En abril pasado, y luego de siete años, Rodrigo Rosales culminó el periodo del Directorio que Presidía. En dicho periodo, el líder gremial –que pasó a ser director de la entidad– impulsó el fortalecimiento del gremio frente a las comunidades y autoridades, apoyó la realización de campañas nacionales e internacionales de promoción del producto y potenció los alcances del Intemit, el brazo técnico-científico del gremio.

El nuevo presidente de la AmiChile es biólogo marino de la Universidad Católica del Norte,  ha trabajado en las áreas de las algas y exploraciones marinas, sin embargo, gran parte de su vida profesional la ha dedicado a la industria de los mejillones, específicamente, al procesamiento de estos moluscos al participar de la construcción y administración de las principales plantas situadas en Chiloé.

Desde 2013 que trabaja para St. Andrews S.A. y en septiembre de 2016 asumió la Gerencia de Asuntos Corporativos, cargo pionero en la segunda industria acuícola más importante del país y que en 2018 exportó más de 80.000 toneladas netas por un equivalente a US$209 millones. “Mis actuales labores involucran abordar temas atingentes a la compañía en su conjunto, desde apoyo al área comercial, plantas y cultivos, hasta las relaciones con la comunidad, un aspecto muy importante en los tiempos actuales”, adelanta Papic.

Usted asumió la presidencia de la AmiChile por un periodo de dos años. ¿Cuál es la situación actual del gremio? ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta?

Tal como ha declarado Rodrigo Rosales, el presidente saliente, AmiChile ha dado un salto muy importante en el quehacer gremial y en la representación de sus asociados. Se ha logrado consolidar la profesionalización del equipo, convirtiéndola en un referente técnico, productivo y económico en el país.

En este momento, la AmiChile cuenta con 55 socios, que representan las áreas de captación de semillas de mejillones, cultivo de engorda, servicios asociados al sector productivo, comercio y plantas de proceso. 60% de los socios de AmiChile corresponden a medianas y pequeñas empresas dedicadas a la mitilicultura.

El principal desafío es continuar con las gestiones que hemos venido desarrollando en el marco de la planificación estratégica de AmiChile, donde buscamos acercar el sector a la comunidad; fortalecer la relación con las autoridades y, por supuesto, mantener la fidelización de nuestros asociados. También estamos buscando la unidad del sector para que la actividad crezca de manera segura y sostenible, previendo los requerimientos de los mercados y consumidores finales.

Durante años, las exportaciones de mejillón de Chile se han concentrado en Europa y, más recientemente, Estados Unidos, Argentina y Rusia. ¿Qué otros mercados advierte con potencial real de crecimiento?

Sin duda Asia y Europa del Este, en donde se están haciendo muchos esfuerzos por fortalecer y crecer la demanda; por lo que esperamos dar un salto importante en algún momento dentro de estos países donde los mejillones chilenos están siendo demandados por su gran aceptación basado en sus excelentes atributos de calidad y seguridad alimentaria.

Casi desde sus inicios, la AmiChile ha promocionado campañas de consumo nacional. ¿Qué importancia advierte en el mercado interno y cuánto se ha avanzado?

Sin duda es importante que el mercado interno crezca, que se siga incentivando el consumo de alimentos sanos como lo son los pescados y mariscos, entre ellos, el mejillón chileno; y que los habitantes de Chile disfruten de este excelente y sano producto.

El hito más relevante es que los mejillones están formando parte de las dieta de los niños, en la alimentación escolar de la región de Los Lagos; gracias al Programa Estratégico Regional (PER) de Corfo Los Lagos para la Mitilicultura y la coordinación con otras asociaciones gremiales, la Junaeb los incorporó en sus menús con atrayentes preparaciones. Esperamos que en un futuro cercano pase lo mismo en todos los colegios del país, pero también en otras instituciones estatales. Además, hay una creciente oferta de productos de primera calidad en Chile, a través de ferias libres, salas de ventas, servicios de hotelería, banquetería y cafés, llegando a diferentes segmentos de la sociedad chilena.

