La Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol considera al chileno Marcos Cornez como uno de los arqueros más goleadores de la historia al marcar 24 tantos durante su carrera deportiva. Durante su paso por Deportes Antofagasta (1991-1993), en la ciudad del mismo nombre y donde también se desempeñaban jugadores de la talla de Pedro Reyes o Mario Véner, tuvo como uno de sus suplentes a un joven cadete que comenzaba su educación universitaria. Se trataba del actual director del Laboratorio de Patología de Organismos Acuáticos y Biotecnología Acuícola de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Dr. Ruben Avendaño Herrera, quien, además, se ha convertido en uno de los científicos más destacados en el área de salud de peces.

“Me gustaba mucho el fútbol, quería seguir en este deporte, pero mis padres me motivaron e insistieron para que estudiara en la universidad. Finalmente me inscribí en Ingeniería en Acuicultura en la Universidad de Antofagasta”, añora el prolífico científico que solo entre 2013 y 2016 puso su nombre en 32 papers publicados en revistas internacionales con la mayoría de ellas en calidad Q1.

Gracias a la guía del profesor Dr. Carlos Riquelme, desde mediados de la década de 1990, Avendaño se comenzó a interesar en bacterias que afectaban a especies hidrobiológicas, tanto así que a principios del 2000 se trasladó hasta España para realizar un doctorado en Biología en la Universidad de Santiago de Compostela, lugar donde pudo conocer más sobre la bacteria filamentosa Tenacibaculum maritimum, “que causa mortalidades en especies como el rodaballo, dorada y salmón”. Incluso, dichos estudios dieron lugar a una premiada tesis que sirvió de base para la elaboración de una vacuna por parte de la farmacéutica multinacional Hipra y que sigue vigente hasta el día de hoy.

De regreso en el país, su primer destino fueron los laboratorios de la chilena Veterquímica, compañía donde comenzó los estudios que terminaron dando pie para el desarrollo de vacunas contra patógenos como Flavobacterium psychrophilum, Yersinia ruckeri, Aeromona salmonicida y/o Vibrio ordalli, entre otras.

Al cabo de unos años, el Dr. Avendaño llegó a la UNAB, lugar donde comenzó a levantar un moderno laboratorio y un afiatado equipo de investigadores que le han permitido abordar, básicamente, cinco líneas de trabajo: antibióticos; patógenos emergentes; diagnóstico; patogenicidad, virulencia y modelos de desafío; y taxonomía microbiana. Gracias al desarrollo de asertivas investigaciones, el Dr. Avendaño ha entregado un sinfín de asesorías, capacitaciones y servicios en salud de peces a empresas acuícolas o entidades de Gobierno.

Con base en Viña del Mar (Región de Valparaíso), este científico también está impactando a la acuicultura nacional e internacional a través de una activa participación en entidades como Fondecyt o el Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola (Incar). Este último tiene un presupuesto de US$15 millones por diez años y Avendaño participa como investigador principal y representante institucional de su casa de estudio.

En términos de patógenos, ¿cómo aprecia el estado sanitario que tiene actualmente la industria del salmón de Chile?

Siempre he tenido una mirada crítica, pero con base. Por ejemplo, hoy en Chile tenemos 33 vacunas registradas contra la Septicemia Rickettsial del Salmón (SRS) y se siguen produciendo más. ¿Por qué no hemos sido capaces de juntar a cuatro o cinco expertos para que le den una solución a este problema? Falta una política de país que permita administrar de forma más efectiva los recursos y con el objetivo de evitar financiar proyectos que no llegan a nada o que ya se han realizado con anterioridad.

Además, veo que actualmente todos están muy concentrados en SRS, pero el problema se arrastra desde agua dulce. En Chile, y dada la acción de la Flavobacteria, se utilizan 20 toneladas de antibióticos en esta fase, mientras que en Noruega se emplean kilos. Este es un volumen que debe ser reducido y principalmente mediante mejora de en los procedimientos de cultivo.

En la etapa de agua de mar, Noruega vive con un patógeno que es similar a SRS. Se llama Francisella, pero lo tienen controlado gracias a una adecuada política acuícola.

En forma más específica, ¿a qué apunta su crítica respecto de la política acuícola?

Es que advierto que tenemos una sobrerregulación que no ataca el fondo de los problemas. Solo las formas. Por ejemplo, hoy un médico veterinario puede prescribir el uso de antibióticos, pero en ninguna parte se analiza la experiencia o calidad que debe tener este profesional. Asimismo, se reune información sobre el uso de los antibióticos, pero los antecedentes sobre los resultados de las terapias de campo son escasas o nulas, lo que impide analizar el uso de estos compuestos.

