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¿Qué nos falta para proteger el océano en Chile?

Chile cuenta con una extensa costa de aproximadamente 4.200 km de largo. En esta, la presencia de la corriente de Humboldt es responsable de que el país tenga uno de los ecosistemas marinos más productivos y diversos del planeta, con alrededor del 20% de las capturas pesqueras del mundo, con presencia de biodiversidad de importancia mundial y con altos grados de endemismos.

En la Conferencia sobre los Océanos de Naciones Unidas, realizada a principios de junio de 2017, el ministro de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz, señaló los avances que ha tenido Chile en materia de protección y conservación marina, destacando: “Próximamente sumaremos dos nuevos parques y áreas  marinas protegidas: en el archipiélago de Juan Fernández (de 480.000 km), y otro en la zona de Cabo de Hornos e Islas Diego Ramírez (de 100.000 km2), llegando a la histórica cifra de un millón de kilómetros cuadrados de mar protegido, posicionando a Chile como un líder mundial en conservación marina”.

Esto es un gran avance en materia de protección marina y no dudamos un compromiso genuino con la protección de los océanos. Sin embargo, existe un pero del que no se habla en los anuncios del ministro.

Actualmente, existe un megaproyecto minero y portuario Dominga, que pretende ubicarse a pocos kilómetros al sur de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt y de la Reserva Marina Isla Choros-Damas, las descargas de la mina y el puerto se ubicarían muy cerca de donde se inhabilitó la termoeléctrica Barrancones, y al igual que dicho proyecto cuenta con la oposición de organizaciones ciudadanas y ONGs.

En la misma dirección, no se puede dejar de mencionar el caso de Isla Riesco, en la que se aprobó una mina a carbón a cielo abierto, zona prístina de la región de Magallanes y de la Antártica Chilena, lugar de alimentación de ballenas jorobadas y del único parque marino continental, Francisco Coloane. La Mina Invierno, pretende instalar cuatro megaproyectos mineros más en esta zona.

El ministro del Medio Ambiente, Marcelo Mena, ha sostenido: “Debemos ser capaces de tener más áreas protegidas cercanas al continente y ecosistemas particulares de la Patagonia”. En este caso se avanzará en la creación de áreas marinas protegidas en la zona de Cabo de Hornos e Islas Diego Ramírez (región de Magallanes), y es certero cuando subraya: “Aún falta una visión más específica respecto a otras áreas a proteger cerca del continente“. Porque es necesario ir más allá y crear parques marinos donde existen importantes conflictos por el uso del territorio, como los lugares antes mencionados.

Con lo anterior hay que ser enfáticos y señalar que de nada sirve la declaración de áreas protegidas marinas de alto valor de conservación, si a pocos kilómetros se ubicarán proyectos altamente contaminantes, que solo convertirán estos esfuerzos en áreas protegidas de papel y destruirán toda la riqueza y biodiversidad presente en los lugares. De la misma manera, urge una planificación territorial global que defina prioridades de uso de los territorios (marino – terrestres) y que asegure la protección de áreas sensibles frente a proyectos de inversión que solo son rentables para quienes los generan y dejan una serie de pasivos ambientales para todo el resto de quienes habitamos el país.

Es de esperar que la propuesta de Política Oceánica Nacional que será entregada a fin de año a la presidenta considere dentro de otros aspectos la necesidad de crear más parques marinos a lo largo de toda la zona costera del país, en conjunto con una planificación adecuada del maritorio. Y que durante el próximo Congreso Internacional de Áreas Protegidas (IMPAC4) se sumen nuevas iniciativas de protección en zonas costeras.