English

El joven profesional, Eduardo Carmona, es desde hace un año el director ejecutivo de la ONG Canales, entidad que nació en 2012 –impulsada por el empresario local Jorge Pacheco– con el objetivo de fortalecer la educación técnica en la zona sur austral y acercarla a los sectores productivos, asegurando que exista consistencia entre lo que pasa en el aula y en terreno.

Hoy, la ONG opera desde la región de Los Ríos a la de Magallanes en cuatro sectores productivos: acuicultura, marítimo-portuario, construcción y turismo, vinculándose con más de 60 liceos y 40 empresas. Uno de sus programas más conocidos es el llamado “Conexión Educación Empresa”, el cual incluye visitas pedagógicas de los alumnos a empresas productoras y proveedoras, en este caso, del salmón; también están las charlas motivaciones y técnicas, donde profesionales de la industria visitan a los estudiantes; y las pasantías docentes, donde profesores se insertan por una semana en una compañía para profundizar sus conocimientos sobre los procesos y tecnologías del sector.

Para Eduardo Carmona, se trata de un trabajo apasionante, puesto que está convencido de que en la educación técnica está el futuro de la industria acuícola en materia de recursos humanos y, por cierto, del país. En cuanto a la salmonicultura, en particular, dice que tiene sus complejidades, puesto que se puede observar una gran falta de interés por parte de los jóvenes por incursionar en ella. Sin embargo, la organización se ha propuesto cambiar ese paradigma, invitando a las empresas a preocuparse por los estudiantes, a abrir sus puertas y mostrar las oportunidades que ofrece el sector.

¿Cuál es la misión que, en términos generales, se ha propuesto ONG Canales?

Uno de nuestros objetivos es transmitir o hacer un llamado a las empresas para que tengan un rol protagonista en la formación de los técnicos de Chile. Esto es algo que hemos estado impulsando y la verdad es que nos ha costado un poco. Y es que la sociedad chilena necesita generar dos cambios culturales importantes. Uno tiene que ver con  fortalecer y valorar la educación técnica; y el otro es dejar de ver a este tipo de educación como una opción para los sectores más vulnerables. En países como Suiza, Noruega, Alemania y Estados Unidos, las industrias participan en forma importante en el presupuesto que se destina a la educación técnica y no porque quieran, sino que porque está determinado por ley. Y eso tiene resultados. Alemania lleva la delantera en este ámbito y fue la primera en llegar al desarrollo.

En cuanto a la industria acuícola, principalmente, del salmón, ¿cómo cree que se está trabajando en este ámbito? ¿Hay una valoración de la educación técnica?

Nosotros hemos conversado con las empresas y hemos notado que en este sector, ciertamente, hay algunos problemas en este tema. Uno de ellos tiene que ver con la sostenibilidad. Por ejemplo, vemos que la edad promedio de los trabajadores de la industria es de sobre 45 años, tanto en productores como proveedores. Además, uno va a los liceos técnicos y ve que muy pocos jóvenes  quieren apostar por esta área, tanto a nivel técnico como profesional. Estas son dificultades a largo plazo. Hace un tiempo viajamos a Aysén, donde visitamos el liceo politécnico que tiene la especialidad de acuicultura. En ella, el año pasado había 13 estudiantes. Sin embargo, de estos 13, sólo tres manifestaron que les gustaría trabajar realmente en la industria acuícola. Otros 10 no querían. Cuando uno ve eso, dice aquí algo anda mal.

¿A qué cree que se debe esta falta de interés?

Puede tener que ver con un desconocimiento de la industria. Algunos creen que sólo existen las plantas de proceso o centros de cultivo alejados. Pero no saben que hay mucho más que eso; que hay muchas empresas proveedoras que ofrecen oportunidades. A eso se suma que a veces hay una mala percepción de la industria, donde siempre se comunica lo malo y muchos medios de comunicación se aprovechan de eso. Es raro ver en un diario local, por ejemplo, que la industria se está vinculando con la educación técnica. Bueno, todo eso va generando una barrera. Algo que nos llama la atención es que muchos jóvenes tienen familiares que trabajan en la industria, pero esos mismos familiares-trabajadores tienen también una mala percepción que pareciera que se transmite. Ahí, la respuesta la tienen las propias empresas. Pero todo eso, sumado a los altos y bajos del sector –lo que pasó con el virus ISA y otras situaciones– van generando distancia.

