Russian Aquaculture es una empresa que cotiza en la Bolsa de Moscú y que cultiva 25.000 toneladas (t) anuales de las especies Atlántico (Salmo salar) y trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss) en las cercanías del Ártico; es decir, representa más de la tercera parte de toda la producción salmonicultora rusa.

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Arne Geirulv es director de la compañía y tras su paso por Chile para participar de la última gira técnica organizada por AquaGen y Greetech, decidió dialogar con AQUA para abordar la actualidad y futuro de la industria del salmón en el gigante euroasiático.

En la entrevista, el ejecutivo (en la foto) comenzó detallando que Russian Aquaculture tiene una capacidad productiva en base a las licencias que el gobierno Arne Geirulv, director de Russian Aquaculture1les ha otorgado de aproximadamente 45.000 t, pero lo que les ha impedido crecer es el acceso a smolts de buena calidad.

Es por eso que adquirieron dos pisciculturas en Noruega, una de las cuales están expandiendo para llegar a producir 5 millones de smolts desde la actual capacidad de 1,5 millón, y en paralelo pronto comenzarán a ampliar la segunda de ellas, también para alcanzar los 5 millones de smolts. “Esto nos permitirá poner en funcionamiento un nuevo centro de cultivo en Rusia con precisamente 5 millones de smolts, y al registrar una producción de 15 millones de smolts cada año, podremos alcanzar las 45.000 t de cosecha”.

¿Cómo opera el Estado ruso a la hora de entregar concesiones y permitir el desarrollo de la industria del salmón?

El Estado es muy positivo frente a la industria, pero no hace mucho para aportar en su desarrollo en términos de generar las condiciones para la creación de proveedores. En lo que sí debemos reconocer que han sido diligentes, es en la entrega de concesiones. Ahora bien, sucede que no hay mucha legislación sobre la manera en que uno produce en cada concesión y área productiva. Entonces, hemos debido adaptarnos y seguir el modelo salmonicultor noruego. Esto nos ha llevado a darnos cuenta, entre otras cosas, en la relevancia de la distancia entre los centros de cultivo.

En definitiva, la idea es tener un sistema dinámico de producción, pero paso a paso, es decir, respetando las cargas y densidades. Y así sentar las bases para la industria en el país en términos de sustentabilidad.

Usted hablaba que el Estado no ha sido proactivo para estimular el desarrollo de proveedores pero, ¿qué ocurre con la mano de obra, les ha costado encontrar capital humano calificado?

Procesamos todo a nivel regional y buscamos que los trabajadores sean locales. Para esto, tenemos planes de empleo propios que impulsan su formación y las ganas de trabajar con nosotros.

¿Tienen vínculos con empresas proveedoras chilenas?

No, adquirimos todos nuestros equipos, insumos y los smolts desde Noruega.

¿Y cuál es su opinión de la industria chilena?

Es muy interesante. De partida, ustedes tienen una especie más que nosotros (salmón coho), y considero que la calidad del pescado es básicamente la misma que la noruega y que la nuestra. Por ejemplo, usamos casi el mismo material genético para el salmón Atlántico, las mismas recetas para las dietas de los peces. Y todo esto en tiempos de cultivo similares.

La diferencia que sí se puede establecer es que allá los noruegos exportan mucho pescado entero y esto tiene que ver con los tratados económicos con Europa en que los filetes deben pagar aranceles. Por esto no hay muchos procesadores en Noruega, y cuando se habla de generación de empleo en la industria del salmón, la mayoría está en el procesamiento. En esta línea lo que hace Chile es destacable porque exporta mucho valor agregado y esto requiere de personas que trabajen en las plantas de proceso. Eso sí, en este punto se debe recordar la logística que debe establecer Chile al estar más lejos de sus principales mercados.

¿Cuánto de la producción de Russian Aquaculture queda en el mercado interno, y considera que los consumidores discriminan entre el salmón proveniente de un país y otro?

Toda nuestra producción queda en Rusia.

Ahora bien, en lo que los consumidores rusos sí pagarán más es por el fresco y por el pescado entero, que es un tema cultural del país, como los japoneses, que les gusta ver las agallas al momento de comprar, lo que no se puede hacer con un filete. Esto, en la gran mayoría de los casos, es independiente a que se fijen de qué país viene el pescado.

¿Qué ocurre con el valor agregado?

Cada vez estamos viendo mayor demanda por el valor agregado. Además, al ser una nación tan grande, y en orden a acceder a los distintos nichos, la posibilidad de negocios es amplia. En este contexto, las regiones de Moscú y San Petersburgo, que suman cerca de 30 millones de personas y que son cada vez más cosmopolitas, el abanico para la oferta es inmenso.

¿Qué es lo que más necesita la salmonicultura rusa para seguir expandiéndose?

Definitivamente nuestro cuello de botella son los smolts. Necesitamos mejorar la calidad de estos porque tenemos una desventaja geográfica y esta es que en invierno (boreal) la temperatura continuamente baja de 0°C. Esto quiere decir que nuestra “ventana” de smolts va solo desde mediados de mayo y hasta julio. Entonces no hace sentido sembrar en otro periodo, por lo que nos vemos en la obligación de tener una producción all in, all out.

*Créditos de fotos: Christian Pérez.