Luego que la semana pasada se destapara el multimillonario contrabando de mercancías importadas en China, fundamentalmente de alimentos, entre estos salmones de cultivo avaluados en cerca de US$100 millones, el caso continúa sumando capítulos.

Es así como tras la renuncia del director ejecutivo (CEO, por su sigla en inglés) de SalMar, Trond Williksen, otras salmonicultoras han debido responder a los cuestionamientos. Una de las últimas fue la más grande del mundo, Marine Harvest, que, a través de una nota, reiteró que desde 2012 no ha exportado sus productos a China a través de Vietnam, “porque no está en línea con los principios éticos de la compañía”. A lo que añadió: “Nuestras ventas a Asia representan solo el 8% del total de nuestros envíos a los distintos mercados del mundo”.

Sucede que para sortear los gravámenes del 10% sobre los salmones noruegos, más el impuesto al valor añadido (IVA), lo que hacen algunos exportadores es despacharlos desde origen en avión hasta Vietnam. De ahí los trasladan hasta la frontera de ambos países asiáticos, donde sujetos ligados al contrabando los transportan a grandes ciudades chinas como Guangzhou, Shanghai, Shenzhen y Beijing.

“Junto con el delito tributario que implica importar salmones de esta manera, está el riesgo para la salud pública, ya que son transportados sin tomar en consideración la cadena de frío necesaria para mantener la inocuidad alimentaria”, expresó el subdirector de Aduanas de Guangzhou, Zheng Jun en declaraciones a la estatal CCTV.

En tanto, de acuerdo con El Portal de la Acuicultura, como “consecuencia colateral” de la persecución del tráfico, y la consiguiente falta de producto, ha derivado en mayores importaciones de salmones legales, por lo que los envíos desde países como Reino Unido, Chile y el mismo Noruega han aumentado en los últimos días.