¿Qué se puede hacer frente a esa situación?

ONG Canales2Creo que tiene que haber un cambio desde la propia industria que va más allá de vincularse con las comunidades porque sí. Necesitamos generar un trabajo en conjunto y eso es lo que estamos proponiendo: trabajar en la vocación de los jóvenes para asegurar el futuro de la industria acuícola. Si no cambia la curva de edad de los trabajadores del salmón, en unos 15 o 20 años más simplemente no va a haber personas que quieran insertarse en este rubro.

Hoy, muchos jóvenes de primero y segundo medio muchas veces ni conocen la industria. Saben lo que escuchan, pero no conocen las plantas de proceso, no saben cuál es el trabajo que se realiza, ni menos las posibilidades laborales o las proyecciones del sector. Entonces, tenemos que invitar a los jóvenes para que conozcan. Trabajar en la vocación. Nuestro programa “Conexión Educación Empresa” apunta justamente a aquello, que los alumnos vayan a las empresas y viceversa. Tenemos también unos cursos de “maestro guía” focalizados en formar dentro de las organizaciones trabajadores capacitados para abrir las puertas de la empresa, para recibir a alumnos en práctica o guiar visitas pedagógicas. Creemos que esto no es natural y que requiere capacitación.

Las empresas tienen que dejar de ver la vinculación con la comunidad o con el mundo de la educación como meras actividades de Responsabilidad Social Empresarial. Para nosotros, como ONG, las empresas deben ser protagonistas de la formación de los técnicos. Si invierten en ello, significa que están invirtiendo en ellas mismas, pero pensando a futuro. Ellas no pueden desconocer el rol que tienen en este asunto.

Sabemos que ONG Canales se ha encargado de fortalecer también las habilidades blandas en los alumnos ¿qué nos puede contar sobre eso?

Claro, ahí tenemos otra área importante. Algunos empresarios nos han manifestado que las capacidades técnicas de la persona no es algo que les interese tanto, ya que eso se puede enseñar; que lo que les importa es encontrar trabajadores que lleguen a la hora, que no fallen, que sigan instrucciones, que pregunten lo que no saben. Esas son habilidades blandas que nadie las enseña, en ninguna parte. Pero nosotros lo hemos tomado. Lo hemos impulsado a través de talleres y programas que buscan desarrollar esas cualidades en los alumnos.

Hacemos una pega grande, pero de hormiga. Muchas salmonicultoras nos apoyan y hay otras que apuestan a tener un mayor impacto en la comunidad. Eso está bien, pero estamos convencidos de que el trabajo que hacemos aquí va a tener resultados a largo plazo, porque estamos insertos en la formación de los futuros trabajadores de la industria del salmón.

ONG canales¿Cómo se logra la vinculación con las empresas? ¿Ellas se acercan a ustedes? ¿Ustedes las contactan?

Nosotros vamos a las empresas a ofrecer los programas que tenemos. Si les interesa, firmamos un convenio de trabajo y en la compañía se genera una contraparte que es la que trabaja con nosotros. Luego, vamos coordinando las acciones a través de nuestros comités acuícolas. Hay que destacar que SalmonChile ha sido un gran aliado en este ámbito. Ellos están conscientes del trabajo que hacemos y han estado dispuestos a apoyar nuestra cruzada.

¿Le gustaría que más empresas del salmón se sumen a sus actividades?

Claro. Necesitamos más porque la educación técnica y la industria lo necesitan. Por ejemplo, yo no sé si todas las proveedoras del salmón se han dado cuenta de la importancia de la formación de estudiantes en este ámbito. Estamos convencidos de que en la educación técnica está el futuro de la industria acuícola; universitarios siempre van a existir, pero lo que no tenemos son técnicos. Eso es lo que falta. Como organización, nos hemos esforzado por transmitir la importancia de este asunto y ojalá más compañías se interesen y se sumen a nuestro trabajo.