La trascendencia del equilibrio entre lo femenino y lo masculino

Los hombres y las mujeres estamos constituidos por energía femenina y masculina, haciendo prevalecer, una u otra, por razones biológicas y culturales.

Los historiadores se han explicado de distintas maneras porqué en los últimos cuatro mil años la mayor parte de la humanidad ha privilegiado el uso de la energía masculina por sobre la femenina, especialmente en el ámbito público. En este periodo, que se conoce como era patriarcal, se han sobrevalorado los comportamientos de competencia y la consecución de resultados, como se aprecia en la busca del éxito y la felicidad asociada a logros que moviliza nuestra cultura.

De las explicaciones ofrecidas, me hace sentido mirar la emergencia e instalación de esta fuerza como una estrategia adaptativa para enfrentar los desafíos del crecimiento exponencial de la población. Sea cual sea la interpretación que cada uno elija, esta manera de ser jerárquica, competitiva y orientada al logro es la que ha permitido satisfacer las necesidades de la mayoría de los habitantes de este planeta y nos ha sorprendido con avances científicos y tecnológicos, que han impactado positivamente en la calidad de vida de muchos seres humanos. No obstante, este desequilibrio expresado en falta de energía femenina (o exceso de masculina), no ha conseguido que este crecimiento se haga de manera sustentable, poniendo en riesgo los ecosistemas, amenazando seriamente la viabilidad de la humanidad.

Tenemos, por una parte, una estrategia adaptativa, que llevada al límite se ha convertido en una amenaza, y por otro, numerosos estudios en los que destaco al MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) con la Teoría U, que han demostrado que la energía femenina facilita la conexión de las personas consigo mismas, con las otras y de estas con su entorno, que son acciones indispensables para lograr la colaboración y el crecimiento sustentable.

Con lo anterior, es posible afirmar que los problemas que enfrenta la humanidad hoy son desafíos adaptativos, y que un camino para resolverlos es potenciar la energía femenina, a partir de la cual se creen maneras alternativas de hacer, que desafíen los paradigmas imperantes. Si bien lo femenino no es una fuerza exclusiva de las mujeres, son ellas quienes saben mejor cómo hacerlo, dado que han sostenido esta energía en el ámbito privado. Las mujeres pueden convertirse en facilitadoras de este nuevo proceso adaptativo, que implica un salto en el nivel de conciencia para la humanidad.

Potenciar lo femenino para generar espacios sustentables

Aunque hombres y mujeres tenemos disponible las energías femeninas y masculinas, nuestra deriva cultural ha definido cómo y dónde ponerlas en acción.

Hasta hace muy poco a las mujeres se nos educaba para utilizar nuestra energía femenina en roles culturalmente definidos como “femeninos” y a los hombres se los empujaba a hacer uso de su energía masculina en funciones “masculinas”, prácticamente reservadas para ellos y minimizando las acciones que puedan parecer femeninas.

Este encasillamiento de las energías en roles ha generado costos que se expresan a nivel personal, con insatisfacción y sufrimiento de las personas que no cumplen con los estándares que su comunidad implícita y explícitamente ha definido para ellos o ellas, o han debido restarse de funciones que han sido juzgadas como no adecuadas para su género. A nivel sistémico, este encasillamiento ha generado una separación, restringiendo lo femenino, casi completamente a lo privado, y lo masculino a lo público, perdiendo el potencial equilibrador que proporciona la energía femenina.

Potenciar lo femenino mediante el desarrollo de habilidades, competencias y sensibilidades para que sean desplegadas en el ámbito público, especialmente en sistemas jerárquicos y competitivos, es un camino para “jaquear” amorosamente el sistema y hacerlo más sustentable. Desarrollar lo femenino permitirá pasar de la competencia como principal estrategia de relacionamiento a la colaboración y de la desconfianza a relaciones mas horizontales y confiadas.

Incorporar lo femenino puede generar un cambio en el nivel de conciencia

Albert Einstein señaló: “Los problemas de hoy solo se resolverán con un nivel de conciencia distinto al que los creó”. En otras palabras, los problemas de hoy corresponden a las soluciones de ayer.

Desde mi mirada, este cambio de nivel de conciencia se logrará potenciando la energía femenina, propiciando de esta manera un equilibrio entre lo femenino y lo masculino.

Si bien este es un desafío tanto para hombre como para mujeres, estas últimas cuentan con un capital energético subutilizado que ha sido restringido al ámbito privado.

Normalmente las mujeres ejercen liderazgos desde modelos masculinos, desenvolviéndose en culturas jerárquicas y competitivas donde la única forma de operar es sumarse a las reglas del juego activadas por la energía masculina.

Las mujeres pueden ser una gran contribución a la solución de los desafíos emergentes desarrollando liderazgos más femeninos, promoviendo culturas con interacciones colaborativas, más horizontales e inclusivas, siendo genuinamente quienes somos.

¿Se ponen en riesgo los resultados?

No se trata de perder atención sobre los resultados, todo lo contrario. Potenciar el liderazgo femenino es una invitación a liderar poniendo foco en el propósito, a partir de la generación de contextos inclusivos y espacios conversacionales que faciliten la emergencia de ideas innovadoras; desarrollando a las personas para que formen equipos de trabajo comprometidos con un futuro compartido.

Existen numerosas evidencias que demuestran que organizaciones que mejoran su capacidad para conversar y se abren a modelos más colaborativos (habilidades femeninas) resultan ser más efectivas en términos de resultados y más atractivas para quienes las conforman.

*María Eugenia Figueroa será la conferencista central del Programa de Liderazgo Femenino para Mujeres del Sur de Chile.

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**Fuente de la foto destacada (de contexto): www.gestionydesarrollosostenible.com