Microsistemas detrás de los macrocambios

La acuicultura dio el salto a la escala industrial hace solo unos 50 años. Desde entonces ha tenido la capacidad de incorporar rápidamente nuevas tecnologías en respuesta a los desafíos de una actividad emergente, en medio de un inédito proceso de expansión científico–tecnológico global.

La producción controlada de organismos acuáticos, que recientemente alcanzó una producción global de 80 millones de toneladas y terminará por sustituir a la pesca extractiva de gran escala, mantiene importantes retos que se desprenden del cultivo intensivo bajo confinamiento, principalmente de orden sanitario y ambiental.

La enorme demanda proyectada por alimentos, que se duplicaría en menos de medio siglo, no admite duda sobre la urgencia de superar estas dificultades, sobre todo considerando que se trata de una actividad que es reconocida como pieza fundamental por destacados organismos internacionales -como la FAO y el Banco Mundial- para satisfacer la brecha alimentaria proyectada, pudiendo sobrepasar los 150 millones de toneladas hacia 2060.

Gran parte de las respuestas provendrán de la biotecnología. Esta ya está contribuyendo con herramientas que permiten la detección rápida de patógenos, desarrollo de vacunas, prebióticos, probióticos y alimentos funcionales de alta efectividad, los que terminarán por eliminar el uso de antibióticos y antiparasitarios, altamente cuestionados.

Asimismo, estos mecanismos permitirán seleccionar con indicadores genéticos las líneas de peces mejor adaptados a condiciones ambientales específicas, minimizando desadaptaciones y estrés que acaban por desencadenar enfermedades. Cabe recordar que hoy inciden en alrededor del 20% del costo de producción.

También debemos sumar las contribuciones de la nanotecnología: esta disciplina permite intervenir en la base misma de los sistemas biológicos fundamentales introduciendo agentes que permiten regular o estabilizar procesos, potenciar otros, y reconocer o modificar mecanismos de expresión genética. Además, se abren perspectivas que hoy ya se evidencian en los beneficios de la microencapsulación aplicada en alimentos, aditivos y fármacos, entre otros.

En otro orden, es completamente esperable que la nanotecnología permita también el desarrollo de materiales y compuestos que minimizarán impactos ambientales derivados de la acuicultura, como membranas de confinamiento en sistemas de cultivo, sistemas de remoción de contaminantes y materia orgánica en las áreas de producción, así como mayor tiempo de vida útil de los productos, materiales inteligentes de empaque que eliminarán su disposición final.

En esta edición, abordamos estos temas inevitables en el horizonte de la acuicultura y que tendrán enormes efectos sobre las formas de producción, distribución, relacionamiento con el ambiente y los grupos de interés, y con la propia regulación.

Una actividad económica responsable tiene en la actualidad la obligación de constituirse en antena tecnológica para descubrir estas tendencias y adecuar oportunamente sus estrategias como empresa e industria.