La hora del cambio

En esta edición abordamos un tema importante para el desarrollo de las actividades productivas y que se relaciona con el cambio climático. Las disrupciones sobre los patrones a los cuales nos hemos acostumbrado en años de recolección de datos y desarrollo de nuestras actividades, son desafíos muy importantes y que debemos comenzar a enfrentar seriamente. Tendremos que modificar los protocolos que las empresas han venido diseñando para cualquier evento, lo que tendrá su expresión en el plano técnico de la producción y en la investigación necesaria para lograr modificar productos, procesos y la genética de los individuos para adaptarse, entre muchos otros aspectos.

Pero más allá de las varianzas del clima, el tema del cambio como un nuevo patrón en nuestras vidas y quehaceres es algo muy profundo y que cada vez llega con mayor celeridad a nuestras actividades. Por ejemplo, es evidente como las nuevas formas de comunicación han irrumpido de manera definitiva, teniendo muchas más expresiones y aplicaciones que están modificando profundamente la manera de comprar nuestros productos. Si bien no hace mucho comprar por Internet era una curiosidad y sobre lo cual existían ciertos resquemores, hoy vemos que en países desarrollados los grandes centros comerciales ya empiezan a quedar sin locales dado que las tiendas se han cambiado a una dirección remota para vender sus productos.

Para hacerse una idea a nivel local, se estima que en Chile el comercio electrónico llegó en 2016 a los US$2.800 millones, con tasas de crecimiento en torno al 20%, es decir, aumenta casi diez veces más rápido que el crecimiento de las ventas en tiendas físicas. Además, se proyecta que es cosa de tiempo para que los supermercados, uno de los principales puntos de venta del salmón y los productos del mar, modifiquen sus formatos de venta dada la potencial fuga de clientes que preferirán comprar por internet, ahorrándose tacos y desplazamientos por la ciudad.

Entonces, prepararse para los cambios significa innovar y adelantarse a los tiempos, aunque hoy es difícil adelantarse dada la extrema celeridad con lo que ocurren las nuevas aplicaciones y modificaciones. Tratar de mantenerse al paso en que van ocurriendo los acontecimientos ya sería un gran logro.

El salmón y los productos de la acuicultura se venden principalmente en los países desarrollados y es ahí donde estas nuevas aplicaciones se implementan primero. Adaptarse a estas nuevas realidades con nuestras capacidades internas en Chile será un doble desafío.

Ser líderes y mantener la oferta de productos de calidad en mercados sofisticados será distinto de como es hoy. Es lo único que podemos decir con certeza.