(La Voz de Galicia) Aunque hay quien sigue considerándolo una amenaza fantasma, el cambio climático es una realidad que puede trastocar nuestra vida de muchas maneras. Para saber cómo influye en el mundo del mar y de quien de él vive, nació hace dos años ClimeFish, que analiza las repercusiones del calentamiento global en los sectores de la pesca y de la acuicultura marina y continental. Para ello se han elegido 16 especies de todo el planeta, entre estas el mejillón gallego.

Científicos del Instituto de Investigación Marina-CSIC son quienes lideran el trabajo en costas españolas. Centran su trabajo en la ría de Ares-Betanzos, donde la semana pasada mantuvieron una reunión de trabajo a varias bandas: con los representantes de los mejilloneros y con personal de las consejerías de Mar y Medio Ambiente.

Rosa Chapela, coordinadora del área socioeconómica de la pesca del Cetmar, explicó que el objetivo de ese encuentro fue el de enriquecer los primeros datos elaborados por los científicos del CSIC con las percepciones que los bateeiros tienen sobre la incidencia del cambio climático en su actividad. «En primer lugar, expusieron en términos generales los problemas a los que han tenido que hacer frente a lo largo del año pasado, que no fue un buen año para la producción por dos problemas fundamentales: uno, la dificultad para encontrar mejilla. El segundo, un incremento importante de depredadores, nominalmente el sargo, que ha causado estragos en las bateas».

Un año peculiar

Estos datos se registraron en un año «muy raro y peculiar, con muy pocas lluvias y un patrón de precipitaciones poco habitual», precisó Rosa Chapela. Si esta situación deja de ser anómala y se convierte en habitual, «habrá que empezar a pensar en tomar medidas de adaptación para, por ejemplo, evitar los daños que puedan ocasionar los depredadores, o cómo paliar los efectos de la sequía».

Para ello, en el encuentro de Sada participaron también representantes de Meteogalicia, el Intecmar y las consellerías de Mar y de Medio Ambiente.

Según explica Rosa Chapela, el proyecto ClimeFish, que arrancó en 2016, está aún en sus primeras fases. «Lo primero que tenemos saber es cómo afecta, y hasta dónde, el cambio climático al cultivo de esta especie». Los científicos del CSIC han estado trabajando con datos y elaborando modelos que les permita dar respuesta a esa incógnita.

Para ello, han contado con la colaboración de la empresa Proinsa, gracias al cual han podido «modelar la variabilidad estacional del rendimiento en carne y analizar su variabilidad anual en función de las condiciones meteorológicas en el área de estudio». Los resultados obtenidos, publicados por la revista Ecological Indicators, «demuestran que los mejores rendimientos en carne de cultivo de mejillón se obtienen en los años caracterizados por inviernos secos, con una primavera temprana, seguidos de veranos con vientos del noroeste intensos y frecuentes».

Estos datos resultan útiles, dicen los autores de este estudio, para discutir el impacto de futuros escenarios climáticos.

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