En 2014, el entonces primer ministro del Reino Unido, David Cameron, encomendó a Jim O’Neill, antiguo economista jefe de Goldman Sachs que fuera nombrado secretario comercial del Tesoro británico en mayo de 2015, un estudio con propuestas para frenar el avance de bacterias resistentes.

Del estudio, que fue portada de la revista The Economist con el título «When drugs don’t work» («Cuando las drogas no funcionan») y donde se subraya que los médicos no deberían recetar antibióticos a los pacientes sin una prueba previa que demuestre que son necesarios, se pronostica que para el año 2050 un total de 10 millones de personas en el mundo morirán anualmente por resistencia a los antimicrobianos (RAM). Es decir, más de las víctimas que dejaría el cáncer, y con un costo internacional que superaría los 100 trillones de dólares. Actualmente, RAM cobra la vida de 700.000 humanos cada año.

Estos datos fueron citados por tres de los expositores que se han dado cita en la conferencia «Innovación y colaboración para una industria más sustentable», que la productora de alimentos para acuicultura Skretting se encuentra organizando en la ciudad chilena de Valdivia, Región de Los Ríos, y que se extenderá hasta este viernes.

La primera en reseñar al denominado Informe O’Neill fue la Dra. Marisa Caipo, quien es oficial regional de Inocuidad y Calidad Alimentaria para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). Los otros dos fueron la gerente global de Proyectos de Skretting, Evy Vikene, y el gerente general de la filial chilena de la misma compañía, Ronald Barlow.

De acuerdo con lo subrayado por la Dra. Caipo en base a información de la Organización Mundial de la Salud (OMS), solo el 50% de los antibióticos se usan correctamente. Además, en muchas zonas se venden sin recetas, mientras que otros están mal etiquetados y hasta falsificados por el contrabando, siendo estos los más peligrosos porque es muy difícil rastrearlos y verificar su contenido farmacológico.

«Estamos en un punto crítico, con bacterias que ya resisten a todo fármaco existente», enfatizó la representante de la FAO, precisando que han descubierto genes de resistencia en lugares como el suelo que pueden permanecer por cientos de años.

En esta línea, destacó el enfoque tripartito «Una Salud» desarrollado en conjunto por la OMS, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y por la propia FAO. «Las máximas ventajas de esta iniciativa es que entidades de alcance global articulan la participación de los gobiernos, los privados, la academia, ONGs y la sociedad civil», aseguró la Dra. Caipo, que valoró el interés de los salmonicultores por participar en una conferencia donde las conclusiones sean más que solo palabras de buena crianza.

Es que, según puntualizó, la necesidad de reducir el uso de antibióticos hace años que dejó de ser una cuestión solo de salud humana, sino que ahora el foco se ha puesto en la producción animal donde las bacterias resistentes también pueden transmitirse a las personas.

Sin ir más lejos, este año tanto el Foro Económico Mundial como el Banco Mundial alertaron sobre la amenaza de RAM. «Se requiere urgentemente una inversión para vigilancia y control, fortalecer sistemas de salud pública humana y veterinaria en países de ingreso bajo y medio. En definitiva, un aumento de cooperación global», se desprende desde ambos informes.

Megatendencia

El director general del Grupo Skretting, Steven Rafferty, afirmó que es un hecho de la causa que la resistencia a los antimicrobianos es una «megatendencia en todo el mundo», y los consumidores cada vez más depositan sus miradas en cómo se producen las proteínas animales.

«Esto irá escalando con los años y la acuicultura, fundamentalmente la salmonicultura, debe responder de manera proactiva, reduciendo a cero el uso de antibióticos y haciéndoselo saber a la sociedad. Pero esto no será posible si no hay colaboración a lo largo de toda la cadena de valor, como en Noruega donde el apoyo es constante entre los distintos actores del rubro, partiendo por los productores», argumentó Rafferty, que por más de cinco años se desempeñó en el cultivo de salmónidos en Chile.

