La crisis del virus ISA (anemia infecciosa del salmón) en 2007 tuvo un gran impacto económico y social. Pero, también implicó un aprendizaje que derivó en un cambio en las condiciones sanitarias de los cultivos e impulsó la investigación de nuevas vacunas y mecanismos de acción para enfrentar los brotes de estas enfermedades.

Andrea Rivas (en la foto), académica de la carrera de Bioquímica de la Facultad de Ciencia de la Universidad San Sebastián (USS) participó Andrea Rivas, académica de la USSde este proceso, con el desarrollo de una vacuna contra el virus ISA, que, a diferencia de las vacuna comúnmente utilizadas en la salmonicultura, se administra en forma oral y contiene adyuvantes o moléculas que son específicas para peces, lo que aumenta su efectividad y no daña a los salmones.

El proceso de desarrollo de la vacuna culminó en 2015 y actualmente está en solicitud de patente. Pero esa es solo un área de la investigación que se desarrolla. La actual línea de trabajo de la Dra. Rivas es generar nuevas metodologías de estudio sobre cómo se replican los virus dentro de las células “de manera de poder interferir en su acción”.

Cita como ejemplo el virus IPN (Necrosis Pancreática Infecciosa) y asegura que “hemos descubierto que tiene modalidades de síntesis de proteínas que son diferentes a las de la célula, de manera que uno podría diseñar moléculas que interfieran directamente con el virus para que no prolifere”.

Vacunas y avances

La investigadora recuerda que “cuando partió la investigación se diseñó una vacuna para prevenir el ISA, pero el fin es usar esta herramienta como una plataforma para generar vacunas contra este y otros patógenos”.

Explica que existen dos grandes inconvenientes en la vacunación de peces en Chile. Primero es que las vacunas se entregan por vía de una inyección intraperitoneal y eso causa problemas al salmón, porque hay que sacarlo de su ambiente para inyectarlo, causando daño y estrés al pez e incluso la muerte de algunos ejemplares, por lo que era necesario eliminar este factor.

Por otro lado, está “el uso de adyuvantes en estas vacunas que son moléculas o químicos que lo que hacen es ayudar a la respuesta inmune. El problema -añade la académica- es que en la acuicultura se utilizan los mismos adyuvantes que a mamíferos, y no son adecuados para los peces, produciéndoles daño”.

Añade que “lo que hicimos fue buscar un adyuvante específico y que fuera una vacuna no inyectable sino que por vía oral, de manera que se pudiera mezclar con el alimento. Para ello se generaron nanopartículas de quitosan, que provienen de la quitina y es de lo que está hecho el caparazón de los camarones y crustáceos, siendo inocua para los peces. El resultado fue maravilloso, porque vimos que esta vacuna fue protectiva contra ISAv. Sin embargo, no estimulaba la respuesta inmune específica, sino que una innata, que es la primera que se manifiesta en el organismo. Esto indica que el diseño de vacunas debe cambiar en la salmonicultura”, enfatiza la docente de la USS.

Riesgos latentes

Sobre los riesgos que existen en la industria, la académica sostiene que “independiente de que no haya habido una nueva crisis, permanentemente hay mortalidad en la salmonicultura debido a la presencia de patógenos. En este sentido, tenemos una diferencia con Noruega, donde sus centros de cultivo están más separados unos de otros, lo que disminuye las posibilidades de propagación de las enfermedades”.

No obstante, asegura que “hay una vigilancia activa y evaluación permanente de los agentes patógenos por parte de Sernapesca (Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura), teniendo en cuenta que el virus ISA tiene una prevalencia del 30%. Esto no necesariamente implica mortalidad ahora, ya que estamos en presencia de una variante no patogénica, pero tiene la potencialidad de volverse patogénico”.

Si bien se ha avanzado mucho en la prevención de las enfermedades en la salmonicultura, el riesgo de aparición de otros virus existe y la experta afirma que “hemos sido muy afortunados respecto a la cantidad de patógenos que llegan a nuestra acuicultura, porque existen muchos otros de los cuales estamos libres, pero que están presentes en las aguas de otros países, como el virus del páncreas del salmón. Esto hace imprescindible que nos mantengamos alerta e investigando permanentemente en estos temas”.

De hecho, el virus de la enfermedad del páncreas de salmón, perteneciente al género Alphavirus, encabeza la lista de enfermedades de alto riesgo definidas por la autoridad. Por esto, la Dra. Rivas concluye que “debemos estar preparados y estudiando nuevos patógenos, ya que si no lo hacemos, es imposible hacer vacunas rápidas cuando no tenemos aislado el nuevo virus y no conocemos su ciclo replicativo”.