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Las potencialidades de la diversificación

Hace tiempo que la industria acuícola ha buscado la manera de diversificar su producción y lograr acompañar a la salmonicultura en su desarrollo. Actualmente, son unas 50 especies las que se han probado para tratar de hacer un manejo productivo adecuado aunque solo unas pocas han resultado viables y con buenos resultados.

Algunas de estas últimas son la industria del mejillón, hoy segundo productor a nivel mundial y sustento para muchos empresarios de Chiloé. También se encuentran casos relacionados con los abalones, dorado, ostiones, algas, erizos, congrio y, recientemente, estamos sumando un interesante proyecto en almejas que se perfila con fuerza.

Es importante diferenciar el desarrollo y posibilidades que la acuicultura puede dar para aquellas especies que son nativas y las introducidas. Es lógico pensar que la producción de las primeras pueda jugar un rol que ayude a desarrollar un nuevo producto y mercado pero que, además, desempeñe un papel de ayuda a la recuperación de las poblaciones silvestres de estos recursos.

Este segundo objetivo se podría lograr de mejor forma si una fracción de la siembra que las empresas realicen en sus estanques o praderas, se efectúe en lugares designados por la autoridad para repoblar áreas donde la especie ha sido diezmada o con bajos índices de presencia debido a la presión de extracción a la que ha sido sometida. Este es un rol social que gremios o empresas cultivadoras de especies nativas podrían asumir y les serviría como una iniciativa de inserción con las comunidades locales, aportando a la recuperación de recursos. Estas poblaciones silvestres son, a su vez, el sustento de la actividad pesquera artesanal y de buzos mariscadores de las localidades donde se desarrollan.

Como ha sido expresado en muchas oportunidades, la acuicultura tiene un gran potencial de desarrollo en el país y es muy probable que siga evolucionando tal como ocurre en otras naciones. Es cosa de analizar apuestas como la que están realizando actualmente las autoridades noruegas y que buscan pasar de las actuales 1,2 millón de toneladas anuales de salmónidos a poco más de 5 millones de toneladas de aquí a 2050. Para seguir evolucionando productivamente, tanto en Chile como en el extranjero, existen diversos fondos para la innovación que pueden ayudar a que este proceso se materialice.

Al observar la experiencia que hasta aquí se ha vivido, es importante constatar la necesidad de desarrollar más profundamente la relación de la acuicultura con los grupos de interés para tener la validación social de la actividad. De esta forma se evitará que la industria cultivadora sea vista por parte de la comunidad costera como una actividad separada de sus propios destinos, sino como una parte activa de un círculo virtuoso que aporta importantemente al mejoramiento de sus vidas.