(El Mercurio) Un nuevo indicio del calentamiento global está saliendo a la luz en la Antártica.

Cada vez es más frecuente ver nieve teñida de color rojo. Se trata de floraciones de microalgas, también conocidas como algas de nieve, que tienen lugar especialmente en la época estival.

Pero estas floraciones tienen un lado inquietante. En todas las zonas donde se producen, la nieve tiene características mucho más líquidas.

“Acelera mucho el derretimiento de la nieve, todavía no sabemos cuánto más”, reconoce Iván Gómez, investigador del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (Ideal) de la Universidad Austral de Chile (UACh).

Junto con su colega Pirjo Huovinen, este verano realizaron desde la Base Yelcho un muestreo y analizaron su reacción frente al aumento de la temperatura y los rayos UV.

Según determinaron, la mayor temperatura que está experimentando el continente helado favorece el derretimiento de la nieve y, además, aumenta las floraciones de las algas de nieve con lo que el derretimiento se acelera.

La clave está en el albedo, un indicador de cuánta luz solar refleja la Tierra y que va de 0 a 1. El nivel máximo lo alcanza la nieve recién caída. “Esa que es tan blanca que duelen los ojos cuando uno la ve”, ejemplifica Gómez. Cualquier sustancia que no sea blanca va disminuyendo el albedo, por lo que a medida que se “ensucia” la nieve absorbe más radiación solar en la forma de calor. Los brotes de algas van tornando la nieve más oscura y, por ende, refleja menos luz solar, más bien la absorbe, lo que favorece su derretimiento, explica el especialista de la UACh.

Alimento de las aves

A diferencia de los florecimientos de otras microalgas, como la Alexandrium catenella, que produce la marea roja, no hay referencias de que sean tóxicas.

Estas algas viven naturalmente en el océano, pero son transportadas por las aves acuáticas a las costas a través de sus heces. “Los pingüinos se alimentan de ellas porque traen muchos nutrientes, especialmente carotenos que son responsables de su tinte rojo en los florecimientos”.

Los monitoreos realizados hasta ahora revelan que estas algas de nieve extienden su presencia cada vez más en el continente antártico y no solo en las costas, sino que también varios kilómetros hacia el interior. Además, están extendiéndose hacia el sur del continente.

“Si estas algas siguen aumentando, eso significa que habrá un mayor derretimiento y agua líquida, pero esto no va a seguir hasta el infinito, sino que llegará un momento en que pierdan su hábitat”.

También pueden tener limitaciones físicas. Por eso los investigadores estudian cuánta luz pueden resistir o la temperatura máxima a la cual fotosintetizan.

Según reconoce, es poco probable que el continente helado completo se vaya a poner de color rojo, ya que también tienen límites mínimos de temperatura en los que pueden vivir. “En la meseta central donde hay -70°C de temperatura para cualquier organismo, eso es una situación completamente inhóspita”.

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