(DF) No fue fácil tomar la decisión, pero al llevarlo a cabo finalmente sintió una pequeña sensación de paz. Emilia Díaz (26), la joven emprendedora y ganadora de un sinnúmero de premios, puso fin a una de las start up más prometedoras y renombradas del último tiempo, Kaitek Labs.

No buscaba cualquier cosa. Su objetivo estaba puesto en la creación de un kit simple y rápido para detectar la marea roja, el mismo fenómeno que hoy, precisamente, empieza a expandirse por el archipiélago de Chiloé, en la región de Los Lagos.

Emilia, que puso sangre, sudor y lágrimas y abandonó tempranamente la carrera de ingeniería civil en biotecnología de la Universidad Católica, comunicó el fin de este emprendimiento en su blog, bajo el título “Una autopsia de mi primera start up”.

El mea culpa y la dura competencia en el sector

¿Qué sucedió? Se combinaron una serie de factores, pero hubo un poco de falta de experiencia y sobre todo que los avances en la materia de sus rivales se hicieron a un ritmo más veloz que su start up biotecnológica.

“La propuesta tecnológica de Kaitek fue buena para 2012, pero tardamos demasiado y el panorama cambió: la tecnología se puso al día y nuestra ventana de oportunidad se cerró“, reveló esta joven que fue contactada por Diario Financiero, pero que no quiso ahondar en el tema.

En teoría, la idea de esta empresa era usar microorganismos como sensores vivientes de la toxina, modificándolas genéticamente para que pudieran identificar la toxina y luego mostrar sus hallazgos, idealmente a través de algo tan simple como un cambio de color. Esto iba a ser empaquetado en un dispositivo que sería similar a un kit de embarazo, detalló.

“Pero ahora el mundo tiene a Ginkgo Bioworks y Asimov.io y colaboraciones radicales que reúnen toda la tecnología necesaria. Si Thermo Fischer puede alinearse con Mars y Foldit para resolver el problema de la aflatoxina, y los ensayos multiplex son ahora rentables incluso para laboratorios pequeños que comprueban la toxicidad costera más allá de Estados Unidos y Europa ¿cómo podemos negar que un mejor kit que aprovecha todo lo que la biología sintética ofrece ahora aparezca pronto?”, relata en su blog.

En él, Emilia agradeció el “abrumador” apoyo que recibió en sus inicios, entre ellos el de la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), aunque también precisó que al quinto año de vida de Kaitek la ayuda se restringió, lo que sin duda se convirtió en una dificultad para avanzar.

Futuro prometedor en el área

Para sacar adelante su desarrollo tecnológico y vender el kit una vez que estuviera listo en 2019, la emprendedora consiguió cerca de 45 alianzas en todo el mundo. Ganó concursos de emprendimiento, mostrando la innovación chilena en escenarios globales y obtuvo un lugar en programas comerciales de gran prestigio como Rebel Bio, Singularity University y K-Startup Grand Challenge.

El proyecto tenía un futuro promisorio, ya que además obtuvo los premios Excelencia en Ciencia y Tecnología en el concurso Tech-I del Global Innovation Through Science and Technology, de “Her Global Impact” (2015) y del “Pitch competition” de Junior World Entrepreneurship Forum (2015), entre otros.

Con todo, Emila Díaz acepta que como directora ejecutiva (CEO, por su sigla en inglés) pudo haber hecho más para impulsar la start up.

“Administrar un equipo debería haber sido mi prioridad y, sin embargo, siempre había algo más que parecía reclamar mi atención, desde la investigación hasta la contabilidad y las propuestas de donaciones para conocer a posibles socios”, lamentó.

Además, asume que todo tiene un costo, y aprovechó de realizar algunos duros descargos.

“Duele saber que la gente habla mal de ti cuando los consideras aliados, pero lo que más me molestaba era lo poco constructivo que era. Somos un ecosistema pequeño y frágil aún. Apuñalarnos por la espalda realmente no nos ayudará a crecer como grupo”, afirmó.

Emilia Díaz lamentó no haber concluido con éxito su proyecto, aunque valoró haber logrado hacer del problema de la marea roja un tema candente en Chile.

“Logramos mostrar que sí se puede construir (o al menos intentar construir) tecnología en países lejanos en vías de desarrollo”, remató.

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