Desde enero de 2019, el tradicional grupo noruego ligado al cultivo de salmónidos, Marine Harvest, cambió de nombre. Volviendo a los orígenes de la compañía y recordando a sus fundadores, que fueron pioneros en la actividad, pasó a llamarse Mowi. Desde entonces, el holding ha estado trabajando en campañas de difusión que permitan que todos sus actores relacionados estén al tanto de este importante paso.

En Chile, el encargado de liderar este proceso es Fernando Villarroel, gerente general de Mowi Chile, quien, luego de estar por cerca de diez años ocupando importantes cargos en la producción de salmónidos en Canadá, regresó a nuestras tierras en 2017 para hacerse cargo de las operaciones de este gigante en el país. Según sus palabras, el nuevo nombre –que se destaca por su simpleza y versatilidad en términos de marketing– ha sido bien recibido, tanto por trabajadores, como por proveedores y clientes.

Pero el cambio de nombre no es todo en la agenda del ejecutivo. Cuando asumió sus funciones en 2017, en la hoy Mowi Chile, se propuso el objetivo de lograr que la compañía retome el posicionamiento perdido, fundamentalmente, a causa de la crisis del virus en 2007 y por otros eventos que también la golpearon fuerte con posterioridad, como el bloom de algas de 2016, que la hizo perder más del 40% de la producción. Y en eso ha estado trabajando, cosechando en los últimos ejercicios positivos resultados. En 2018, la empresa se ubicó como el cuarto principal exportador de salmónidos del país, con retornos cercanos a los US$360 millones, un 7% más altos en comparación con 2017. Además, está mostrando positivos indicadores productivos y sanitarios.

A contar del 1 de enero, Marine Harvest pasó a llamarse globalmente Mowi. ¿Cuáles son las principales razones de este cambio?

Todo partió cuando se empezó a definir una estrategia de marca, a nivel de grupo. Dentro de ella, comenzó a sonar muy fuerte el nombre Mowi. Este reconoce los orígenes de la empresa y resultó potente también desde el punto de vista de marketing. Fue así como se tomó la decisión de que esta sea marca ancla global en el futuro. Sin embargo, más tarde se analizó que si se iba a cambiar la marca, sería apropiado cambiarle el nombre a la compañía también. De esa forma, desde los primeros días de enero, la empresa cambió de nombre y de razón social. Ahora, estamos en proceso de difusión en las comunidades y dentro de la organización, lo que no ha sido fácil, puesto que cuesta olvidarse del nombre Marine Harvest. Hay que aclarar que esto no implica modificaciones en la estructura propietaria u organizacional del grupo, tampoco cambios que puedan afectar a los trabajadores, proveedores o clientes.

En cuanto a Chile, ¿qué impacto se espera que tenga el cambio de nombre?

Pensando a futuro, para nosotros significa una posible expansión de la oferta actual del producto. Significa una oportunidad de desarrollar la marca Mowi, que debería abrir mayores oportunidades para la empresa y para los trabajadores. Hasta ahora, no hemos observado ningún comentario negativo, ni de clientes ni de proveedores, sobre todo cuando uno aclara que no significará ningún cambio para ellos. El principal impacto será en las comunidades. En muchos lugares nos siguen llamando Marine Harvest. Somos muy identificados con ese nombre. Pero con el plan de difusión de marca que estamos preparando, esperamos avanzar.

Mejores números

El cambio de nombre, de Marine Harvest Chile a Mowi Chile, coincide con la que parece ser una nueva etapa para la compañía, con números más positivos y un mejor desempeño en términos sanitarios y de costos. ¿Concuerda con ello?

Son coincidencias. Pero, efectivamente, creemos que estamos retomando nuestra posición de liderazgo en Chile, así como también a nivel global. La idea es posicionarnos dentro de las mejores unidades de negocios del grupo Mowi, donde competimos con las operaciones en Noruega, Islas Faroe, Canadá, Irlanda y Escocia; ese es nuestro objetivo a largo plazo. Hasta ahora, hemos tenido un desarrollo positivo en importantes indicadores. En términos de sustentabilidad, logramos una gran reducción en el uso de antibióticos en 2018; más de un 50% en comparación con el año anterior. Eso es algo que hemos celebrado. En términos de costos, también hemos visto que las acciones que iniciamos el año pasado han dado buenos resultados. No nos propusimos reducir por reducir, sino que nos enfocamos en una optimización de los procesos y en una mejor gestión de compra. Tuvimos bastantes logros en 2018, lo que nos sitúa en una situación compleja para 2019, puesto que la meta ahora es hacerlo aún mejor.

A nivel local, ustedes han criticado la normativa propuesta en torno a la densidad de cultivo. ¿Podría explicar cuál es la visión de la compañía?

En este tema nos han posicionado como que estamos en contra. La verdad es que estamos de acuerdo con que la producción de salmónidos en Chile no puede crecer indiscriminadamente. Tiene que haber cierto control; lo hemos dicho desde el principio. Pero para llegar a eso, debe haber un mayor peso de los parámetros biológicos y los resultados de las empresas. También estimamos que es necesario establecer menos licencias, pero más grandes y distanciadas entre sí. Donde discrepamos fue en la forma y los tiempos cómo ocurrieron los cambios. Empresas como la nuestra tienen muchas dificultades para explicarle a los inversionistas las constantes modificaciones regulatorias que existen en el país. En los últimos trimestres siempre aparecían cambios; otro más era casi imposible de explicar.

