Estefania Gonzalez (Foto: Greenpeace)
Estefania Gonzalez (Foto: Greenpeace)

Estefanía González, de Greenpeace, explica las razones de campaña contra la salmonicultura

“Vemos con enorme preocupación el descontrolado crecimiento que ha tenido la industria en el país”, dice la coordinadora de Océanos de Greenpeace Chile, quien lidera la campaña que busca frenar la actividad salmonicultora en el extremo austral.

Desde hace unas semanas, Greenpeace está llevando a cabo una fuerte campaña en Chile denominada “Salvemos los mares del fin del mundo” y que tiene entre sus principales objetivos detener lo que la ONG considera “el avance” o la “invasión” de la salmonicultura en el extremo sur.

En el marco de esta campaña, la organización trajo a Chile el barco “Rainbow Warrior III”, el que pasó por varias ciudades hasta llegar la semana recién pasada hasta la Región de Magallanes, visitando Puerto Natales y partiendo por estos días a Punta Arenas. Allí, miembros de la comunidad de la Isla de Chiloé (Región de Los Lagos), llevados por Greenpeace, han compartido  con los habitantes de la zona austral su experiencia con la crisis de la marea roja ocurrida el año pasado y donde hay quienes culpan a las salmonicultoras del desastre ocurrido.

AQUA quiso conocer las razones que tienen los representantes de Greenpeace para iniciar una campaña contra la salmonicultura. Para ello, hablamos con la coordinadora de Océanos de Greenpeace Chile, Estefanía González.

En general, ¿qué opinión tiene respecto de la industria del salmón mundial?

Es complejo realizar una generalización de la industria a nivel mundial, ya que las condiciones naturales de los ecosistemas no son las mismas en diferentes latitudes y países. No es lo mismo hablar de la industria del salmón en Alaska, donde esta especie es nativa, a hablar de la industria en Chile, donde el salmón es exótico y la industria utiliza hasta 500 veces más de antibióticos de lo que se usa, por ejemplo, en Noruega. Sin embargo, existe evidencia a nivel internacional de los diversos impactos negativos que tiene la acuicultura, y en especial el cultivo intensivo de salmónidos en el medio ambiente.

En este contexto, y considerando que Chile es el segundo productor de salmón a nivel a mundial, vemos con enorme preocupación el descontrolado crecimiento que ha tenido la industria en el país. Ha existido una seguidilla de crisis (virus ISA, masivas mortandades de salmones, crisis de la Isla de Chiloé) que han puesto de manifiesto los enormes riesgos que presenta la actividad en zonas de alto valor ambiental, social y cultural.

La industria ha demostrado, a lo largo de sus más de 30 años de desarrollo en el país, que no es capaz de desarrollarse sin dañar el medio ambiente y los ecosistemas, además presentar episodios críticos e incumplimientos de manera recurrente. Hoy en pleno siglo XXI, cuando existe consenso mundial de que la protección del medio ambiente es de vital importancia para el desarrollo de la especie humana en el planeta, no existe el más mínimo margen para permitir la afectación y deterioro de zonas únicas como Chiloé y los mares australes de la Patagonia chilena.

Greenpeace ha aseverado que el vertimiento de salmónidos en alta mar fue el responsable de la catástrofe ambiental vivida en el mar de Chiloé a principios de 2016. Sin embargo, un comité de expertos (investigadores) aseveró que el vertimiento no fue el responsable. ¿Qué opina respecto de las conclusiones de este informe?

Desde Greenpeace fuimos enfáticos en señalar que la autorización de un vertido de miles de toneladas de salmónidos en descomposición desencadenó la crisis social y ambiental de Chiloé. Las conclusiones del Comité de Expertos aseveran que el vertido de salmones no corresponde a la causa directa del desarrollo de marea roja en Chiloé. Pero tenemos que decir lo siguiente. En primer lugar, el informe es completamente extemporáneo, ya que el crucero científico fue realizado dos meses después del vertido de salmones. Además, el llamado del Gobierno a este comité confirmó la peor de las hipótesis y que las autoridades no realizaron ningún tipo de estudio antes de autorizar el vertido para asegurar que no habrían impactos en el medio ambiente y actividades pesqueras, tal como exige el Convenio de Londres.

Esta situación es completamente inaceptable, considerando la gran cantidad de herramientas que hoy se encuentran disponibles (como las imágenes satelitales y sus respectivos análisis) para tomar decisiones fundadas. Esta omisión del Gobierno, sin embargo, no fue un error o un descuido. Fue una decisión de sacrificar a Chiloé para proteger a la industria salmonicultora. Todo, para terminar transformando el mar, literalmente, en un vertedero.

