En Chile, de acuerdo con la más reciente estimación del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), la extracción ilegal de productos del mar representa 324.000 toneladas, lo que equivale a aproximadamente US$397 millones en transacciones fraudulentas al año.

En esa línea, la pesca no declarada es uno de los principales problemas que afecta al sector pesquero industrial y artesanal, ya que supera las cuotas recomendadas y atenta contra la sustentabilidad de los recursos; perjudica injustamente a los actores que proceden legalmente pescando solo su cuota y hace más vulnerable a las comunidades costeras, al amenazar su principal sustento económico. Por otra parte, afecta económicamente a los pescadores legales, ya que los precios caen a veces a un tercio de su valor, lo que empuja en forma absurda a pescar el triple para terminar ganando lo mismo.

La Sociedad Nacional de Pesca (Sonapesca), federación que reúne a 109 pequeñas, medianas y grandes empresas, expresó su preocupación por el tema e inició la difusión de su campaña “10 claves para combatir la pesca ilegal”, que compartió días atrás con Sernapesca y la Comisión de Intereses Marítimos, Pesca y Acuicultura del Senado, y que continuará con las demás autoridades sectoriales, debido a que la solución de esta problemática es altamente compleja y, como plantea en su primera sugerencia, “requiere de un esfuerzo colectivo”.

El presidente de la entidad, Osciel Velásquez, sostuvo que “si no frenamos a tiempo este flagelo, no podremos asegurar el futuro de los recursos pesqueros. Estos son los temas que debemos discutir”.

A continuación reproducimos las diez medidas propuestas por la Sonapesca:

1) Combatir la pesca ilegal requiere un esfuerzo colectivo. El problema es tan grande que todos deben sumarse y combatir colaborativamente. Actualmente, existen al menos tres organizaciones no gubernamentales (ONG) con programas de lucha contra la pesca ilegal, a las que se suman Sonapesca, organizaciones artesanales y el gobierno. Así, todas las ideas deben sumarse y ejecutarse en forma coordinada a través de una alianza público-privada.

2) Adoptar un enfoque ecosistémico. No solo importa el daño que la pesca ilegal genera en la población de peces, sino que también el impacto negativo que genera sobre las comunidades costeras que viven de esta actividad y se ven perjudicadas por la pesca indiscriminada de actores ilegales.

Esto ha sido ratificado, por ejemplo, por la propia FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), cuando analizó la Ley de Pesca, y por la Universidad Católica y la Universidad de Concepción. Todas estas instituciones han definido la importancia que tienen los aspectos culturales y socioeconómicos en la solución del problema. De no incluirlos en el programa global de combate a la pesca ilegal, será muy difícil terminar realmente con esta dañina práctica.

3) Reducir el esfuerzo de pesca (número de naves pesqueras). Cuando se redujeron las cuotas de pesca en forma drástica, la pesca industrial, al tener cuotas individuales, se ajustó automáticamente, disminuyendo su flota a menos de la mitad. En contraste, la flota artesanal se mantuvo o ha seguido creciendo en algunas pesquerías, por lo que presenta un excesivo esfuerzo de pesca, problema que debe ser afrontado en forma urgente. De no resolverse este aspecto, será imposible eliminar la pesca ilegal.

4) Incorporar posicionamiento satelital en la pesca artesanal. En el caso de la pesca industrial, la totalidad de la flota de naves cuenta con un sistema GPS incorporado. De este modo, la autoridad puede monitorear en línea sus movimientos. Además, tiene certificación de descarga de todas sus capturas y trazabilidad de sus productos.

Una alternativa para seguir mejorando el proceso de fiscalización es exigir que la totalidad de embarcaciones artesanales incorpore un sistema de monitoreo satelital, de tal forma de poder fiscalizar diversos aspectos como el traspaso a regiones no autorizadas e ingreso ilegal a áreas de manejo, entre otros.

5) Certificación de desembarques obligatoria para embarcaciones de menor tamaño. Actualmente, solo se exigen certificaciones de desembarques para el 100% de la industria y artesanales de mayor tamaño (15 a 18 metros para cualquier lancha y mayor de 12 metros para pelágicos). Sin embargo, las principales pesquerías sobreexplotadas con pesca ilegal (merluza austral, merluza gayi, congrio dorado) se realizan con botes (naves de menor tamaño), por lo que resulta indispensable extender la certificación de descargas a toda embarcación menor a 15 metros, que opere en pesquerías que se encuentren en condición de agotamiento o sobreexplotación.

6) Incorporar más tecnología y análisis de inteligencia para la fiscalización. La tecnología y el big data también se están transformando en grandes aliados para combatir la pesca ilegal. Por ejemplo, la WWF cuenta con una herramienta online llamada Detect-IT, que toma todos los movimientos de naves pesqueras en el mundo y los compara con la información de intercambio comercial de más de 170 países. A partir de este cruce de información, es capaz de detectar movimientos atípicos en las rutas de navegación, que pueden ser actividades de pesca potencialmente ilegales. Por su parte, Sernapesca está probando el uso de drones para fiscalizar zonas de difícil acceso y el análisis de big data para focalizar y priorizar los esfuerzos de fiscalización. Ambas acciones van en la dirección correcta, y deben potenciarse y financiarse por parte del gobierno.

7) Integrar a comerciantes y restoranes en el combate a la pesca ilegal. Otra manera de atacar la pesca ilegal es incorporando a todos los actores que son parte de la cadena de comercialización de los productos del mar en el combate a la pesca ilegal. Aunque actualmente el proceso de fiscalización se lleva a cabo en toda la cadena productiva, se puede seguir avanzando en algunas medidas innovadoras. Por ejemplo, una buena práctica sería fomentar que los restoranes y comercializadores solo compren productos que cuenten con certificación de origen.

8) Mantener y fortalecer control en las caletas. Sernapesca ha definido una estrategia de control a través de los mercados, pero también es fundamental retomar y reforzar el control que la autoridad hace en las caletas, que es donde se producen los desembarques y, por lo tanto, se puede producir la mayor comercialización de la pesca ilegal.

9) Fortalecer la coordinación entre Directemar (Dirección General del Territorio Marítimo y Marina Mercante de Chile) y Sernapesca para mantener efectivamente cerrado el registro pesquero artesanal. Un problema histórico ha sido la inscripción que realizan los pescadores en los registros de Directemar (para navegar, para licencias de tripulante o buzos), sin coordinación con Sernapesca. Al no haber coordinación entre ambas autoridades, un pescador artesanal puede estar habilitado para navegar según el registro de Directemar, pero no ser parte del registro que lleva Sernapesca. Esto puede generar problemas, especialmente para las pesquerías catalogadas como sobreexplotadas o colapsadas. Por lo tanto, es indispensable realizar los ajustes legales y/o reglamentarios del caso, de forma que la Armada no otorgue nuevas inscripciones en pesquerías sin antes contar con el visto de Sernapesca.

10) Apoyar la ley de modernización y fortalecimiento de Sernapesca. Apoyamos las leyes y regulaciones que quiten incentivos para desarrollar la pesca ilegal o permitan desbaratar sus operaciones. Apoyamos decididamente el proyecto de ley de modernización de Sernapesca, porque va en ese camino, endureciendo sanciones a quienes cometan este delito, generando facultades para poder fiscalizar toda la cadena de transporte, almacenamiento y venta, entre otros aspectos.

Es indispensable que esta ley tenga el presupuesto necesario asegurado para el trabajo en terreno en materia de fiscalizaciones, controles e inspecciones en todo el país.