Este jueves 17 de octubre, en el Hotel Cumbres de la ciudad de Puerto Varas, región de Los Lagos, se llevará a cabo la conferencia Aqua Forum. Y en la antesala del evento internacional, AQUA dialogó con el oficial regional de Pesca y Acuicultura de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés), José Aguilar-Manjarrez, quien expondrá sobre los desafíos de la acuicultura en el mundo.

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El representante de la entidad de las Naciones Unidas (ONU) comenzó recordando que el 25 de septiembre de 2015, los líderes mundiales adoptaron un conjunto de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible. Pero en los últimos tres años, el número de personas que padecen hambre se ha incrementado, con más de 820 millones de personas en el mundo que siguen padeciendo hambre en la actualidad, lo cual corresponde aproximadamente a una de cada nueve personas en el mundo. Esto pone de relieve el inmenso desafío que supone lograr el objetivo del hambre cero para 2030.

«El mundo debe lograr un equilibrio para alimentar de manera sostenible a 9,7 billones de personas para el 2050. Para esto deben satisfacerse tres necesidades al mismo tiempo: (1) cerrar la brecha alimentaria, (2) apoyar el desarrollo económico y (3) reducir el impacto ambiental», enfatiza Aguilar-Manjarrez.

En ese contexto, ¿cuáles aparecen como los principales retos de la acuicultura a nivel internacional?

La acuicultura es el sector de producción alimentaria que está creciendo más aceleradamente en el último decenio, y tiene muchas posibilidades de seguir expandiéndose. Se ha demostrado que la acuicultura ha sido y seguirá siendo importante para la nutrición humana y para mitigar la pobreza de muchas zonas rurales. La alimentación y la agricultura son fundamentales para lograr todos los ODS, y muchos de ellos están directamente relacionados con la pesca y la acuicultura, ODSs 1, 2, 5, 8, 12, 13, 15 y en especial el ODS14 (conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible).

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Desde 1961, el crecimiento anual mundial del consumo de pescado ha duplicado el crecimiento demográfico, lo que demuestra que el sector acuíola-pesquero es fundamental para alcanzar la meta de la FAO de un mundo sin hambre ni malnutrición.

