(La Tercera) Unos kilómetros al norte de Chañaral, en la región de Atacama, en los cerros, junto al camino que lleva al Parque Nacional Pan de Azúcar y muy cerca de los relaves mineros, un singular proyecto avanza “como pez en el agua”.

Se trata del primer centro acuícola con especies de agua dulce instalado en el desierto más árido del mundo, que consigue el recurso hídrico de una manera poco usual: atrapando la neblina o camanchaca que se acumula en la zona con una red.

La idea partió hace más de una década, cuando los fundadores de la Asociación de Atrapanieblas de Chañaral comenzaron a levantar las primeras mallas para captar el rocío proveniente del mar e intentar producir algunos vegetales en la zona.

El sueño comenzó a agarrar fuerza de a poco, sobre todo cuando la Universidad de Atacama instaló tecnología a la iniciativa que se amplió al cultivo de truchas a través de un Fondo de Innovación a la Competitividad del Gobierno Regional.

Ahora son 20 los miembros activos y más de 10 mallas ubicadas a unos 600 metros sobre el nivel del mar, en el cerro Falda Verde, que logran escurrir hasta 1,4 litros de agua dulce por metro cuadrado de superficie de atrapanieblas, con un volumen total de 1.500 litros agua que es conducida por cañerías. Además, cuentan con una planta solar que genera 4.000 watts por día.

Pero la tarea no ha sido fácil. En 2015 llegaron al lugar los primeros 1.000 ejemplares de truchas arcoíris. De estas, 200 murieron por problemas con el agua, temperatura y factores de contaminación, “aunque en el sentido estricto, el sistema funciona porque hemos podido sacar tres cosechas de truchas”, dice Luis Morales, ingeniero acuícola a cargo del proyecto. “Son animales de raza pura, sin ninguna mezcla genética, sin antibióticos ni enfermos”, agrega el experto.

El científico dice que con la adaptación y mejora de la captación de agua, el proyecto avanzará. “Ingresaremos nuevos animales para levantar un stock de reproductores, pues hasta ahora trasladamos los peces desde la Universidad Católica de Valparaíso”, puntualizó.

Y no es todo: “Tenemos ocho mil plantas cultivadas de aloe vera y del desierto florido que hemos logrado reproducir en los invernaderos”.

También buscan formas para explotar aún más su iniciativa. “Estamos desarrollando el modelo de negocios que se llama la Ruta del Agua, que no solo apunta a vender truchas, sino que a la artesanía, al acuiturismo y venta de vegetales ornamentales y comestibles”, detalla Morales.

Hace unas semanas, Bienes Nacionales entregó en concesión 136 hectáreas a la asociación. Hugo Streeter, presidente de la agrupación, subrayó que “los cerros son un corredor aéreo de nubes y camanchaca. Ahora podremos postular a nuevos proyectos, para finalmente convertirnos en productores de agua potable, tan necesaria en nuestra zona”.

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