Una de las luchas reivindicativas de la Federación Regional de Pescadores Artesanales de la Región del Biobío (Ferepa Biobío) ha sido el resguardo y la protección de los espacios destinados al desarrollo de la pesca artesanal.

Hoy, según la entidad, esos espacios de uso exclusivo se ven amenazados por una serie de solicitudes de concesión para instalaciones acuícolas -de capitales nacionales y extranjeros-, registrándose 80 peticiones formales para cultivos de especies hidrobiológicas en el Biobío.

El presidente del directorio de la Ferepa Biobío, Hugo Arancibia Zamorano, reiteró su rechazo a estas iniciativas. El dirigente coincide con consejeros regionales que realizaron un recorrido por los centros de cultivo del sur del país, y que determinaron oponerse y rechazar estas inversiones.

Arancibia asegura que la Ferepa Biobío lleva años “alertando” a la comunidad. “Hemos llevado nuestra alerta al propio Consejo Regional (CORE), ante la autoridad ambiental y no hemos sido escuchados, ya que aún no son capaces de generar una reglamentación acorde con la actividad”.

Añadió que el CORE tiene pocas atribuciones en esta materia. “Ellos no tienen facultades determinantes, solo pueden manifestar su rechazo en una declaración pública ya que la decisión, que si bien pasa por la Comisión Regional de Uso del Borde Costero (CRUBC) y la autoridad ambiental, de la que forman parte, tampoco es muy contemplada puesto que la decisión finalmente de las concesiones son aprobadas por el Estado. Esto se lo hemos hecho saber y pareciera que hoy descubrieran algo nuevo y nosotros estamos desde el 2014 con el tema”, reiteró.

En la misma línea, Arancibia adujo que los pescadores no pueden quedar indiferente a esta situación y por esto, afirmó que seguirán insistiendo: “Estamos en estado de alerta y lo mínimo que hoy se debe hacer es congelar las solicitudes mientras no exista una reglamentación a nivel de todo el borde costero del país”.

Estudios pendientes

Más adelante, el timonel de la Ferepa Biobío sostuvo que la acuicultura, si se desarrolla de modo sustentable, no tiene porqué tener un efecto negativo. “Sustentable implica el uso del recurso, pero protegiendo el medio ambiente y propiciando una mejor calidad de vida de las personas. Esto significa que cualquier actividad acuícola, además de ser productivamente sustentable, debe presentar apoyo de las entidades que cuidan el medio ambiente y de las comunidades que se verían afectadas -en positivo y negativo- por la actividad productiva. Si una de los tres componentes no está de acuerdo, no es sustentable y el Estado no debería aprobar los proyectos”, enfatizó Arancibia.

Para cerrar, dijo que existen estudios pendientes y que se deberían desarrollar previo a autorizar centros de cultivo. “Los antibióticos y otras sustancias de uso sanitario, antiparasitarios por ejemplo, pueden tener efecto negativo sobre la comunidad bacteriana del mar, el fitoplancton y zooplancton; lo que puede matar el alimento de peces, así como estados larvales de recursos como el robalo, lisa, congrio y otros que son foco de la pesca artesanal e incluso industrial. Así, todo esto puede además tener un efecto en la biodiversidad marina, por ejemplo sobre las nutrias y lobos marinos, por citar a algunos. Por otra parte, las jaulas colocadas en algunos lugares pueden entorpecer las rutas de migración de ballenas, la migración de cardúmenes o lugares de reproducción, las cuales han vuelto a la zona en los últimos años”, concluyó el representante de la Ferepa Biobío.