(NYT) Cuando era adolescente, Ola Braanaas tenía unos pocos peces en un acuario en su habitación. Ahora, a los 55 años, tiene muchos más de ellos: alrededor de 1,2 millones en un centro de cultivo con seis grandes jaulas circulares que contienen alrededor de 200.000 salmones cada una, en un lugar azotado por el viento frente a la impresionante costa de Noruega.

Alguna vez una rareza en las mesas de los consumidores del mundo, el salmón es un alimento básico hoy, gracias a una industria acuícola que se ha expandido a una velocidad vertiginosa en las últimas décadas, incluso en Noruega, donde en 2016 se produjeron alrededor de 1,1 millón de toneladas.

Pero ahora, los acuicultores noruegos se enfrentan a nuevos lineamientos que buscan proteger las reservas de salmón silvestre del país, reglas que han encendido la ira de la industria y sus oponentes, lo que provocó amenazas de desafíos judiciales de ambas partes.

Reducido a la mitad

El salmón silvestre de Noruega es miembro de una antigua especie que, al comienzo de su ciclo de vida, se dirige río abajo, nadando a través de los fiordos y hacia los lugares de alimentación de agua salada, antes de regresar a sus ríos nativos para desovar.

Sin embargo, en los últimos años, la población de salmón silvestre se ha reducido a la mitad, en parte debido a la propagación de piojos de mar, parásitos que se alimentan del mucus y la piel del pez antes de pasar al músculo y la grasa, lo que los hace vulnerables a las infecciones y a veces matándolos.

Los piojos de mar, al igual que el salmón, han existido en el océano desde tiempos remotos, pero ahora han surgido como un gran problema en los centros de cultivo, donde se multiplican en tal cantidad que matan los peces y representan un riesgo para los salmones silvestres jóvenes que pasan cerca de las jaulas en su camino hacia el mar abierto.

El problema de los piojos es tan grave que la oferta mundial de salmón, que en su mayoría proviene de la acuicultura, cayó significativamente el año pasado, con Noruega, el mayor productor, especialmente afectado.

Para contener el problema, un sistema entró en vigor en Noruega el 15 de octubre, en virtud del cual los centros de cultivo de las regiones que se consideran que amenazan gravemente a los números de salmón silvestre congelarán su producción y posiblemente, en los próximos años, reducida. Si los piojos se controlan, la producción puede aumentar.

Ola Braanaas, el dueño de la empresa salmonicultora Firda Seafood, dice que ya existen reglas para controlar los piojos y que irá a los tribunales si se le ordena reducir la producción debido a problemas de otros centros de cultivo en su región. Es, dice, un “sistema Stasi”, una referencia a la policía secreta de Alemania Oriental.

El mayor productor de Noruega, Marine Harvest, también está descontento con el nuevo protocolo, que describe como prematuro, y quiere que se ejecute más trabajo sobre la metodología utilizada para decidir cuándo hay un problema de piojos que debe abordarse.

Sin embargo, los ambientalistas tampoco parecen impresionados. Un grupo, SalmonCamera, planea desafiar el sistema en la corte, argumentando que es demasiado indulgente. Kurt Oddekalv, líder de los Guerreros Verdes de Noruega, sostiene que el sistema es una señal de “pánico del Ministerio de Pesca”.

Ministro

En un comunicado, el ministro de Pesca de Noruega, Per Sandberg, describió el nuevo sistema para tratar el problema del piojo de mar como “justo” y construido sobre una “base legal segura”.

Dijo que “como en toda ciencia, hay vacíos de conocimiento”, pero que los científicos están de acuerdo en que los piojos tienen un impacto negativo en el salmón silvestre y que “sería un error no actuar en absoluto, debido a algunas lagunas en nuestro conocimiento”.

Para leer el reportaje completo (en inglés) del NYT, presione aquí.