La enfermedad bacteriana de las branquias (BGD, Bacterial Gill Disease) afecta varias especies de peces, sin embargo, es de especial importancia en el cultivo intensivo de salmónidos, siendo en algunas partes del mundo la patología más común, principalmente en alevines y juveniles.

Junto con precisar que BGD se caracteriza por tazas explosivas de morbilidad y mortalidad atribuibles a la colonización de bacterias en la superficie branquial, Carlos Sandoval y Hugh Ferguson, gerente técnico y director internacional de VeHiCe, respectivamente, explican en su blog Fish Pathology que, a pesar de la marcada signología clínica y la alta mortalidad, los cambios patológicos son sorprendentemente escasos y muy difícil de encontrar en cuadros agudos. Solo cuando los peces sobreviven (si sobreviven) pueden ser observados algunos cambios patológicos como fusión lamelar e hiperplasia, por lo común visto en peces más grandes.

“Los peces afectados pueden observarse boqueando en la superficie del agua, con baja reacción a estímulos externos y bajo consumo de alimento. Cuando mueren, los opérculos generalmente están abiertos (acampanados), probablemente debido a la acumulación de ácido láctico en los músculos de la cabeza”, detallan Sandoval y Ferguson, añadiendo que la mortalidad puede alcanzar el 50% o más dentro de 48 horas.

Bacteria

El agente causal del BGD, Flavobacterium branchiophilum, es una bacteria Gram negativa filamentosa, de pigmentación amarilla, la cual es considerada ubicua en ambientes de agua dulce; tiene transmisión horizontal entre peces. Se fija exclusivamente a la superficie respiratoria, incluido el epitelio que recubre la cavidad branquial, pero no a la piel. La adhesión de bacterias conduce a una reducción de los niveles de oxígeno sanguíneo inducido por toxinas, disminuyendo aproximadamente un 30% de lo normal bajo condiciones experimentales. Esto es causado por vasoconstricción, mediada por prostaglandinas, de los vasos sanguíneos en las branquias.

“El tratamiento en cuadros agudos con químicos como formalina, cloramina T o peróxido de hidrógeno conduce a una recuperación casi instantánea de los signos clínicos, debido a la reversión de la vasoconstricción e hipoxemia resultantes”, sostienen los investigadores de VeHiCe.

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