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El barco de Greenpeace estuvo en Puerto Natales la semana pasada
El barco de Greenpeace estuvo en Puerto Natales la semana pasada

Salmonicultores de Magallanes se defienden ante acusaciones de Greenpeace

Representantes de la Asociación de Salmonicultores de Magallanes refutaron los dichos de Greenpeace, recalcando que una fuerte expansión de la industria en la zona y una supuesta “invasión” es absolutamente imposible.

El barco de Greenpeace “RainbowWarrior III” llegó a Puerto Natales (Región de Magallanes) la tarde del pasado miércoles en la etapa final de su viaje donde busca exponer la relevancia de sus aguas ante el avance de la salmonicultura. Durante el día jueves y viernes, representantes de las comunidades de la Isla de Chiloé, que se vieron afectadas por la crisis de marea roja, se reunieron con representantes del extremo austral, para explicar distintos aspectos de dicha crisis, en la cual ellos argumentan que fue consecuencia de la actividad salmonicultora de la Región de Los Lagos. Los representantes de la ONG ecologista también comentaron que existen hoy 110 concesiones y hay otras 300 más que vendrían en camino.

Ante lo anterior, los representantes de la Asociación de Salmonicultores de Magallanes respondieron categóricamente refutando los dichos de Greenpeace, recalcando que una fuerte expansión de la industria en la zona y una supuesta “invasión” es absolutamente imposible.

El vicepresidente de la Asociación y gerente de Farming de Salmones Magallanes, Oscar Garay, dijo sentirse sorprendido por el nivel de desinformación y poca prolijidad en los datos que la ONG exhibe. Lo concreto –dijo– es que efectivamente al día de hoy existen 110 concesiones y que hay muchas solicitudes, de hecho más de las que ellos mencionan, pero que de esas solicitudes ya hay más de 255 que están con rechazo inminente. Hay otras que, además, se van a caer por temas relacionados con caladeros de pesca, presencia de bancos naturales y otros motivos, por lo cual ve difícil que logren salir 50 o 60 nuevas concesiones como máximo.

“Esta no es ninguna cifra desmedida, al contrario, es bastante baja, lo que, de todas maneras, nos parece bien. Si lo comparamos con las 539 que existen en la Región de Los Lagos y las 640 de la Región de Aysén, y considerando que Magallanes tiene el borde costero con una extensión de más del doble que la suma de las otras dos regiones, la cifra no es tan significativa”, expuso el ejecutivo.

El presidente de la Asociación de Salmonicultores de Magallanes y gerente de Nova Austral, Drago Covacich, ratifica los dichos de Garay y explica que en Magallanes se llevó a cabo un proceso de zonificación del borde costero único en Chile, después de una moratoria de tres años, por lo que la distribución de la industria es bastante ordenada y con enormes distancias entre las áreas de cultivo, las cuales son básicamente tres: el sector de Última Esperanza, la zona del seno Skyring y  Aracena.

“Estas distancias, sumadas a la metodología de cultivo y las características de las aguas nos han permitido tener los mejores indicadores sanitarios de toda la industria, mucho mejor incluso que Noruega. Nosotros estamos dispuestos a conversar con la gente de Greenpeace para que se informen de la realidad de la industria salmonicultora de la región. No sé si ellos tendrán la disposición y voluntad para informarse y conocer los datos duros, pero estamos disponibles”, expresa el representante de la industria del salmón.

Finalmente, Oscar Garay sostuvo que “lo que esta ONG no entiende o tal vez no quiera o no le conviene entender –ya que esto es un negocio para ellos–, es que nosotros cultivamos el mar, no explotamos los recursos naturales. Además, somos los principales interesados en cuidar nuestros mares y en mantener la sustentabilidad de nuestras operaciones”.

Añadió que “el salmón es un pez muy sensible, tanto así que es considerado un ´fusible´ biológico, lo que significa que es el primer afectado si hay cualquier deterioro en la calidad de las aguas o el medioambiente. Sin duda alguna, al comienzo de la industria, hace 30 o 20 años atrás, se cometían muchos errores, pero la actividad, especialmente aquí en Magallanes, ha mejorado dramáticamente sus estándares de sustentabilidad, los métodos de cultivo y el monitoreo para minimizar lo más que se pueda el impacto medioambiental. O somos una industria sustentable o sencillamente no podríamos ser industria”.

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