Una de las principales preocupaciones de sector son las floraciones de algales. ¿Cómo se están preparando para estos eventos?

Lo principal es la educación de la población y eso es algo de lo cual nos debemos sentir responsables todos los que participamos en esta actividad, junto con aquellas otras actividades que trabajan con otras especies propensas de contaminarse con toxinas marinas. Pero, sin duda, el pilar fundamental es el monitoreo y control del medio marino que, gracias al trabajo que realiza la Autoridad Sanitaria, el IFOP, el Programa de Sanidad de Moluscos Bivalvos y el control de producto final que administra Sernapesca, además de desarrollo de nuevas técnicas de detección temprana de microalgas y/o toxinas, pronósticos de condiciones atmosféricas y oceanográficas, entre otros, hacen que en Chile estemos cada día más preparados para enfrentar estos eventos y comercializar con mayor seguridad aún los productos finales.

La industria del salmón ha iniciado un proceso de concentración de empresas. En la industria del mejillón, en tanto, se unió St. Andrews y Orizon. ¿Cree que puedan aparecer más adquisiciones y/o fusiones en la mitilicultura??

La industria mitílicultora es muy dinámica, los mercados son muy exigentes, los costos de producción son altos y los precios de ventas son bajos, por eso la industria padece de una crisis de rentabilidad, porque objetivamente los resultados de los últimos años no han sido buenos para la industria a nivel general; por lo tanto, al no ser un “negocio fácil”, puede ser que siga habiendo cambios a futuro.

¿Qué posición tiene usted respecto de las relocalización de las concesiones en la industria acuícola? ¿Cuál es su visión acerca de la Ley de Relocalizaciones de MItílidos?

Todo lo que signifique ordenamiento territorial es bueno. En ese sentido, la Ley de Mitílidos tiene una noble función, así como también la formalización de la actividad de producción de juveniles de mejillón (semillas) sin la cual la industria no existiría. Lo importante es que esta ley sea práctica, que se amolde a la realidad del sector, que permita crecer a todos los que participan en la actividad y a los que quieran sumarse a ella, por lo cual nos sentimos agradecidos hacia las autoridades por todas aquellas instancias en que se nos ha permitido participar como AmiChile y también en conjunto con los otros gremios del sector, para que esto resulte así.

Sin embargo, en este tema hemos sido bien críticos con el ejecutivo y los parlamentarios. Si bien se han logrado avances y los senadores miembros de la Comisión de Intereses Marítimos, Pesca y Acuicultura, han incorporado una mejora al proyecto para permitir que las concesiones de mitílidos que requieran ajustes cartográficos para regularizar su ubicación, no pierdan el carácter indefinido con que fueron otorgadas, para nosotros, esto es útil pero no suficiente, porque insistimos en la necesidad de que todas las relocalizaciones a que hace mención la Ley de Mitílidos, no solo los ajustes cartográficos, mantengan el mismo régimen jurídico con que fueron otorgadas. Para ello, hemos presentado a los parlamentarios una serie de argumentos, técnicos y jurídicos pero lamentablemente no hemos tenido la acogida deseada. Hacemos un llamado a quienes legislan, para que comprendan que, para que se logre el ordenamiento territorial esperado,  se requiere que todas las concesiones puedan mantener el régimen indefinido con que se otorgaron, incentivando así la relocalización.

Otro punto, sobre el que tampoco estamos de acuerdo es que los parlamentarios y el ejecutivo hayan cambiado el sentido al proyecto de ley al restringir el proceso de relocalización solo dentro de una misma comuna. En este sentido, solicitamos que esta medida vuelva a ser analizada, corregida y mejorada. Lo que planteamos, es que exista este mecanismo, permitiendo la relocalización entre comunas, pero estableciéndose los resguardos necesarios para evitar que centros de engorda de mejillones se trasladen a zonas semilleras o a áreas en que su relocalización pueda afectar el desempeño de los cultivos existentes por aumento excesivo de la densidad de cultivo (capacidad de carga), materia que debiese ser parte del correspondiente reglamento asociado a esta ley.

