Aunque sus prácticas se basen en culturas milenarias, la acuicultura moderna es nueva a nivel mundial. De hecho, esta actividad en nuestro país es la última gran industria que se ha creado y que, en poco más de 30 años, está generando retornos por cerca de US$4.500 millones anuales.

Pero además de ser una actividad reciente, también se ha caracterizado por adoptar nuevas tecnologías que rápidamente han ido evolucionando hacia nuevas fronteras. El manejo de  las diversas variables productivas y ambientales que afectan a los centros de cultivo ha llevado a pensar en nuevas oportunidades y así es que muchas empresas y científicos están buscando la manera de hacer más sustentable y rentable la actividad acuícola. Muchos ejemplos de cambios importantes podemos observar al mirar retrospectivamente a la industria acuícola y nos podríamos recordar que  hace unos pocos años atrás eran sueños que todos imaginaban no realizables. Pero hoy nos golpean en la cara como el monitoreo en línea de variables ambientales y el manejo de información en cada centro de cultivo y nos recuerdan que el mundo productivo en la acuicultura no está definido. Por el contrario, todo está por realizarse.

De alguna manera, en Chile necesitamos recuperar la urgencia de la innovación y lograr nuevamente instalar el cambio como la tónica, invertir más en la búsqueda de nuevas tecnologías y atrevernos a ver nuevos horizontes que sean factibles.

En el ámbito del control sanitario, que desarrollamos en este número, una vez más entramos en mayores profundidades en el espacio que nos desafía permanentemente, el SRS, una enfermedad hoy considerada endémica y que está ampliamente distribuida y que, por los medios tradicionales, hasta el día de hoy ha resultado imposible de resolver.

Debemos esforzarnos para pensar fuera de la caja y apoyar muy fuertemente a los grupos de científicos y empresas que estén empeñados en encontrar soluciones innovadoras, distintas. Esa es probablemente la manera de lograr dejar atrás el gran problema del SRS que genera pérdidas anuales por más de US$700 millones.

La acuicultura en Chile no es solo salmón. Hay muchas otras industrias en desarrollo y otras incipientes que luchan por lograr consolidarse y generar productos y mercados. A la fecha ya se han realizado diagnósticos de las principales limitantes que tienen las industrias de los mitílidos, del ostión, abalón, la seriola y las algas, entre otras. Como país debemos buscar las maneras para impulsar estas industrias y lograr, a nivel regional, que se adopten medidas que permitan la ampliación de la producción, promoviendo la instalación de empresas proveedoras y productoras, para que en el corto plazo ya existan mayores volúmenes de operación para cada una de estas.

Una vez más, desde este espacio, deseamos incentivar el desarrollo de una noble actividad para que seamos activos en la búsqueda de otras maneras de pensar de forma de encontrar innovaciones que nos permitan alcanzar nuevos horizontes.