Derribando mitos

En las últimas semanas, la industria del salmón de Chile ha vuelto a estar en la opinión pública debido al rechazo que ha provocado su crecimiento productivo en la región de Magallanes. Los comentarios negativos han venido de parte de ONGs y autoridades locales, entre otros, quienes han centrado sus argumentos en el elevado consumo de antibióticos que emplea la actividad para combatir patógenos, como la bacteria intracelular Piscirickettsia salmonis.

La salmonicultura nacional ha estado realizado importantes esfuerzos por reducir el uso de antibióticos, presentando resultados destacables en los últimos ejercicios. En términos netamente estadísticos, en 2015 la industria cosechó una biomasa de salmónidos cercana a las 883.000 toneladas, empleando 631 kg de principio activo de antibióticos por tonelada de peces. En tanto, en 2018 la biomasa fue de 843.000 toneladas, mientras que el consumo de este tipo de fármacos cayó a 383 kg de principio activo/t.

Para lograr desacoplar el consumo de antibióticos de la producción de peces, la actividad ha invertido en ovas más resistentes a bacterias y/o de crecimiento más rápido, con el fin de evitar que los peces permanezcan en el mar en los meses de verano, que son los de mayor riesgo. Asimismo, ha aumentado el suministro de dietas de alta energía, que también acortan la etapa de engorda de los salmónidos en un par de meses. También se han adicionado boosters a las estrategias de vacunación, con el objetivo de ampliar la protección que otorgan estas terapias.

La industria ha desarrollado una serie de iniciativas y compromisos para seguir disminuyendo el uso de antibióticos. Por ejemplo, en 2016 un conjunto de productoras y proveedoras se unieron bajo el alero del Proyecto Pincoy con la meta de reducir el uso de antibióticos en un 50%, mejorar la salud de los peces, elevar el desempeño productivo, generar vínculos con la academia y autoridades y avanzar en la percepción de Chile como productor sustentable de peces, entre otros puntos.

Más recientemente, se puede resaltar el convenio firmado por SalmonChile con el programa Seafood Watch, promovido por el Monterrey Bay Aquarium (de Estados Unidos), también para disminuir el consumo de antibióticos en un 50% de aquí a 2025.

En todo este trabajo hay dos aspectos a destacar. Mientras que el salmón coho es la especie que menos consume antibióticos, muy por debajo del promedio de la industria, las que más emplean son el salmón Atlántico y la trucha arcoíris. Adicionalmente, en el caso particular de la región de Magallanes, se encuentra la mayor proporción de centros de cultivo certificados como libres de antibióticos, es decir, que no han realizado tratamiento alguno durante su fase de agua de mar.

La industria del salmón está invirtiendo fuertemente para mejorar los aspectos donde ha sido más criticada y, salvo casos puntuales, los avances han sido notorios. Falta, entonces, un mayor esfuerzo para comunicar y difundir con mayor efectividad esta información fundamentada, con el fin de que ello ayude a derribar los mitos que se están estableciendo en algunas comunidades. Para ello, se requiere del trabajo conjunto de todos quienes participan de esta actividad y establecer estrategias claras pensadas para cada público de interés.