El potencial para un mayor crecimiento de la acuicultura es prometedor, sin embargo, la acuicultura enfrentará desafíos importantes, estos son algunos ejemplos de los grandes desafíos prioritarios a nivel mundial: fortalecer la capacidad de adaptación en el sector pesquero y acuícola al cambio climático. Es fundamental que las autoridades, empresas, comunidades locales y todas las personas de la sociedad, fortalezcan su capacidad de adaptación frente al cambio climático, encontrando respuestas, soluciones y oportunidades antes los nuevos escenarios que traerá consigo este fenómeno global; optimizar la eficiencia del agua. La escasez de agua sigue siendo una limitación para el desarrollo de la acuicultura, una de las estrategias es la de promover sistemas agrícolas integrados que incorporan a la acuicultura y que utilicen masas de agua pequeñas y medianas; lograr una gestión ambiental apropiada. Para reducir las repercusiones de la acuicultura en el medio ambiente y evitar los efectos de otras actividades, debidos a una gestión deficiente, hace falta empeñarse en mejorar el aprovechamiento de los recursos y lograr una ordenación ambiental apropiada. Una buena planificación y manejo espacial es absolutamente esencial para que la acuicultura maximice su potencial para reducir la pobreza y el hambre y satisfacer la demanda. La mala planificación espacial puede socavar la viabilidad de las empresas así como los beneficios sociales y económicos derivados del desarrollo de la acuicultura. La vulnerabilidad a los impactos externos, el brote y la diseminación de enfermedades, los impactos ambientales y los conflictos sociales entre usuarios de los recursos naturales constituyen síntomas de una mala planificación y, por supuesto, la otra cara es cierta: una buena planificación espacial puede atraer inversionistas al tiempo que garantiza un acceso equitativo a los servicios ecosistémicos por parte de las comunidades, ayudando a los países a lograr los resultados sociales y económicos deseados a partir del desarrollo acuícola y al mismo tiempo proteger el medio ambiente (fuentes: http://www.fao.org/3/I6834ES/i6834es.pdf; http://www.fao.org/3/a-i5004s.pdf); establecer un uso más racional del espacio marino y las interacciones entre sus posibles usos para equilibrar las demandas de desarrollo con la necesidad de proteger el medio ambiente y aportar resultados sociales y económicos de una manera abierta y planificada. La selección del área espacial designada para el desarrollo de la acuicultura y la cuidadosa selección de la ubicación espacial de las granjas o centros de cultivo son un primer paso esencial para garantizar el éxito y la sustentabilidad de la acuicultura. La planificación espacial para establecer zonas dedicadas a la acuicultura, la selección de sitios y el diseño de áreas de manejo acuícola deben considerar los Objetivos de Desarrollo Sustentable, es decir, objetivos sociales, económicos, ambientales y de gobernanza. Esto es particularmente relevante cuando la acuicultura se desarrolla en áreas de propiedad común, por ejemplo cuerpos de agua y recursos hídricos que pertenecen al estado; desarrollar áreas adicionales para la acuicultura (por ejemplo acuicultura oceánica, acuaponía). Una de las mayores preocupaciones sobre el desarrollo de la acuicultura es su impacto en el medio ambiente y la acuicultura oceánica puede ayudar a mitigar algunas de las consecuencias negativas asociadas con centros acuícolas cercanos a la costa y en tierra. Menos necesidad de agua dulce, mayor distancia y profundidad desde la costa, y/o corrientes más rápidas podrían ayudar a reducir impactos como la contaminación, la aparición de enfermedades y los conflictos de uso del área (fuentes: http://www.fao.org/3/i3092e/i3092e.pdf; http://www.fao.org/3/i3100e/i3100e.pdf). La acuaponía es una técnica muy nueva, no solo en Chile, sino que también a nivel mundial y que se encuentra en pleno desarrollo. Países como Australia, Alemania y Estados Unidos son quienes más avanzados están en cuanto al desarrollo de sistemas de gran escala. Producir libre de químicos, ser una fuente permanente de proteína y de vegetales, no requerir de un suelo fértil y ser un 98% más eficiente en la utilización del agua que un cultivo tradicional, otorga a la acuaponía un lugar de privilegio para llevar el estandarte de traer nuevamente la agricultura a los asentamientos humanos, como fue en el inicio de nuestra evolución (fuente: http://www.fao.org/3/a-i4021e.pdf); reducir las pérdidas de producción mejorando la bioseguridad en la acuicultura. FAO está liderando una nueva iniciativa, denominada ‘Senda progresiva de gestión para mejorar la bioseguridad en la acuicultura’. Esta iniciativa (http://www.fao.org/3/na265es/na265es.pdf) consta de cinco pilares principales: (i) el refuerzo de la prevención de enfermedades; (ii) la mejora de la gobernanza de la bioseguridad en la acuicultura; (iii) la mejora de la