Si bien se trata de una producción mucho menor a la de Chile, Canadá sigue explorando el potencial de la acuicultura, con cosechas de salmónidos –concentradas en la costa este– que en 2016 totalizaron 124.658 toneladas, valoradas en alrededor de US$1.100 millones de dólares canadienses (US$848 millones). A ello, se suma el cultivo de moluscos que continúa expendiéndose por el país. Tal es el interés, que varias de las autoridades sectoriales visitaron la Feria Internacional AquaSur 2018, que se realizó en octubre pasado en Puerto Montt (región de Los Lagos) con el fin de reunirse con sus pares de otros países salmonicultores y conocer los últimos avances tecnológicos para el sector.

Uno de los funcionarios estatales que visitó Chile fue el director de Operaciones de Acuicultura de la Dirección de Gestión Acuícola del Ministerio de Pesca, Océanos y Guardia Costera de Canadá, Alistair Struthers, quien comentó que la producción nacional ha ido en constante avance, de la mano de una estricta regulación y acompañamiento del Estado, el que vela para que la actividad se desarrolle de manera sustentable y amigable con el medio ambiente.

Hoy, la salmonicultura canadiense goza de positivas condiciones sanitarias, con enfermedades que están bajo control y con un manejo del piojo de mar o sealice que busca disminuir al máximo el uso de químicos. No obstante, al igual que nuestro país, en ocasiones la industria se ve enfrentada a situaciones de contingencia, como son los blooms de algas o eventuales escapes de salmónidos. ¿Cómo enfrentan estas materias? Aquí, Alistair Struthers entrega su visión.

¿Cuál es la actual situación sanitaria de la industria del salmón canadiense? ¿Cuáles son las enfermedades más recurrentes?

En general, la industria mantiene condiciones sanitaria de muy alto nivel. La Agencia Canadiense de Inspección de Alimentos (CFIA) y el Ministerio de Pesquerías y Océanos de Canadá (DFO) han implementado en conjunto el Programa Nacional de Salud de Animales Acuáticos (NAAHP), que juega un rol fundamental en el tratamiento de enfermedades de peces, moluscos y crustáceos. Este programa permite al país certificar que sus exportaciones de productos del mar están libres de patógenos de importancia internacional.

Respecto de las patologías más recurrentes, la CFIA, bajo la Ley de Salud de los Animales, tiene la responsabilidad de prevenir la introducción y propagación de enfermedades de animales, incluidos el salmón salvaje y de cultivo. Desde el 2012, esta agencia ha enumerado los casos confirmados de enfermedades notificables para peces, moluscos y crustáceos. En el caso de la Anemia Infecciosa del Salmón (ISA) es recurrente en el área del Atlántico canadiense. IHN, en tanto, es una enfermedad que suele aparece en los stocks silvestres de salmón coho y ha sido mitigada satisfactoriamente en los stocks de cultivo mediante la vacunación. Otros patógenos menos significativos son Aeromonas salmonicida, Yersinia ruckeri y Renibacterium salmoninarum, que son detectados cada cierto tiempo, pero que han tenido un manejo efectivo.

¿De qué manera controlan el sealice?

El sealice en los stocks silvestres ha sido mitigado, por mucho tiempo, a través de la gestión del parásito dentro de los centros de cultivo mediante una serie de estrategias de tratamiento químicas y no químicas, incluyendo el uso de pesticidas y fármacos, separación de los cultivos, descansos y promoción de dietas saludables. Hay que destacar que la industria ha logrado grandes avances en la reducción de su dependencia de medios químicos para el control de patógenos o parásitos, siendo uno de los usuarios de medicamentos más bajos en todos los sistemas de producción de alimentos de Canadá. Actualmente, más de la mitad de los sitios de producción no usa pesticidas o antibióticos.

La industria canadiense, ¿debe cumplir o responder a ciertos programas que aseguren buenas prácticas de cultivo? ¿De qué forma se comprueba su buen comportamiento?

Los acuicultores deben cumplir con el Programa Nacional de Salud de los Animales Acuáticos de Canadá (NAAHP), donde la CFIA es la líder federal. El objetivo del NAAHP es prevenir la introducción y propagación de enfermedades de los animales acuáticos y es fiscalizado bajo la Ley de Salud de los Animales. La mencionada ley autoriza a los inspectores de la CFIA a tomar acciones relacionadas con cualquier animal que pueda verse afectado por una enfermedad. Bajo la misma ley, la Agencia ha refinado sus programas, implementando el Reglamento de Salud de los Animales, el Reglamento de Enfermedades Reportables y diversos documentos de políticas públicas.

