(El Mercurio) Alrededor de 8 millones de toneladas de plástico llegan al mar anualmente. Esto equivale a arrojar cada un minuto un camión lleno de ese material al océano, dice Michiel de Smet, project manager para la nueva economía del plástico en la Fundación Ellen MacArthur. Creada en 2010 en el Reino Unido, su objetivo es acelerar, a través de la innovación, el paso a una economía circular: una basada en el reciclaje y aprovechamiento sustentable de los recursos.

Michiel de Smet trabaja allí como analista y ha participado en las investigaciones sobre el futuro del plástico.

Este doctor en Matemáticas se ha transformado en un decidido impulsor de la producción sustentable del plástico y está en Chile para participar como principal orador en el Seminario Internacional Ecodiseño @TheNewPlasticsEconomy. El evento lo organiza la Asociación de Industriales del Plástico (Asipla), en conjunto con TriCiclos y la Fundación Ellen MacArthur, y se realiza este martes 29 de agosto en el Centro de Extensión de la U. Católica.

De Smet enfatiza que el material que llega a los océanos consiste sobre todo de microplásticos, los que pueden ser digeridos por el plancton u otros representantes de la vida marina. “Si no hacemos algo, para 2050 habrá proporcionalmente más plástico que peces en los océanos. Para mí esto es un llamado de alerta”, dice. “Si seguimos adelante sin hacer cambios, el impacto sería enorme”, añade.

Tiene 31 años y desde niño que viene escuchando sobre la necesidad de reciclar el plástico, pero todavía hoy un tercio del que es producido para envases en el mundo no se recolecta y termina en el mar.

“Es un material que nos entrega muchos beneficios, es liviano y muy versátil, lo que facilita su uso y transporte, pero la forma en que hoy lo fabricamos y empleamos es deficiente”, reconoce.

Según estimaciones realizadas por la Fundación Ellen MacArthur, cada año se pierden entre US$80 millones y US$120.000 millones por concepto de envases plásticos que se utilizan una sola vez y luego se desechan.

Su apuesta es que el sistema puede funcionar en manera eficiente repensando la forma como se produce, emplea, reutiliza y recicla el plástico, que es lo que se denomina como economía circular del plástico. La idea es que este material se mantenga como un elemento reutilizable, por muchas veces y lejos del mar.

Esto, sin embargo, implica un compromiso desde el diseñador del objeto hasta quien se encarga de reciclarlo.

Como una forma de potenciar este tipo de iniciativas, la Fundación Ellen McArthur lanzó un concurso de innovación con un premio de US$2 millones dirigido a diseñadores, científicos, académicos y empresarios de todo el mundo, incluido Chile.

El objetivo es enfrentar las dos formas de plástico más difíciles de reciclar: los envoltorios de tamaño pequeño y los envases con múltiples capas de material.

Por ejemplo, en el primer caso, el envoltorio de un caramelo tiene una alta probabilidad de terminar en el ambiente, y si es recolectado, es muy difícil recuperar su valor económico. En cuanto al segundo caso, que sirve para proteger alimentos de la descomposición (contiene papel y plástico o varios tipos de plástico), es muy difícil de reciclar tanto desde el punto de vista técnico como económico.

“Todavía no tenemos la solución y por eso estamos convocando a este concurso”, destaca de Smet.

Cambiar la producción de plástico desde un sistema lineal a uno circular es un tema complejo que ha sido difícil de asimilar por parte de la industria. Sin embargo, el profesional reconoce que por la presión social y un cambio de mentalidad, cada vez son más los que se suman al desafío de cambiar el destino del plástico a través de la innovación.

En Chile, el reciclaje ha ido en alza, pero todavía hay plásticos muy difíciles de tratar, como el poliestireno (materia prima del plumavit), que paulatinamente ha comenzado a reemplazarse por otros plásticos, destaca Gonzalo Muñoz, fundador de TriCiclos, una de las mayores empresas de reciclaje del país.

Potencialmente, casi todo el plástico es reciclable, dice Nicolás Bar, director de la Asipla. El problema pasa por el costo, lo que a veces lo hace inviable. Un ejemplo son los envases de alimentos, que deberían lavarse antes del reciclado, lo que no siempre es posible.

Ecodiseños

El impacto ambiental es un tema clave a la hora de desarrollar un ecodiseño, además de su utilidad y belleza. Entre los aspectos que se consideran están la reducción del material empleado, la posibilidad de reutilización o reciclado y el uso de materiales naturales o al menos derivados de ellos.

“De todos los envases plásticos que se producen en el mundo, solo 14% es recolectado para reciclarlo y apenas 2% se recicla efectivamente. Esto es sorprendentemente bajo si se considera que llevamos décadas hablando de reciclaje”, concluye Michiel de Smet.

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