comprensión de los aspectos económicos de la salud en el ámbito de la acuicultura (carga e inversiones); (iv) la mejora de la preparación en situaciones de emergencia; (v) el apoyo activo a los pilares 1-4 con varias cuestiones transversales (como el fomento de la capacidad y las competencias, la información sobre enfermedades y la comunicación de riesgos, la educación y la extensión, la investigación específica y el desarrollo y la innovación); satisfacer las demandas de semillas, piensos y fertilizantes. Aunque la acuicultura sigue siendo el sector de más rápido crecimiento y más diverso, la producción de peces y crustáceos en los países en desarrollo dependen de ingredientes que en su gran mayoría son importados. El futuro de la acuicultura debe centrarse en el mayor uso de recursos locales y la reducción de ingredientes importados para asegurar una sostenibilidad economía y ecológica de la acuicultura a largo plazo; asegurar un suministro de alimentos inocuos que satisfagan los requisitos de calidad de los compradores. La inocuidad de los alimentos es un aspecto fundamental de salud pública y elemento esencial para la gestión de la calidad total, por lo cual es tema de alta prioridad para todos los países y gobiernos. La inocuidad de los alimentos contribuye a la seguridad alimentaria y la salud de la población. Mercados más exigentes limitan acceso a pequeños productores. Existe una tendencia creciente en los países importadores de pescados y mariscos a establecer condicionantes de calidad, inocuidad y trazabilidad, para así dar cuenta de sostenibilidad ambiental y prácticas pesqueras y acuícolas responsables. Lo anterior demanda el establecimiento de sistemas certificadores de buenas prácticas, sin embargo, estos costosos procesos resultan inaccesibles para los pescadores y acuicultores de pequeña escala, con lo que se aleja la noción de mercados más inclusivos; mejorar los medios de vida a través de empleo más decente en la acuicultura. Con la creciente importancia que ha adquirido la acuicultura a nivel mundial, ha aumentado la concienciación general sobre sus aportaciones al desarrollo social. La acuicultura puede contribuir considerablemente a la mejora de la seguridad alimentaria, el suministro de productos marinos, la nutrición, la salud pública, la generación de ingresos, el empleo y la obtención de divisas tanto a nivel local como nacional. No obstante, el sector de la acuicultura sigue enfrentándose a desafíos sociales. pesar de su contribución al empleo, el sector de la pesca y la acuicultura todavía presenta escasez de empleos dignos, debido a diversos factores: la inseguridad de los ingresos y su bajo nivel; la deficiencia y peligrosidad de las condiciones sanitarias, de seguridad y ambientales; la falta de contratos estables y formales; la desigualdad entre los sexos; la existencia de mano de obra infantil y trabajos forzados; la explotación de los trabajadores migrantes; la insuficiencia de la protección social y la falta de diálogo social. La protección de los derechos laborales en la pesca y la acuicultura es escasa; reducir la brecha de género. Las mujeres sufren mayor pobreza, inseguridad alimentaria y obesidad en comparación con los hombres. La estrategia regional de la FAO busca contribuir a cerrar las brechas de género de la región, especialmente en el mundo rural, en cuanto a la seguridad alimentaria, el fortalecimiento de la agricultura familiar, el uso sostenible de los recursos naturales y en la respuesta regional ante el cambio climático. Según la FAO, especialmente en el mundo rural, es una de las causas estructurales de la pobreza y uno de los mayores desafíos que los países de América Latina y el Caribe debela desigualdad de género y la discriminación contra las mujeres para desencadenar todo el potencial transformador del mundo rural; mejorar la percepción en torno a la acuicultura. Para mejorar la conciencia pública sobre la acuicultura, la industria necesita un diálogo más abierto y más amplio que aumente la transparencia en el sector. Para comunicar los beneficios de la acuicultura de manera más efectiva, debe colaborar más con otros grupos de interesados que el público considere creíbles. Además, se necesita una mayor sinergia y cooperación entre los diversos subsectores de la acuicultura, para hablar con una sola voz y lograr un mayor apoyo política. Si bien aún se deben abordar cuestiones sociales y ambientales importantes, es importante poner la acuicultura en una perspectiva más amplia comparando sus costos y beneficios con otros sistemas de producción animal. Hasta la fecha, se ha carecido de una visión holística, teniendo en cuenta una evaluación equilibrada de los riesgos y beneficios de la acuicultura, que impide el desarrollo de políticas que reflejen las realidades de la producción (fuentes: http://www.fao.org/3/a-bc015e.pdf, http://www.fao.org/in-action/globefish/fishery-information/resource-detail/es/c/379676/)

