Un equipo internacional, en el que colabora el investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) José Luis Horreo, alerta de la necesidad de crear áreas protegidas para el salmón Atlántico (Salmo salar) que preserven a sus poblaciones ante el aumento de la temperatura del agua que provoca el cambio climático.

El salmón es una especie con un rango de distribución muy amplio cuya estructura genética está fuertemente influida por su vida anádroma (viven en el mar pero remontan los ríos para reproducirse) y por el instinto que les hace regresar a su hábitat natal. Existen además indicios significativos que apuntan a la temperatura de la superficie del mar como un factor fundamental que condiciona su variabilidad genética.

Las poblaciones de salmón Atlántico del sur de Europa parecen críticamente en peligro por su reducida variedad genética y por vivir en las aguas más cálidas que esta especie tolera. “Es necesario entonces un cuidadoso y coordinado control de las diferentes poblaciones para que la especie mantenga sus números y diversidad en Europa”, explica Horreo. “Según los datos que manejamos, lo más previsible será que la distribución de la especie se reduzca a las áreas que ocupa al norte. Por eso, estas zonas deberían ser reconocidas como refugios y recibir la protección y el estatus apropiados”, continúa.

El salmón Atlántico es una especie distribuida por Norteamérica, Islandia, Europa atlántica y Rusia noroccidental, con un rango de tolerancia de temperatura que va desde los 0°C a 33°C. El margen de tolerancia y su extensa distribución geográfica hacen de él un valioso modelo para comprobar los efectos que los cambios de temperatura tienen en la variabilidad genética de las distintas poblaciones. Para este trabajo, se tomaron datos, en los años 2004 y 2005, de 3.730 salmones en 57 ríos diferentes repartidos por todo el arco atlántico. Asimismo, se recopilaron los datos de temperatura de la superficie marina desde el norte de España hasta el norte de Reino Unido usando el sistema de datos online de radiometría oceánica Giovanni, que registra la temperatura media del agua en superficie.

El mapa obtenido con los datos de la temperatura marina mostró la existencia de cuatro áreas en función de la temperatura de la superficie del agua en el arco atlántico, que van desde los 8,8°C en el norte a los 15,4°C al sur: el norte de España, el norte de Francia, el sur y sur-oeste de Inglaterra más Gales y las regiones que quedan más al norte de este punto. “Para comprobar si estas áreas formaban barreras entre las poblaciones de salmón Atlántico, se analizaron los datos buscando discontinuidades filogeográficas, es decir, fronteras en la distribución geográfica de los individuos atendiendo a sus características genéticas”, aclara Horreo.

Los resultados mostraron la existencia de una barrera filogeográfica entre las poblaciones del sur de Inglaterra y las del sur-oeste de Inglaterra y Gales, debida posiblemente a movimientos glaciales en el Pleistoceno. Las diferencias genéticas son mucho más marcadas entre las poblaciones que habitan en diferentes áreas de temperatura, con un flujo genético mayor en el interior de cada área que entre las distintas áreas. “Los datos obtenidos refuerzan la hipótesis de que las diferencias en la temperatura del agua oceánica se corresponden con la distribución genética de las poblaciones de esta especie”, termina el investigador del MNCN.

En esta investigación han colaborado equipos de la Universidad de Exeter (Reino Unido), la Universidad de Konstanz (Alemania), la Universidad de Oviedo, así como del MNCN-CSIC.

*Fuente de la investigación: Horreo J.L., Griffiths A.M., Machado-Schiaffino G., Stevens J.R., García-Vázquez E. (2018) Northern areas as refugia for temperate species under current climate warming: Atlantic salmon (Salmo salar L.) as a model in Northern Europe. Journal of Fish Biology, doi: 10.1111/jfb.13825. 

**La foto destacada, cuyos créditos son de Hans-Peter Fjeld, corresponde a un salmón Atlántico (Salmo salar) nadando en aguas noruegas.