Esta publicidad se cerrará en segundos Cerrar

Clima, paisaje y salmonicultura

Hasta no hace mucho tiempo, era habitual escuchar que en el sur de Chile solo existían dos estaciones: el invierno y la del tren. Esta frase no refleja la realidad actual, las estaciones de trenes ya no operan y los inviernos son cada vez más cortos y menos lluviosos. A modo de ejemplo, en los últimos 90 años la ciudad de Puerto Montt (región de Los Lagos) pasó de recibir más de 1.900 mm anuales de precipitación a registrar en promedio 1.580 mm.  Es un hecho, el cambio climático es un concepto al que los “sureños” nos hemos tenido que acostumbrar.

En concreto, nuestras fuentes de agua dulce comienzan a evidenciar comportamientos ajenos a los que estábamos acostumbrados. Lamentablemente, como el agua, en cantidad y calidad, nunca fue un problema, los esfuerzos destinados a conocer, conservar y/o recuperar los atributos de las cuencas que la proveen han sido limitados. En el ámbito de la salmonicultura, esto es altamente preocupante, más aun si consideramos que a nivel país esta actividad concentra más del 11% de los derechos de agua no consuntivos. En efecto, las pisciculturas junto con las centrales hidroeléctricas de pasada son dos de los principales usuarios de los ríos y esteros del centro-sur de Chile.

A lo largo de la historia de la salmonicultura chilena, la conjunción entre altos niveles de precipitación y el uso de cuencas dominadas por bosque nativo, constituyeron un círculo virtuoso que permitió a las pisciculturas acceder a fuentes de agua con características ideales para la producción de ovas y alevines: caudales estables, baja amplitud térmica, limitadas concentraciones de sedimentos y nutrientes, y altas concentraciones de oxígeno disuelto. Pero, ¿qué está ocurriendo actualmente y qué pasará en las décadas venideras, donde se prevé conjuntamente una disminución de las precipitaciones y una sobredemanda de los recursos hídricos disponibles?

En general, la variabilidad natural del sistema tiende hacia una prevalencia de años lluviosos. Sin embargo, no es menos cierto que cada vez es más común la presencia de años extremadamente secos, donde los otoños parecen veranos y las lluvias se hacen presentes solo en invierno. Un caso extremo fue el acontecido durante el año 2016. En dicha ocasión el fenómeno de El Niño, uno de los más intensos hasta ahora registrados, significó en la zona centro-sur una brusca caída en los rangos de precipitación. Conjuntamente, la provisión de agua de ríos y esteros marcó mínimos históricos.

Por ejemplo, durante el verano y otoño del año 2016, el río Puelo, el cual cuenta con una de las series de tiempo hidrológicas más amplias de Chile, registró algunos de sus caudales más bajos de las últimas siete décadas. Más aún, según reconstrucciones realizadas en función de anillos de crecimiento de árboles, estos caudales serían de los menores de los últimos cuatro siglos.

De forma conjunta, durante las últimas décadas, el paisaje donde se emplazan las pisciculturas ha registrado un fuerte proceso de cambio de cobertura y uso de suelo, caracterizado por importantes procesos de deforestación y degradación del bosque nativo. Así, a nivel de cuenca, las pisciculturas ahora también coexisten con terrenos agrícolas e incluso con incipientes plantaciones forestales de rápido crecimiento.

¿Por qué es importante esta interacción? Esencialmente porque los procesos de cambio de uso de suelo aumentan la exposición de las cuencas del centro-sur de Chile a los efectos del cambio climático y por defecto el grado de vulnerabilidad de las pisciculturas de la industria salmonicultora. Actualmente no es extraño que los encargados de estas instalaciones reporten recurrentes problemas de disponibilidad de agua en periodos estivales, y fuertes detrimentos en calidad en otoño-invierno producto de eventos intensos de precipitación.

¿Se incrementará esta interacción en el tiempo? Si nada cambia, sí, principalmente en las áreas precordilleranas de las regiones de La Araucanía y el Biobío, donde la industria ha tendido a concentrar gran parte de su producción y los procesos de cambio de uso de suelo no decrecen.

¿Qué se estima relevante hacer? Resulta evidente que para reducir la exposición de las salmonicultura chilena al cambio climático urge, entre otros, conocer, cuantificar y proyectar la disponibilidad y calidad del agua en paisajes cambiantes donde la precipitación es cada vez menor y la demanda por agua es mayor.

En específico, creemos fuertemente que para asegurar la producción de ovas y alevines en los años venideros es necesario: i) trabajar en caracterizar las cuencas donde se emplazan las pisciculturas; ii) mitigar los forzantes responsables de las afecciones a la calidad y cantidad de agua; iii) predecir-anticipar periodos propensos a la ocurrencia de eventos climáticos anómalos; iv) identificar áreas donde el invertir en mayor tecnología y eficiencia (recirculación) es o será prioritario; y v) trabajar en el diseño e implementación planes o estrategias dirigidas a conservar y/o recuperar atributos biogeográficos que maximicen este, y otros servicios ecosistémicos de alto valor.