En cuanto a la acuicultura chilena, ¿cuáles, a su juicio, son los principales desafíos de esta industria?

Mejorar la percepción en torno a la acuicultura; poner la acuicultura en una perspectiva más amplia comparando sus costos y beneficios con otros sistemas de producción animal. La acuicultura tiene menor impacto medioambiental que otros sectores de producción de comida, como la carne o las aves, y es importante señalar que cualquier tipo de producción siempre va a tener un impacto en el medio ambiente; lograr una ordenación ambiental más apropiada para que la acuicultura maximice su potencial para reducir la pobreza y el hambre, satisfacer la demanda, y reducir su vulnerabilidad a los impactos externos, el brote y la diseminación de enfermedades, los impactos ambientales y los conflictos sociales entre usuarios de los recursos naturales; reducir las pérdidas de producción mejorando la bioseguridad en la acuicultura. Usar menos antibióticos y sustituirlos por prebióticos y probióticos para reforzar el sistema inmunitario de los peces; buscar nuevas alternativas nutricionales sostenibles para la nutrición de peces; afrontar los desafíos de la acuicultura de una manera más holística, integral y participativa incorporando los principios y recomendaciones del ‘Código de Conducta para la Pesca Responsable de la FAO’ (http://www.fao.org/3/a-v9878s.pdf; http://www.fao.org/3/a-w4493s.pdf) y el enfoque ecosistémico a la acuicultura (http://www.fao.org/3/i1750s/i1750s.pdf); desarrollar otras prácticas más sustentables, y que ya se están implantando en Chile como son el llamado Sistema de Recirculación Acuícola (RAS, por sus siglas en inglés) o la denominada acuicultura multitrófica integrada, en la que el agua es tratada antes de que vuelva al mismo ciclo productivo para minimizar su impacto. En estos sistemas, los residuos son aprovechados por mejillones o moluscos y por un tercer nivel con algas o microalgas, de manera que se limpia las aguas a la vez que se generan nuevos cultivos; diversificar la acuicultura en Chile para desarrollar una acuicultura sostenible. Existen oportunidades y desafíos para agregar nuevos recursos a una canasta productiva nacional que se ha llenado solo con dos productos: salmónidos y mejillones. Algunas especies con potencial de desarrollo acuícola regional son las macro y microalgas; en moluscos son los ostiones, abalones, ostra del Pacífico, culengue, loco y macha, en relación con los peces el hirame, corvina, dorado, hacha, cabrilla, sargo, cojinoba y congrio; ampliar los centros de alta mar (acuicultura oceánica) para minimizar el impacto visual y ecológico del cultivo.

Pronto tendremos en Chile la conferencia de carácter medioambiental COP25. Se cree que aquí la lupa estará puesta en las empresas acuícolas. ¿Qué pasos cree que podrían dar las compañías, sobre todo salmonicultoras, para asegurar al mundo una producción y una oferta de alimentos marinos sustentable?

La FAO tiene un rol de apoyo para el Gobierno de Chile para COP25. Específicamente la FAO está en conversaciones con el Ministerio del Medio Ambiente y el Ministerio de Agricultura para apoyar en el tema de contenidos para la definición y organización de la agenda de actividades. Los temas prioritarios para el Gobierno de Chile en que FAO está apoyando con conocimiento técnico son: océanos, bosques, género, agricultura, NDC partnership, biodiversidad, economía circular y desperdicios orgánicos, seguridad alimentaria, poblaciones indígenas y jóvenes. En términos concretos, el director general de la FAO participará en las reuniones de alto nivel y diversos técnicos en los eventos paralelos. Específicamente esperamos que FAO coordine diez eventos paralelos. Junto con ello, la FAO trabaja en una campaña de medios para sensibilizar el público general de la importancia de los temas de la COP25. En el marco de la COP25 también se está realizando el Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en el cual la FAO contribuye con los contenidos para los ODS 2, 12, 14 (Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible) y 15.

