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Los usos del borde costero

Dado los volúmenes productivos y retornos que está logrando la actividad acuícola chilena se puede aseverar que, sin duda, se está atravesando por un buen momento. Existen buenos rendimientos, altas tasas de sobrevivencia y positivos precios-promedio en los mercados que, aunque ahora están tendiendo levemente a la baja, se espera que al cierre de este año continúen siendo rentables y muy diferentes a los experimentados en 2015.

En este sentido, la eficiencia siempre debe ser una preocupación y es en los tiempos de bonanza cuando se deben y pueden realizar las inversiones necesarias para mejorar la gestión acuícola. En esta revista hemos analizado la necesidad y los espacios donde se puede avanzar en los aspectos logísticos y de infraestructura y que permitirían disminuir los costos productivos y de distribución de insumos, respetando –obviamente– las restricciones sanitarias que sean razonables.

Un importante elemento para tener presente al momento de analizar la eficiencia que presenta el sector acuícola chileno es considerar su superficie productiva. Referido a la industria del salmón, hoy posee 11.000 hectáreas que significan ventas por más de US$3.800 millones anualmente, es decir, cada hectárea genera un retorno promedio de US$345.000. El sector mitilicultor cuenta con unas 14.000 ha. y logra ventas anuales por US$280 millones, es decir, cada hectárea genera cerca de US$25.000.

Sin embargo, hemos sido testigos de la solicitud por más de un millón de hectáreas a través del Reglamento de Espacio Costero Marino de los Pueblos Originarios o ECMPO, las que se asumen estarán asociadas a algún proyecto o actividad para utilizar dicha superficie solicitada.

Es que la conservación también es un negocio rentable, que genera valor al ecosistema e, incluso, potencia la productividad de áreas aledañas, por lo tanto, es necesario que se determinen múltiples áreas de conservación tal como lo ha venido haciendo el Ministerio del Medio Ambiente de Nueva Zelanda. Acá, y a través de una estrategia de muchas áreas pequeñas distribuidas en los más diversos ambientes, existe una restricción total de cosecha o intervención, excepto para desarrollar actividades turísticas. Con estas medidas, el país isleño ha logrado aumentar la disponibilidad de semillas de todos los tipos de organismos marinos, generando un efecto amplio y potente productivamente en todas las áreas circundantes. Incluso, se han registrado movimientos de semillas o estados larvarios natatorios de ciertas especies que navegan miles de kilómetros antes de fijarse en su estado adulto.

Por lo anterior, es muy importante evaluar correctamente las demandas de los diversos agentes y comunidades que pueden tener actividades en el borde costero y lograr, de esta forma, el potenciamiento de unos y otros para alcanzar sinergias y aportar concretamente en la generación de valor que nuestro país y su gente necesita.