El ejecutivo y los senadores de la Comisión de Pesca también han diseñado, que la entrega de los permisos especiales se realice en función a tres llamados o convocatorias, el primero de ellos permitiría que postulen sólo captadores históricos, el segundo los mitilicultores/engordadores, y el tercero para ser destinado a que postulen acuicultores: no salmonicultores ni mitilicultores. Sin embargo, solicitamos que se pueda perfeccionar el tercer llamado o incorporar un cuarto para la entrega de permisos especiales, permitiendo que cualquier persona, natural o jurídica, que no sea salmonicultor o mitilicultor/engordadores pueda solicitar estos permisos.

Entendemos que existe un avance en esta materia, pero insistimos en que la actividad no debe cerrarse, todo lo contrario, debe abrirse a que toda persona o entidad interesada pueda también acceder a los permisos especiales en los espacios de captación restantes de las áreas semilleras actuales si los hubiera o, en otras áreas semilleras en que no hubieran captadores históricos o, en aquellos sectores que por incumplimiento normativo hayan caducado, y/o en nuevos espacios destinados para ese efecto por la autoridad acuícola.

En la industria acuícola se ha discutido bastante acerca de los efectos de la Ley Lafkenche. ¿Cuál es su visión respecto de las demandas de los pueblos originarios?

Las demandas son totalmente legítimas, todos buscamos reconocimiento tarde o temprano, es natural y humano y en este caso es fundamental que cuidemos nuestras culturas ancestrales. Lo que pasa es que una cosa es el buen ánimo de la ley y otra es cómo ha impactado su implementación y uso. La actividad mitilicultora no alcanza a ocupar 12.000 hectáreas de mar para desarrollar los cultivos en general y, con eso, somos los segundos productores de mejillones frescos del mundo. Otras actividades acuícolas, como el cultivos de salmónidos, no usan más de 14.000 hectáreas de mar, sin embargo, en lo que va desde la implementación de la Ley Lafqueche, se han solicitado más de tres millones de hectáreas de mar, varias de las cuales han sido otorgadas, lo que ha generado impacto en todas las actividades que usan el borde costero y el mar, como la pesquería artesanal, la actividad portuaria, concesiones marítimas y concesiones marítimas para acuicultura, entre otros.

Todos vemos con preocupación que las actividades económicas se frenen o paralicen por efecto de esta ley, ya que una solicitud admisible paraliza todo lo que esté en trámite por años; y de acogerse y entregarse a perpetuidad, una ECMPO se abocará solo a su plan de administración. Por eso es importante lo que se está haciendo a nivel de Gobierno Regional, por ejemplo, mesas de trabajo donde todos los usuarios del borde costero y mar exponen sus demandas y luego, junto con las comunidades indígenas, se decide qué desafectar para lograr una convivencia armoniosa entre todos los usuarios.

¿Qué visión tiene respecto del desarrollo de proveedores y, además, de la inversión en I+D? ¿Cree que la mitilicutura nacional necesita avanzar en estos aspectos?

Por supuesto que hay que avanzar en este sentido. Educar en temas de inocuidad alimentaria, sustentabilidad y buenas prácticas acuícolas, desarrollar nuevas tecnologías de cultivo y de proceso, de embarcaciones, nuevos productos, nuevos empaques amigables con el medio ambiente, valorización de residuos y reciclaje, disminución de la huella de carbono a través de procesos y tecnologías eficientes, son algunos de los aspectos donde avanzar. Todos participamos de esto: proveedores, científicos, mitilicultores, colegios, autoridades o ciudadanos, entre otros, pero todos nos veremos beneficiados a la larga.