Acuicultura en Chile: Un año que abre oportunidades

El 2017 cerró con buenos indicadores para la acuicultura nacional, no solo en volumen de producción sino también mejorando su competitividad y rentabilidad lo que, en definitiva, sostienen el desarrollo de la actividad y su beneficio social en el territorio.

Después de años muy complejos derivados de impactos de la naturaleza y el mercado, el año pasado la salmonicultura cosechó 791.103 toneladas métricas, alcanzando ventas por US$4.650 millones, cifras mayores en 8,7% y 22,1 % el 2016, respectivamente. Esto se basó en una recuperación ostensible de indicadores de rendimiento productivo que redujeron significativamente los costos, mostrando mejores tasas de crecimiento de los peces, menor mortalidad y factores de conversión más eficientes. Ello se sumó a altos precios en los mercados, que permitieron alcanzar un punto de inflexión relevante.

Por otro lado, el mejillón chileno aumentó su producción, alcanzando 337.000 toneladas métricas de cosecha y US$209 millones de retorno, un 21% y 19% más que en 2016, respectivamente, a pesar de la dura caída que presentaron estos indicadores en 2015, logrando una mayor presencia y consolidación internacional. Paralelamente, el país dio pasos significativos para potenciar cultivos emergentes que diversifiquen la oferta nacional con horizontes y financiamientos realistas.

La proyección de la demanda por productos acuícolas genera una oportunidad que debe ser aprovechada por el país, haciendo de este quiebre una tendencia, y no solo un nuevo y favorable paréntesis. Los sectores financiero, comercial, social y político esperan ver, demostrablemente, un camino y una proyección con menos sobresaltos y con medidas preventivas frente a los riesgos. Con mejores números, es tiempo de ir cerrando brechas que consoliden esta ruta, tarea iniciada desde los programas estratégicos impulsados por Corfo y que también involucran a la autoridad sectorial que debería impulsar una regulación más simple, clara, transparente y basada en el mejor conocimiento científico disponible.

Carga biológica

Una simple mirada a la evolución histórica de la principal industria acuícola chilena demuestra que después de crisis que han mermado la biomasa, los indicadores productivos han mejorado y, en alguna medida, también los precios, lo que no sorprende al ser Chile un jugador relevante en el mercado. Detrás de ello ha habido menor carga biológica en los cuerpos de agua y medidas de emergencia que han tendido a controlar de mejor forma factores de riesgo derivados de fenómenos sanitarios o ambientales.

Todavía no hay respuestas concluyentes respecto de las cargas razonables en el uso de cuerpos de agua específicos y su relación con stress y enfermedades derivadas de una debilitada respuesta inmune de los peces, pero es tiempo de ponerle fuerza a esta tarea en la perspectiva de una industria que quiere entender la raíz de sus logros para traducirlos en investigación, tecnología, buenas prácticas y regulaciones, con proyección de futuro y sostenidas por la colaboración. El 2017 es un buen aliciente.