Bajo el NAAHP, de igual forma, la CFIA utiliza un enfoque de gestión de enfermedades basado en el riesgo, que refleja listas definidas de enfermedades notificables a nivel federal, enfermedades de notificación inmediata y anual, y las especies de peces, moluscos y crustáceos susceptibles a estas patologías. De igual forma, se pueden tomar medidas, en cualquier momento, respecto de posibles enfermedades que no aparezcan en las listas.

En Chile, la regulación está tendiendo a ser más estricta en términos de densidad de cultivo. ¿Cuál es la situación para los salmonicultores canadienses? ¿Hay regulaciones en este ámbito?

Aunque la densidad no está regulada de manera prescriptiva, los titulares de las licencias de cultivo deben responder a un Plan de Administración de Salud de Peces (FHMP) como parte de las condiciones de sus permisos. Este plan dicta los principios sanitarios que deben seguirse y los cultivadores deben desarrollar los procedimientos de operación que se indican con el fin de resguardar la salud de los peces. Uno de esos principios dicta que se requiere de un ambiente de cultivo adecuado para mantener a los ejemplares saludables. De ese modo, a pesar de que no hay un documento específico sobre densidad, las empresas, con el fin de mantener un ambiente saludable, deben mantener un número de peces adecuado en sus jaulas.

Contingencias

Sabemos que la industria acuícola canadiense suele ser afectada por bloom de algas. Chile también ha tenido este tipo de problemas los últimos años. ¿De qué manera están abordando ustedes estas situaciones? ¿Qué tipo de tecnologías parecen dar mejores resultados?

La industria canadiense ha alcanzado un muy buen conocimiento sobre la proliferación de algas. Estos blooms ocurren en ciertas épocas del año y bajo ciertas condiciones. Normalmente, una floración comienza en una ubicación similar y luego comienza a extenderse. La industria utiliza esto como un sistema de alerta temprana para prepararse para algo mayor. Cabe destacar que se toman muestras rutinariamente para medir el tipo e intensidad de la floración.

En cuanto a las principales medidas que se suelen tomar para reducir el impacto está la colocación de lonas o cortinas alrededor del perímetro de la matriz de la jaula para evitar que la floración entre. Asimismo, se reduce la alimentación y los manejos, pues, de ese modo, los peces permanecen en profundidad y decrece el consumo de oxígeno. También se utiliza la instalación de cortinas de burbujas alrededor de las jaulas, con el fin de contener la floración. A ello se suma el uso de sistemas de levantamiento de aire para promover el surgimiento de agua libre de algas desde la profundidad.

Con un enfoque más preventivo, los Planes de Administración de Salud de Peces y las condiciones de las licencias de acuicultura recomiendan hacer constantes monitoreos de la calidad del agua y contar con planes de contingencia ante estos eventos. De igual forma, el personal de los centros está altamente capacitado para identificar algas nocivas y saben muy bien qué planes deben activar una vez que se alcanza el umbral de riesgo. Aunque esto no tiene que ver con tecnología, contar con personal capacitado y un programa de monitoreo sólido es una de las estrategias más importantes para el manejo de un bloom de algas.

En cuanto a los escapes de peces, ¿cómo son abordados en Canadá?

En Columbia Británica no tenemos desafíos significativos con los escapes. Estos se gestionan a través de las condiciones de licencia, que estipulan que el titular debe contar con un plan de prevención y respuesta ante estos eventos. Además, debe notificar al DFO de cualquier escape, o evidencia de escape, dentro de las 24 horas posteriores al descubrimiento. La notificación debe incluir la fecha y la hora del suceso y cualquier agente terapéutico administrado a los peces a través del alimento. También se debe presentar al DFO un informe de seguimiento completo, a más tardar, siete días calendario después de la fuga o sospecha de fuga.

En general, las políticas apuntan a evitar los escapes mediante la instalación y mantención adecuada de sistemas de contención. La infraestructura debe ser constantemente monitoreada y reparada en caso necesario. Además, si ocurren eventos, se deben tomar medidas inmediatas para evitar que esto vuelva a suceder, enviando informes al DFO.

Esta última entidad opera un programa llamado “Atlantic Salmon Watch”, bajo el cual los salmones recapturados se devuelven al Gobierno y son sometidos a evaluación. También se monitorea el agua dulce con el fin de observar si el salmón Atlántico escapado puede volver a desovar. Sin embargo, se ha visto que la sobrevivencia de esta especie escapada es muy baja y aunque se ven algunos adultos en el entorno de agua dulce, no se han observado poblaciones de desove en los 30 años en que el programa ha estado en funcionamiento.