Evy Vikene fue más allá y dijo que la cooperación debe traspasar la barrera del sector y buscar la transferencia de conocimiento y tecnologías con otras industrias; por ejemplo, los bovinos, cerdos y aves.

«Aprender de ellas es sumamente relevante, y no solo cuando colaboran sino que cuando las propias decisiones de mercado incitan a sus competidores a hacer las cosas mejor. Aquí aparece el caso de McDonald’s que determinó dejar de adquirir pollos que hayan sido criados con antibióticos, lo que ha generado presión para que KFC (Kentucky Fried Chicken) haga lo mismo», adujo la ejecutiva que se ha desempeñado por 23 años en Nutreco, firma controladora de Skretting.

Por su parte, Ronald Barlow aseguró que ya se comienza a evidenciar el compromiso de los salmonicultores chilenos, como el proyecto Pincoy, iniciativa que durará preliminarmente hasta fines de 2018 y pretende disminuir en un 50% el uso de antibióticos, mejorar el factor de conversión de alimento (FCR) y, al mismo tiempo, ofrecer alternativas para un crecimiento sustentable.

Los avances del proyecto serán abordados en un artículo que será publicado en la próxima edición de Revista AQUA.

Abrir el abanico

En 2015, se registró un consumo de antimicrobianos en Chile incluso superior al que había antes de la crisis del virus de la Anemia Infecciosa del Salmón (ISAv), el cual se desglosa en un 95% de utilización en agua de mar y solo 5% en agua dulce. Más en detalle, el florfenicol representa el 80%, seguido por oxitetraciclina y más atrás la quinolona con solo 1%.

La explicación de porqué tanta diferencia en la fase de engorda con agua dulce es por la Septicemia Rickettsial Salmonídea (SRS) o Piscirickettsiosis, enfermedad infecciosa bacteriana causada por Piscirickettsia salmonis responsable del 80% del consumo total de antibióticos a nivel industria.

Y si bien Chile es por lejos el país salmonicultor que más antimicrobianos utiliza, en el espectro de fármacos de este tipo solo aparecen cuatro alternativas. «Es un gran problema que en la actualidad no haya expectativas para generar nuevos medicamentos, por lo que la lucha está en reducir el uso con monitoreo, medidas preventivas, bioseguridad, entre otros, con lo cual se reduce la posibilidad de resistencia», argumentó el representante del Departamento de Salud Animal del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), Miguel Jarpa.

Una de las estrategias específicas para mitigar la incidencia del SRS es el Programa Sanitario de Vigilancia y Control de Piscirickettsiosis. Jarpa precisa que se encuentran en las etapas finales de actualización de este programa, lo que lo hará más exigente. «Mejoraremos la detección, la clasificación de las enfermedades y de las mortalidades mal clasificadas, seguiremos caso a caso, estableceremos medidas de control más oportunas y graduales de acuerdo con las condiciones en que se está desarrollando la patología. A esto se sumarán nuevas barreras para proteger los lugares productivos y que no se contaminen centros cercanos», resume el personero del Sernapesca.

El director de CERES –BCA (Bioseguridad y Calidad Alimentaria), Dr. Hernán Rojas, que encabezó el levantamiento de información para la OIE del uso de antibióticos en animales terrestres en Chile, también subrayó en la reducida oferta de principios activos para combatir el SRS, a diferencia de industrias como los bovinos, cerdos y aves, donde a pesar de la gran oferta en el mercado los productores suelen utilizar los mismos.

«Hay mucho desconocimiento de los veterinarios y más aún de los productores sobre la diversidad y usos de cada uno de los fármacos. Esta es una de las grandes alertas que debemos poner sobre la mesa», enfatizó el Dr. Rojas, quien llamó a los salmonicultores a «fomentar que se abra el abanico en su industria y avanzar en el conocimiento de los nuevos productos».