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La FAO también ha desarrollado un conjunto de herramientas para impulsar estrategias de adaptación para la pesca y la acuicultura ante el cambio climático basada en tres aspectos centrales (i) adaptación institucional, (ii) adaptación de los medios de vida y (iii) reducción y gestión de riesgos para la resiliencia. La aplicación efectiva de estas herramientas ayudará a las comunidades pesqueras y acuícolas a adaptarse al cambio climático, reducir la pesca excesiva y gestionar de manera sostenible los océanos (fuente:  http://www.fao.org/publications/card/es/c/CA0356ES/).

La adaptación al cambio climático es fundamental para el desarrollo sustentable de la pesca y la acuicultura en Chile. En este contexto nace el proyecto ‘Fortalecimiento de la Capacidad de Adaptación en el Sector Pesquero y Acuícola Chileno al Cambio Climático’, el cual es ejecutado por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) y el Ministerio del Medio Ambiente e implementado por la FAO con financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés). Este proyecto se desarrolla en un plazo de 42 meses, desde abril del 2017 a septiembre del 2020 y se está implementando en cuatro caletas piloto: Riquelme (Tarapacá), Tongoy (Coquimbo), Coliumo (Biobío) y El Manzanillo-Hualaihué (Los lagos). El proyecto apunta a generar acciones e instalar capacidades de adaptación a nivel regional, nacional y local a través de tres componentes principales: (i) fortalecimiento de las capacidades institucionales público y privadas, (ii) mejoramiento de la capacidad de adaptación a la pesca artesanal y acuicultura de pequeña escala y (iii) fortalecimiento del conocimiento y sensibilización sobre el cambio climático en las comunidades pesqueras y acuícolas.

Las empresas salmonicultoras en Chile deben abordar la sostenibilidad de los recursos en el largo plazo, no solo el valor económico de las concesiones. Por ejemplo, se deben hacer esfuerzos para mejorar la planificación y manejo espacial para lograr una gestión ambiental más apropiada que considere aspectos de capacidad de carga, sobre todo a nivel de ecosistemas (o cuerpos de agua).

En el marco del cambio climático lo que podemos hacer ahora en Chile es: (i) reconocer que el cambio climático también trae oportunidades, (ii) innovar y/o diversificar las prácticas productivas habituales, (iii) adoptar prácticas acuícolas sustentables, (iv) mejorar nuestros conocimientos, incrementando los sistemas de observación y monitoreo oceanográfico, y capacidades de investigación, (v) contar con organismos técnicos capacitados, (vi) establecer o reforzar asociaciones del sector público y privado y (vii) difundir las causas y efectos del cambio climático.

¿Qué mensajes finales le envía a los Estados y a la sociedad en general?

En un contexto de aumento poblacional, la seguridad alimentaria y nutricional es un nodo crítico que no se puede concebir únicamente como una preocupación del futuro. Por el contrario, los gobiernos nacionales deben entenderla como una prioridad, en particular en un escenario de agudización de los fenómenos climáticos adversos y ralentización de la economía mundial, fenómenos que afectan tanto la disponibilidad como el acceso de los alimentos y, en consecuencia, incrementan la morbilidad por causas nutricionales y el hambre.

Con el aumento de la riqueza, la conciencia sobre la salud y el crecimiento de la población mundial, así como la dependencia continua del pescado como fuente de proteínas por parte de las comunidades costeras pobres, la demanda de productos acuáticos está aumentando. Los niveles actuales de pesca de captura silvestre son insostenibles y están disminuyendo. La acuicultura es un componente clave para cerrar la brecha entre demanda y oferta.

El crecimiento continuo de la acuicultura podrá lograrse mediante mejoras en el uso eficiente de los recursos y el aumento de la resiliencia de nuestros sistemas de producción, marcos institucionales y legales adecuados, mejores prácticas de gestión y directrices para el desarrollo sostenible, y una mayor inversión en innovación tecnológica y financiera.

Es importante señalar que en América latina y el Caribe es fundamental continuar promoviendo, en el marco legal de la alimentación escolar, la inclusión de los productos de la pesca y la acuicultura, toda vez que constituyen importantes fuentes de nutrientes para el desarrollo saludable de la población, particularmente de aquella en edad escolar.