Marea roja (Foto de contexto)
Marea roja (Foto de contexto)

Investigadora chilena explora el alcance de la marea roja en el Ártico

Espera realizar una expedición semejante en aguas de Chile para obtener muestras comparativas.

(El Mercurio) Entre el 25 de junio y 29 de julio estuvo en aguas costeras del Ártico, embarcada en un navío alemán, la investigadora de la Universidad Mayor Nicole Trefault. Iba tras la pista de florecimientos nocivos de microalgas.

Participó en una expedición científica junto a especialistas de diferentes nacionalidades que realizaron observaciones y obtuvieron muestras en la costa oeste de Groenlandia.

“Queríamos entender cuál es el límite norte de la distribución de las microalgas productoras de toxinas y otras de tipo nocivo”, detalla.

Esta científica del Centro de Genómica y Bioinformática explica que hay algunas especies que producen síntomas de intoxicación muy similares a los que se registran en Chile. Existen florecimientos de Alexandrium catenella, responsable de los principales brotes de marea roja en Chile, y de otras especies similares. La región también hace uso intensivo de los recursos marinos.

La especialista obtuvo abundante material que analizará y comparará para establecer posibles relaciones entre los microorganismos presentes.

Con los instrumentos ópticos presentes en el barco se obtuvo una mirada preliminar. “Si bien detectamos una gran diversidad de especies fitoplanctónicas, solo encontramos Alexandrium catenella en un par de estaciones y con densidades muy bajas”.

Eso sí, hubo una buena cantidad de fitoplancton que no fue posible identificar mediante microscopio y para el cual será necesario hacer análisis a nivel molecular, lo que todavía está pendiente. “Ahí podríamos identificar otros tipos de especies fitoplanctónicas que potencialmente pueden ser nocivas”.

Explica que en el caso de Chile los brotes de microalgas solo están identificados hasta la región de Magallanes. “Más al sur no se han hecho estudios sistemáticos para identificar especies potencialmente tóxicas”.

Durante su permanencia en la embarcación “Maria S. Merian MSM65”, la especialista trabajó con investigadores alemanes de la Universidad de Oldemburg y del Instituto Alfred Wegener de Investigaciones Polares y Marinas de Alemania.

“Aprovechamos parte del tiempo en el barco para preparar una postulación a una campaña similar a la que hicimos en el Ártico, ahora en costas chilenas. Si nos va bien con el proyecto que enviamos, haríamos una expedición muy parecida, con otro barco alemán, aún más grande, y con mayor equipamiento. La idea es poder recorrer gran parte de la costa chilena, desde el canal Beagle hasta Valparaíso, y toda la región de los fiordos”.

La investigadora, que ha trabajado largamente en aguas antárticas, esperaba encontrarse con un ambiente similar, pero reconoce que se equivocó. “Yo normalmente voy a la Antártica en verano, que, por una cosa climática, normalmente está cubierta de nubes, con muchas precipitaciones y tiempo muy cambiante, con condiciones climáticas muy adversas. En cambio, el Ártico era espectacular, nos tocaron muchos días soleados y sin nubes, aunque obviamente helado”.

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