Algas nocivas: Que nos pille confesados

En el 2016, tanto la acuicultura como la pesca artesanal se vieron afectadas por dos eventos de floraciones de algas nocivas (FANs, también conocidas como bloom o más popularmente como marea roja), inéditas por su extensión, magnitud y consecuencias. Los negativos impactos económicos no solo fueron desastrosos para las respectivas actividades, sino que desataron un movimiento social de grandes proporciones y duración, gatillado por la demora en la adopción de medidas paliativas así como por un vertimiento de salmones muertos mar adentro, al cual se responsabilizó en un principio de la segunda floración.

Detrás de esto, había una expresión de evidente frustración por la fragilidad de las actividades económicas de la zona costera regional y por la falta de una imprescindible diversificación de cara a un futuro que, con el cambio climático, con alta probabilidad traerá más eventos como los evidenciados.

En ese entonces, desde la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) apoyamos esfuerzos tendientes a generar: sistemas de prevención, que al menos permitieran anticipar el riesgo de ocurrencia de estos eventos; de mitigación, centrados en la exploración de alternativas que permitieran algún grado de control de impactos, incluyendo esfuerzos de detoxificación de mariscos; y de diversificación productiva, estimulando el emprendimiento en agregación de valor de la pesca, desarrollo de gastronomía y turismo costero. No obstante, poco o nada se avanzó en materia de disposición y tratamiento de mortandades masivas de peces, que en 2016 llegó a 40.000 toneladas (t), evitando la saturación de las capacidades de extracción, transporte, tratamiento de mortalidad, acopio y el uso de ellas.

Tampoco se ha avanzado suficientemente en el desarrollo de tecnologías de detoxificación de mariscos contaminados y en sistemas que permitan estimar rápida y oportunamente las concentraciones de toxinas en mariscos, impidiendo el cierre de zonas más allá de los tiempos estrictamente necesarios.

El problema de la disposición y tratamiento de peces muertos no es solo técnico, sino que tiene complejas aristas políticas y sociales. Hechos posteriores a la crisis de 2016, así lo demuestran. En efecto, distintas comunidades en la región de Los Lagos, respaldadas por autoridades locales, han rechazado la instalación o ampliación de centros de disposición de residuos domiciliarios e industriales y ha habido rechazo al desembarque y disposición de peces muertos, luego del hundimiento en el traslado de ellos.

El escenario es tremendamente preocupante frente a la eventualidad, hoy altamente probable, de que ocurran nuevos eventos que pueden tener dos consecuencias posibles: mortandad masiva de salmones en cultivo y por otro lado, disposición de mariscos por efecto de acumulación de toxinas que impiden su comercialización, especialmente en la mitilicultura que hoy llega a casi 350.000 t anuales.

En el futuro pueden presentarse, con alta probabilidad eventos del primer tipo, del segundo, o ambos en secuencia, generando un desafío de disposición y tratamiento de especímenes muertos que hoy no solo no tiene respuesta factible, sino que esta se ve cada vez más limitada.

En consecuencia, en el marco de una nueva ocurrencia, otra crisis ambiental, social y económica no es solo posible, sino que parece altamente probable, con enormes efectos para la acuicultura, la pesca, y otras actividades económicas que se ven afectadas por la reacción social.

Este escenario demanda de un urgente trabajo público – privado, que integre al sector privado, incluyendo la acuicultura y la pesca artesanal; el Gobierno; las municipalidades; la academia y organizaciones sociales vinculadas al tema, con el objetivo de encontrar soluciones que satisfagan las distintas miradas y den gobernabilidad y estabilidad a las soluciones. No es razonable ignorar este enorme y urgente riesgo, ello equivaldría a sentarse a esperar sobre una bomba de tiempo.

Bajo esas condiciones, es mejor que esta amenaza nos pille a todos confesados, y habiendo tomado las medidas con la oportunidad que exigen las circunstancias.