El análisis que como organización independiente realizamos prueba que previo al vertido de salmones, existían bloom de microalgas o florecimientos en la zona, por lo cual la autorización de tirar en el océano los salmones (que según el propio comité de expertos producen altas cantidades de amonio, nutriente “favorito” de las microalgas”) fue un abono para este otro bloom, pudiendo determinar su extensión y magnitud.

Así como uno no prende fogatas ni lanza colillas de cigarrillos en medio de emergencias por incendios forestales, uno no puede arrojar nutrientes que favorezcan el desarrollo de marea roja en episodios críticos y en las mismas zonas donde hay florecimientos previos. Hasta el día de hoy, no existen antecedentes científicos que puedan probar que, sin el vertido, la crisis hubiese sido de la intensidad que la vivimos durante el 2016.

A un año de la crisis, nada cambia mucho; los salmones se siguen muriendo y la industria y el Gobierno no están entendiendo el mensaje.

Actores de la industria del salmón han aseverado que el crecimiento de la actividad en la Región de Magallanes es acotado y que, además, tiene altos estándares productivos y sanitarios, incluso por sobre países líderes. ¿Qué opina sobre esto y cómo lo relaciona con la campaña “Defendamos los mares del fin del mundo”?

¿Acotado? ¡Existen 110 concesiones otorgadas y otras 344 en trámite en la Región! Hay empresas que planean duplicar su producción. La verdad es que si esos son los estándares “acotados”, ahora entendemos a qué se refieren realmente cuando hablan de “bajo impacto”.  Lo que hemos visto en la Región de Magallanes, es que estas industrias que dicen tener altos estándares productivos y sanitarios han tenido procesos sancionatorios por operar fuera del área de la concesión entregada, por no tener los documentos que demuestren que la disposición de los residuos se realiza conforme a la legislación, y todo esto en centros certificados. La verdad es que es un escándalo que sigan mintiendo y engañando al país. Pero lo importante es que la ciudadanía ya no tolera, ni tolerará más estas situaciones.

En este contexto, los “mares del fin del mundo” en la Región de Magallanes aún poseen las aguas más puras del planeta; son hábitat de especies maravillosas como diferentes tipos de ballenas y del icónico delfín chileno, única especie de cetáceo endémico de Chile. Si estas aguas se contaminan, si es que se autorizan allí los nuevos vertederos de la industria, no hay vuelta atrás.

No se puede permitir que la Región de Magallanes, ícono mundial por su patrimonio ambiental, quede transformada en unos años más en una zona altamente contaminada por la salmonicultura. La industria ya tuvo más de 30 años para demostrar sus supuestos “altos estándares” y el resultado ha sido catastrófico: contaminación, crisis sistemáticas y afectación del medio ambiente y las comunidades. La salmonicultura tiene que entender que no hay estándar que haga compatible la protección del océano en estos lugares con el desarrollo de su actividad.

Hoy día no es posible permitir que en zonas de reservas nacionales, lugares donde mayor cantidad de avistamientos de delfín chileno se han registrado, áreas de alimentación de ballenas, porciones del océano puras y limpias, se instalen empresas de negro prontuario. Y así lo entiende la ciudadanía. Basta comprobar que en pocos días más de 130.000 personas han manifestado su apoyo a esta iniciativa exigiendo a las empresas que retiren todas sus solicitudes de concesiones en Magallanes. Es  claro que existe por parte de la opinión pública una nueva conexión con los temas medioambientales. La gente quiere proteger las aguas de Magallanes y por eso tenemos estas miles de firmas que exigen un nuevo trato desde las empresas y el mundo político hacia el cuidado de nuestros mares del fin del mundo. En ese sentido, desde Greenpeace, por cierto, seguiremos trabajando para lograr una verdadera y efectiva protección de los océanos.

Finalmente, y en relación con la campaña, ¿qué actividades están proyectando hacia futuro?

Esta semana estará nuestro barco emblema, Rainbow Warrior III, en Punta Arenas los días 23 y 24 de marzo. Con él estamos exigiendo que se apruebe una moratoria que congele la entrega de concesiones en la Región de Magallanes. Todas las personas están invitadas a conocerlo entre 11.00 y 17.00 hrs. completamente gratis. En él podrán conocer sobre la historia de nuestra organización, del barco y todos los detalles de la campaña para salvar los mares del fin del mundo.

 

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