Y en cuanto al proceso de relocalizaciones, en el cual se lleva años trabajando sin muchos avances, ¿cuál es su apreciación? ¿Cree que se requiere mayor agilidad?

Creo que a este proceso se le debe dar la prioridad y celeridad que requiere. Es algo fundamental para el futuro de la industria, para que podamos lograr una operación sustentable, principalmente, en el ámbito sanitario. Ojalá podamos avanzar y, a través de fusiones o consolidaciones de licencias, lograr menos espacios, pero más distanciados. Lo cierto es que aquí necesitamos una alineación de las distintas entidades públicas involucradas, con el fin de que estos cambios, tan importantes para el sector, se hagan rápidamente.

Escape de peces

En los últimos meses, Mowi Chile ha tenido bastante exposición debido al escape de unos 690.000 peces desde su centro de cultivo Punta Redonda. ¿En qué está esa situación, sobre todo respecto de los cargos presentados en su contra por la Superintendencia del Medio Ambiente?

Confiamos en el sistema judicial chileno y esperamos que las autoridades apliquen con nosotros los mismos estándares que aplicarían a cualquier empresa de origen nacional. Este proceso tomará su tiempo. Presentamos nuestros descargos y estamos muy confiados en lo que hemos hecho. Actuamos con total transparencia, hemos prestado colaboración en todo momento con las autoridades y entidades regulatorias y, como compañía, tomamos medidas tal vez inéditas para la industria, como el involucramiento de los pescadores artesanales en la recaptura y la implementación de un programa de monitoreo de corto y largo plazo que hemos establecido en el Estuario de Reloncaví. Lo cierto es que pretendemos seguir todos los procesos legales que existan. Estamos conscientes de que hubo un escape, pero también estamos tranquilos de que fue un evento de la naturaleza que no pudimos predecir, donde actuamos de la mejor manera posible.

Los principales argumentos de las autoridades tienen que ver con el presunto daño ambiental que estas situaciones pueden generar. ¿Han estimado qué impacto podría tener este último escape?

El riesgo de que haya un impacto a largo plazo creemos que es mínimo y por varias razones. Una de ellas es que la pesca artesanal fue muy eficiente para recapturar gran cantidad de estos peces. Nosotros vimos lo que ocurrió en los días posteriores al evento: hubo mucha pesca y comercialización de salmón. Por otro lado, el salmón Atlántico (Salmo salar), que es la especie que escapó, está altamente domesticada y carece de aptitudes para alimentarse por sí misma fuera de sistemas de contención. Además, no existe evidencia científica que haya descrito establecimientos de salmón Atlántico en la costa del Pacífico, desde Alaska hasta Magallanes, a pesar de los esfuerzos que se hicieron el siglo pasado por introducir la especie. Por alguna razón, esta no ha sido capaz de reproducirse en condiciones naturales en estas aguas.

De todas maneras, ¿qué lecciones les deja esta situación?

Tenemos claro que no podemos descartar la ocurrencia de estos eventos. Las condiciones climáticas cambian y cada vez nos vemos más expuestos a situaciones extremas que tal vez no hemos vivido. Por ello, internamente, hemos reforzado nuestra área técnica. Estamos trabajando con proveedores de jaulas y fondeos para mejorar el estándar que se usa en la industria, tener niveles de seguridad más altos y podamos afrontar una situación extrema de mejor manera.

Planes a futuro

Varias de las grandes productoras de salmónidos de Chile han iniciado operaciones en Magallanes. ¿Tienen planes o están interesados en lograr presencia en esa zona? ¿Les parece atractivo?

Planes concretos no tenemos. En dicha región no hay posibilidades de crecimiento orgánico, a no ser que ya esté establecido. Existe una moratoria para nuevas licencias y nosotros no tenemos presencia en solicitudes o concesiones ya existentes. Nuestra posibilidad en el futuro sería a través de la adquisición de alguna compañía. Sobre si nos resulta atractivo, por supuesto que sí. Facilitaría nuestra diversificación geográfica y podríamos dividir nuestro riesgo sanitario en tres en vez de dos (regiones). Es una zona con mucho potencial, pero también ponemos atención a lo que han planteado algunos productores de allá, quienes han manifestado su preocupación por un posible empeoramiento de la situación sanitaria. Algunos han sido muy críticos sobre cómo se está aumentando la producción y sobre cómo dicha zona, aislada, ha dejado de ser tratada como tal.

¿Cuáles son los planes y metas para Mowi Chile en el corto y mediano plazo? ¿Cuál es la producción estimada para 2019?

De acuerdo con nuestro último reporte, la proyección de producción indicada para Chile es de 63.000 toneladas de salmón Atlántico. Esto representaría alrededor del 10% de la producción de esta especie estimada para el país. Con este crecimiento podríamos regresar a la producción que teníamos antes de 2016. En términos de inversiones, estamos considerando realizar una modernización de la piscicultura y la planta de proceso que tenemos en Aysén. También queremos realizar un reemplazo de equipos, con el fin de elevar nuestros estándares. Nuestro objetivo, siempre, es mejorar para así competir de igual a igual con los demás países productores. No podemos conformarnos con nivelarnos internamente, si nuestros verdaderos competidores están afuera. Creo que Chile, como productor de salmón, tiene un futuro brillante y podemos desarrollarnos mucho más si es que lo hacemos bien.