Por Michel Leporati Néron (en la foto), director del CERES BCA:

«Producir alimentos es probablemente una de las actividades más significativas que el ser humano desarrolla y ha sido un factor clave de la evolución y desarrollo de la humanidad. Como dice Felipe Fernández Armesto en su historia de la comida ‘no existe ni ha existido ninguna actividad humana que preocupe a más gente y por tanto tiempo en sus vidas, como la comida’. Es que es en torno a los alimentos que se desarrollan un conjunto de dimensiones de nuestra existencia que van desde su esencialidad vital, en sus fundamentos nutricionales y sanitarios, hasta llegar a los de la cocina y la gastronomía vinculados al placer sensorial y la creatividad artística e intelectual, pasando por dimensiones económicas como objeto de consumo, sociales, como indicador de poder y relaciones cambiantes, y dimensiones ambientales, en su vinculación con la sustentabilidad de las prácticas productivas.

Y todos quienes trabajamos en el mundo de los alimentos sabemos que por las manos (muchas veces literalmente) de quienes los producen pasa el delicado Michel Leporati Nerónequilibrio que existe entre hacer de los alimentos bienes que cumplan con esas expectativas multidimensionales en forma segura o que se transformen en fuentes de peligros que, sin siquiera darnos cuenta, nos exponen a riesgos que pueden comprometer nuestra salud, bienestar y calidad de vida, en forma muy significativa. Es por ello que buena parte del tiempo nos la pasamos diseñando e implementado políticas, planes y programas que desde la regulación, la fiscalización y la inspección nos permitan asegurar a los consumidores elevados estándares de inocuidad de los productos presentes en los mercados. Esto demanda enormes esfuerzos que permiten solo formalmente y desde la coerción, gestionar los riesgos.

Lo anterior puesto en la perspectiva de un mundo globalizado, con una demanda creciente por alimentos y una industria en expansión constante, así como de profundas trasformaciones sociales, marca profundos cuestionamientos a la autoridad y el poder formal y el ascenso de los movimientos alternativos, de las nuevas generaciones de nativos digitales y la explosión de las tecnologías y de las redes sociales en la vida cotidiana, es dable suponer que los modelos de aseguramiento de la calidad de los alimentos basados en la acción regulatoria por sí sola sean insuficiente para dar cuenta de lo cada vez más complejos requerimientos que en materia de inocuidad la sociedad nos exige.

Es justamente ante la constatación de la ardua tarea que significa dar garantías de inocuidad en un contexto de diversificación y sofisticación de la oferta y de diversidad y transformación sociocultural de la demanda, respaldándonos solo en unos pocos actores de un sistema complejo, abordando las problemáticas desde la coerción, y ante la evidencia que pequeños errores pueden representar enormes impactos en la calidad de vida y el bienestar de las personas, así como en la economía del sector y los países, que surge hacia fines del siglo pasado en la industria alimentaria, la idea de ‘cultura de inocuidad’, como una forma complementaria al abordaje tradicional de esta problemáticas, invitándonos a superar el paradigma de la regulación y el control de los procesos como único mecanismo posible de dar garantías de alimentos seguros a los consumidores, para instalarnos en el compromiso ético de hacer bien nuestro trabajo, porque de ello depende la calidad de vida de todos los que de alguna forma y en alguna medida se ven alcanzados por nuestra acción.

Así entender la inocuidad, más allá de sus dimensiones técnicas, como un compromiso ético del conjunto de la sociedad, como una conducta responsable de cada uno de los individuos, como la manera correcta de hacer las cosas más por convicción propia que por exigencias de terceros, es el gran desafío que se nos plantea desde este nuevo paradigma. Abordar esta problemática desde la ética, además, le confiere una dimensión de trascendencia a todos quienes trabajamos en el sector de los alimentos porque nos compromete, nos humaniza, nos reivindica con la sociedad, con los que dependen todos los días de una alimentación segura, especialmente más indefensos y vulnerables, con nuestra familia y con nosotros mismos.

Debemos avanzar en introducir la propuesta de cultura de inocuidad y calidad como un marco de referencia que, en reconocimiento de la diversidad cultural y socioeconómica de los diferentes grupos sociales, en cada territorio, se proponga la construcción de hábitos y comportamientos individuales, organizacionales y sociales en torno a la inocuidad y la calidad de los alimentos en cada uno de los estamentos que componen el sistema nacional de inocuidad y calidad alimentaria en nuestro país.

Con ello contribuiremos en forma significativa a mejorar el desempeño de nuestro sistema de control de alimentos, con el evidente beneficio de una cada vez mejor capacidad de responder a las exigencias de la ciudadanía y de los mercados, afianzando el liderazgo internacional de Chile como proveedor de alimentos seguros y saludables».

Dentro de este contexto y recogiendo la importancia y el desafío de implementar cultura de calidad en la industria, Aquagestión, con el patrocinio de AQUA, realizará el «Seminario de Cultura de Inocuidad y Calidad» el próximo miércoles 5 de diciembre, en el Hotel Cumbres de la ciudad de Puerto Varas, región de Los Lagos.

«Conoceremos las experiencias de implementación exitosa en Chile y los desafíos para el desarrollo de cultura en las empresas de nuestra zona», puntualizaron desde Aquagestión.

Para reservar cupo envíe un correo a ximena.novoa@abbott.com y/o susana.carcamo@abbott.com. También puede llamar a los teléfonos (+56-9) 7498 1229 / (+56-9) 7431 0567.