También veo mucha preocupación por sacar una multa porque la mortalidad se encuentra en un lugar donde no debe estar, pero no nos estamos fijando en restringir el movimiento de los peces durante la fase de agua dulce o la calidad que tienen los smolts al momento de ser certificados. Entonces, creo que estamos poniendo nuestros esfuerzos solo en cumplir, de poner el check, pero no de una mejora más profunda a los procedimientos que tiene la industria y que han terminado aumentando los costos.

En Chile ha estado recrudeciendo lo que llaman las enfermedades emergentes. ¿A qué se refieren con este término y cómo aprecia ésta situación?

El término emergente se utiliza cuando un patógeno aparece en un lugar geográfico donde nunca había estado presente o se detecta en una nueva especie. Pasó con el Streptococcus phocae, que nunca había estado en Chile y que de las focas (de ahí su nombre phocae), pasó a los salmónidos. Hoy sabemos que hay dos subespecies, una en focas y otras en salmónidos y que este último no afecta a las truchas.

También se les llama emergentes cuando cambian de grupo serológico. Recientemente publicamos un estudio donde damos cuenta de un serotipo O2b de Yersinia ruckeri que afecta a salmón coho. Esto nos permite concluir que no estamos preparados del todo ya que la vacuna no cuenta con este serotipo y menos que fue desarrollada para este salmónido.

Cuando la prevalencia es mayor, también se le puede llamar emergente. Hay casos en BKD que estamos analizando dado las diferencias que hemos advertido a nivel de pruebas de patogenicidad y virulencia.

En general, diversos actores están hablando de la resistencia que producen los antibióticos. ¿Qué opina sobre esto?

Que el sistema es muy amplio, diverso y sabemos poco. Por ejemplo, hace unos años se dijo que se había descubierto una Piscirickettsia enana o que, también, había una nueva especie. No obstante, el año pasado, junto con el Dr. Alejandro Yáñez de la Universidad Austral de Chile, miembros del Incar, así como el Post-Doc Dr. Cristian Oliver, confirmamos que lo que se llamó Piscirikettsia enana o nueva especie correspondía efectivamente a una vesícula externa de membrana de origen proteíco que libera la bacteria y que es un factor de virulencia muy importante. La mayoría de los grupos que trabajan hoy con este patógeno y otros similares están utilizando este nuevo conocimiento.

En definitiva, hoy no se puede saber correctamente si el uso de antibióticos está causando resistencia en todos los aislados de P. salmonis presentes en el medio acuático, ya que se necesitan estudios más profundos.

¿Podría ser este desconocimiento la causa de que en Chile se utilice un alto volumen de antibióticos?

Efectivamente, hay casos en que utilizamos elevados niveles de antibióticos porque nos falta conocimiento. Estimo que hay que utilizarlos solo cuando corresponda. Si el valor MIC (Concentración Inhibitoria Mínima) para florfenicol de un aislado de campo es mayor a 16, no hay tratamiento que sirva. Los peces no se salvarán, pero igual realizan los tratamientos.

En Chile se han financiado investigaciones para determinar la resistencia, pero con resultados que en su origen metodológico no son comparables y no permiten generar conocimiento ni tampoco emplearlos para la correcta toma de decisiones. Incluso, estos estudios han tenido que ser repetidos y eso es lamentable, porque es tiempo y recursos perdidos. En ocasiones se realizan, pero los resultados no son compartidos con los actores de la industria. Para mí, un estudio debería ser accesible o público si los recursos en su parcialidad o totalidad son financiados con dineros estatales. Además, este conocimiento debe ser validado en una publicación, ya que si no está publicado en una revista científica, con un comité editorial conocido, no existe.

Entonces, ¿qué alternativas quedan?

Se podrían alternar los antibióticos pero, por temas de mercado, algunos tienen restricciones. Hay otras opciones que están siendo investigadas, como terapéuticos específicos para bacterias intracelulares, pero pueden ser utilizarlos solo una vez. Ahí está el problema.

Por ello que estimo que las vacunas son la solución, pero hay que saber cómo hacerlas y no olvidar que también es importante conocer la realidad de la estructura de la población de cada patógeno en las distintas especies de salmónidos así como en las distintas áreas geográficas de nuestro país. Tenemos que sentar a los que saben para que las hagan. Es un tema país y en Chile existen varios grupos especializados, pero no podemos seguir financiando de manera individual sino generando un esfuerzo en conjunto. De otro modo tendremos la vacuna número 34 o 35 en el corto tiempo, pero sin mayor efecto.