El potencial formativo de la industria acuícola

Aun cuando se cree que la industria alimentaria acuícola tiene data reciente, la verdad es que durante miles de años las civilizaciones china y de la antigua Roma ya la cultivaban. Su identidad moderna, asociada al progreso tecnológico, la identifica como un importante contribuyente del suministro alimentario a escala mundial, teniendo, además, la particularidad de generar tantos empleos directos como indirectos en servicios, procesados y otras relacionadas, incluida la investigación.

La industria acuícola emplea personal altamente calificado en todos los niveles de la cadena, desde los productores hasta los equipamientos y proveedores de piensos, servicios sanitarios y veterinarios, investigadores, procesadores y comercializadores. Esta excelencia, le permite ser considerada como parte integral de la bioeconomía, campo de estudio interdisciplinario de gestión de la sustentabilidad que tiene por finalidad trabajar por un desarrollo socio-económico sostenible, a través de un uso eficiente de los recursos naturales en el que participan además de economistas, científicos de otras áreas como la biología, la física, la química, la ingeniería y otras, cuyos principios más relevantes están asociados al desarrollo de la capacidad para defender el medio ambiente y asegurar la capacidad de regeneración de la biodiversidad, al uso de recursos renovables y energías limpias para evitar la destrucción y contaminación de los ecosistemas y a la promoción de la mejora del bienestar y la equidad social.

Potenciar la acuicultura hacia una posición estratégica en el desarrollo regional y nacional implica que la propia industria tome la iniciativa en una serie de ámbitos que la pueden convertir en líder, como la incorporación de tecnología, la seguridad y calidad de la producción, la mejora genética o de los procesos de producción. Sin embargo, creo que una de las aportaciones más significativas para la sociedad puede estar en el campo del desarrollo de la formación y distribución del conocimiento, elevando con ello la calidad de la producción y el bienestar social.

Para ello, la industria debiera tomar la iniciativa y establecer fuertes vínculos con las instituciones formadoras y por esa vía, asegurarse la gestión eficaz y la transferencia de conocimientos y tecnología a etapas previas a la fase productiva, desarrollando currículos y asegurando la adquisición de competencias en relación con las necesidades de la cadena de valor de la acuicultura, en la creación de redes especializadas y eficaces para asegurar el éxito de la transferencia de tecnología y la aplicación de las innovaciones, con ello podría garantizar una formación y desarrollo de habilidades de las personas que trabajan en el sector y atraer profesionales cualificados.

La industria acuícola tiene el reto de enfrentar la percepción pública y preocupaciones del consumidor negativas respecto de los productos acuícolas, con especial atención a la calidad, la seguridad, el impacto medioambiental y la sostenibilidad, que, de mantenerse, pueden constituir un riesgo que redunde en una falta de personal calificado y motivado, no proporcionándoles un ambiente de trabajo seguro, atractivo, desafiante y gratificante, y en que la transferencia del conocimiento desde la investigación hacia la industria y hacia los políticos, entre en abierta duda.

Por ello, es estratégico para la industria invertir en un abanico más amplio de personas con educación superior, también en gestionar y transferir el conocimiento con mayor amplitud a los ciudadanos, especialmente de los resultados de las investigaciones que denotan beneficios para la población. Una política de extensión más allá de la comunicacional, es urgente en el sector.

Enfrentar estos desafíos implica que en materia de formación y desarrollo del conocimiento se deben promover intensivamente las oportunidades de formación permanente, formal e informal, en todos los niveles, como estrategia central para garantizar la transferencia y poder contar con técnicos y profesionales competentes e innovadores; explorar nuevos modelos y colaboraciones para el aprendizaje y asegurarse de que sean competentes para alentar el desarrollo de la promoción y la innovación en el sector; maximizar los itinerarios adecuados de promoción y satisfacción laboral; fomentar redes de colaboración entre los diferentes actores formativos y laborales, de modo que se creen vínculos eficaces entre la industria, las comunidades de investigadores y el amplio mundo laboral en el cual puede incidir no solo directamente, sino también de manera indirecta, como en la industria turística, en la gastronomía o en el desarrollo y puesta en valor de la riqueza patrimonial de nuestra región.