de alimentos y cómo Cargill puede responder al cambio climático.

A continuación, parte de la entrevista que se le realizó al ejecutivo:

WSJ: En los países desarrollados, como Estados Unidos, más gente busca alimentos producidos con menos intervención, desde frutas y verduras orgánicas a huevos de gallinas sin enjaular, lo que presenta un desafío para empresas como Cargill. Pero en partes del mundo en desarrollo, muchas personas recién empiezan a añadir carne a sus dietas y a buscar comida barata y segura. ¿Cómo puede Cargill tener éxito en ambos extremos de este espectro?

MacLennan: Cuando los ingresos suben en varios miles de dólares, la gente cambia sus dietas desde una basada en carbohidratos a una basada más en proteínas. En lugares como América del Norte (…) hay gente que quiere saber: “¿Qué hay en mi comida, quién lo hizo, quién lo provee?”.

Para nosotros, ahí es donde tenemos que ser ágiles. Los no OGM, ¿están aquí para quedarse? (…) Diferentes partes del mundo tienen diferentes necesidades, y hay diferentes tendencias, y ¿cómo podemos satisfacer esas necesidades haciendo negocios en 70 países diferentes?

WSJ: ¿Cómo saben qué es lo que deben hacer?

MacLennan: Más personas están haciendo sus elecciones de consumo de alimentos basadas en su sistema de valores. Así que es parte de: “Quiero sentirme sano o identificarme con la comida que como”. Creo que la industria alimentaria podría haber manejado el debate de los no OGM de una forma más constructiva.

Hace unos años, la estrategia (de las empresas de alimentos) era: peleémoslo en las urnas (…) y la ciencia demuestra que los OGM no son malos para uno. Pero la gente que no quiere OGM no confía en la ciencia. Hay un creciente grupo de personas que no quieren ingredientes OGM. Así que desarrollemos una cadena de suministro para eso, en lugar de decir: “Están equivocados si no quieren OGM”. (…) Nuestra actitud es que vamos a hacer énfasis y entender qué quiere el consumidor en su comida.

WSJ: Grandes cosechas han presionado los ingresos de los agricultores, y algunos en lugares como Sudamérica han tenido dificultades para obtener financiación. ¿Qué habría que cambiar del modelo agrícola para que la gente siga en el negocio?

MacLennan: Los agricultores son tecnológicos. Muchos, muchos agricultores tienen un iPad en su segadora o cosechadora, y están usando agricultura de precisión. Y nosotros realmente hacemos mucho de esto en términos de sostenibilidad y qué partes de sus haciendas tienen la tierra más nutritiva, más humedad, dónde necesito plantar las semillas. Usan OGM como una herramienta para una mayor productividad.

Y menos personas se dedican a la agricultura. El mundo necesita agricultores. (…) Alimentar al mundo es fascinante, es una causa noble, pero ¿cómo comunicamos eso a una nueva generación, en la que la gente está interesada en tecnología, o en consultoría?

Trabajar para una empresa alimentaria requiere pasión. La tecnología y las técnicas agrícolas modernas han ayudado a quitar algo de presión, porque los rendimientos han aumentado con el tiempo, pero aún hace falta gente que se dedique a la agricultura.

WSJ: En este momento los agricultores están produciendo lo que podría ser otra cosecha récord de maíz y soya en Estados Unidos, y los suministros de pollo, cerdo y carne de res están creciendo. Conforme se llenan los contenedores de granos alrededor del mundo, ¿está la seguridad alimentaria mejorando de forma significativa?

MacLennan: No al ritmo que necesita. Las áreas de producción -Norteamérica, Sudamérica, el Mar Negro, donde se producen los alimentos- son realmente increíbles. Estamos viendo un cuarto año consecutivo de cosechas récord, muy buen clima para cultivar y considerables suministros. Está manteniendo bajo el precio de los alimentos. Eso es bueno. Al mismo tiempo, nosotros -las empresas de alimentos y de la cadena de suministro agrícola- debemos hacer un mejor trabajo en cómo hacer que llegue a donde se necesita.

La infraestructura de Brasil para la economía agrícola aún no está donde necesita estar. Es una de las áreas que necesita inversión, los puertos, las terminales en ríos. Es genial si los agricultores brasileños pueden cultivar maíz y granos y llevarlos a China para alimentar a ese país o llevarlos a Medio Oriente. Pero si no tienen la infraestructura, las barcazas y los puertos para sacarlos, de nada sirve.

WSJ: ¿Cómo ve que el cambio climático modifique la producción de alimentos? ¿Qué harán en Cargill a partir de eso?

MacLennan: El cambio climático está aquí, y va a cambiar cómo y dónde se producen los alimentos. Hoy, el cinturón del maíz estadounidense está en Iowa, Illinois, Indiana. En 50 años, podría estar en Hudson Bay, Canadá.

Presione aquí para leer la entrevista (en inglés) desde su fuente original en The Wall Street Journal; mientras que para revisar la versión de El Mercurio, haga clic aquí.