Más allá de las cuentas alegres

El 2018 fue un buen año para la industria acuícola-pesquera de Chile. Los salmónidos sobrepasaron por primera vez los US$5.000 millones en retornos, los mejillones se vieron afectados por precios promedio levemente menores -aunque con ingresos estables-, mientras que la incipiente industria de la seriola sigue creciendo a paso firme.

Igualmente, la industria pesquera nacional, que en un momento se vio severamente afectada por la sobreexplotación y el agotamiento de los recursos, hoy está presentando un positivo repunte en sus volúmenes de captura, los que crecieron en un 6,8% en comparación con 2017, lo que augura un futuro estable.

Los positivos resultados que se están logrando en diferentes ámbitos están llevando a la industria acuícola-pesquera nacional a tomar el natural rumbo de la consolidación. La primera en iniciar este proceso fue la actividad extractiva, que en 2012 pasó a comprimirse en solo cuatro grandes conglomerados. En 2018, en tanto, se pudo apreciar la conformación de la “nueva” AquaChile, que reúne a AquaChile, Los Fiordos, Friosur y Salmones Magallanes; o  la fusión entre las productoras de mejillón St. Andrews y Orizon, entre otras compras o adquisiciones.

Pero más allá de cuentas alegres que se traducen en inversiones, desarrollo nacional y local y generación de empleo de calidad, preocupa el persistente relato negativo que existe sobre las externalidades de estas actividades productivas industriales. Sin ir más lejos, la industria del salmón es apuntada de contaminar los mares y alterar el ecosistema por reconocidos chefs, líderes sociales e incluso autoridades, lo que pone un manto de dudas al otorgamiento de nuevas concesiones de acuicultura y al futuro desarrollo productivo.

En este sentido, quizás el punto más emblemático se relaciona con el consumo de antibióticos que hace la industria del salmón nacional para controlar –en gran medida– la Septicemia Rickettsial del Salmón y que, como se puede ver en esta edición, ha presentado un cambio en su tendencia. A pesar de una mayor producción de salmónidos (+9%), el empleo de antibacterianos ha disminuido a casi la mitad de lo empleado en 2016.

Es cierto, los niveles de antibióticos siguen siendo altos, pero la salmonicultura chilena ha adoptado diversas estrategias para cumplir con su compromiso de reducir el volumen a la mitad, esto sin contar con la adopción de certificaciones nacionales e internacionales que acreditan que todos los productos que llegan a la mesa de los consumidores no tienen trazas de antimicrobianos.

Tal como decía el analista Jorge Navarrete en la pasada edición de AQUA, es momento de que la industria acuícola-pesquera reaccione frente a los mensajes injustos y muestre más fehacientemente que está avanzando por el buen camino de la sustentabilidad productiva, social y económica.