Forever Ocean es una compañía con base en Virginia, Estados Unidos, y cuyo objetivo es “revolucionar la maricultura, usando ingeniería avanzada, biología y cultivos para entregar peces de alta calidad”. En dicho camino, la empresa con filiales en Hawaii (Estados Unidos) y Panamá, emplea soluciones escalables, integradas, automáticas y amigables ambientalmente.

En relación con las tecnologías empleadas, la empresa fundada en 2014 por Jason Heckathorn basa sus operaciones en la creación de sistemas de cultivos diseñados en conjunto con la compañía aeroespacial Lockheed Martin, permitiendo realizar operaciones a distancia en ambientes offshore.

Se puede destacar que, para la producción acuícola, Forever Oceans cree firmemente que se puede alimentar el mundo pero, a su vez, cuidando y preservando el medio ambiente. Por lo anterior, sus ejecutivos son enfáticos en señalar que sus operaciones evitan la polución, los escapes de peces, el uso de antibióticos y el uso de productos de baja calidad.

Para cumplir con sus ambiciones en el marco de la apertura de sus cultivos en el Sudeste Asiático, específicamente en Indonesia, Forever Oceans contrató al ingeniero pesquero e ingeniero en Administración de Empresas con postítulos en el ámbito de los negocios, Óscar Garay.

El ejecutivo, con más de 30 años de experiencia a nivel nacional e internacional, ha trabajado como director de Agua Dulce de Marine Harvest Chile (hoy Mowi Chile), Fjord Seafood y, hasta junio, se desempeñaba como gerente regional de AquaChile Magallanes. Hasta principios de octubre, también era el líder de la Asociación de Productores de Salmón y Trucha de Magallanes.

-En Septiembre, asumió el cargo de presidente y COO de Forever Oceans Indonesia (FOI). ¿Podría comentar los detalles?

Es una empresa norteamericana que está abriendo operaciones en distintos países para cultivar especies nativas de alto valor y con un foco en la sostenibilidad y la tecnología. En mi caso en particular, es en el Sudeste Asiático, específicamente en Indonesia. Estamos recién comenzando, con los Estudios de Impacto Ambiental, pero la meta es producir en tres años 18.000 a 20.000 toneladas en este país de un tipo de seriola cuyo nombre común es Amberjack. Estimamos que llegaremos a tener alrededor de 240 personas trabajando directamente en la empresa y el doble de eso en forma indirecta. Lo que no incluye la planta de proceso.

-Específicamente, ¿qué cargo asumirá y qué metas le solicitaron?

Ya asumí como presidente de la empresa y mi principal objetivo fue crear la empresa, lo que ya está logrado; obtener los permisos medioambientales, lo que ya está en proceso; y comenzar con la operación del proyecto lo más pronto posible, lo que esperamos suceda a partir de enero o febrero del próximo año.

-Independiente de su reconocida experiencia, ¿por qué estima que la compañía se fijó en un acuicultor chileno?¿Qué características reconocen en los ejecutivos nacionales?

La empresa ya tiene contratado en otras partes del mundo a chilenos, específicamente en Panamá. Valoran mucho la experiencia que los acuicultores chilenos tienen en esta materia, el excelente nivel de conocimiento y el alto nivel de profesionalismo que, en general, los profesionales chilenos tenemos y por lo que podemos trabajar en cualquier parte del mundo creando valor para las distintas empresas en las que trabajamos. Es por eso que, con orgullo, veo a compatriotas y colegas trabajando en Estados Unidos, Canadá, Australia, Arabia Saudita o países de Europa y Latinoamérica, aportando con sus conocimientos a distintas empresas de acuicultura alrededor del mundo. Espero poder contratar a un gerente de Piscicultura y a un gerente Offshore de Chile para que me ayuden a desarrollar este interesante proyecto.

-En lo personal, ¿cómo toma este desafío? ¿Qué lo motivó a desempeñarse laboralmente en otro país?

Asumí este desafío como una tremenda oportunidad para seguir contribuyendo al desarrollo de la acuicultura mundial. Es otra especie, pero los objetivos y los preceptos son los mismos. Contribuir de la manera más sostenible posible a la alimentación mundial. Especialmente en esta empresa que, como parte de sus valores esenciales, es la producción sustentable y ética. No se concibe de otra manera.

Por otra parte, es una empresa que mezcla tecnología y producción, que está desarrollando sus propios sistemas de apoyo y tecnología. En la parte de piscicultura, trabajaremos con recirculación, algo que a estas alturas es ya tradicional, pero en el mar es en cultivos offshore, con jaulas sumergidas y no existe actualmente desarrollada una adecuada tecnología para cultivos offshore, desde las cámaras apropiadas para trabajar bajo presión, hasta el sistema de alimentación, sensores o robots, entre otros, son todos elementos que la propia empresa ha tenido que desarrollar. Afortunadamente, contamos en Hawai con nuestra base experimental donde hemos estado desarrollando y testeando los diferentes sistemas y mejorando la nueva tecnología.

-Si bien lleva solo unas pocas semanas, ¿qué impresión le ha dado la industria y país donde se desenvolverá? ¿cuáles son los desafíos y oportunidades?

Indonesia es un país realmente hermoso, sus playas, los arrecifes de coral, la calidad y variedad de sus peces y mariscos y la extremada amabilidad de su gente, son elementos que me han sorprendido gratamente. Obviamente hay una diferencia cultural, este es un país musulmán, aunque muy moderado. Es el cuarto país más grande del mundo en habitantes, con 266 millones de personas. También es extremadamente grande territorialmente hablando, posee más de 17.000 islas, algunas muy extensas y diferentes entre sí. El idioma es distinto, aunque es fácil de aprender. Espero que, en unos pocos meses, pueda estar hablando Bahasa, ya que muy poca gente habla inglés y obviamente eso es una limitante.

El desafío es crear aquí una industria tan exitosa como la chilena con el salmón, pero tratando de tener una mejor relación con las comunidades y con una política de transparencia y puertas abiertas total desde el principio. Creo que en nuestra industria en Chile hemos hecho muchísimo para contribuir a la economía del país, haciendo las cosas bien y mejorando mucho en los últimos años, desde el punto de vista medioambiental y de relacionamiento comunitario, pero muy poca gente sabe realmente cómo operamos y eso deja la puerta abierta para que organizaciones ambientalistas radicales distorsionen la realidad. No quiero que eso pase aquí y la única forma de combatir esto es con información y transparencia. Me motiva, además, ser un pionero en este tipo de industria, tal como lo fui con la industria del salmón 32 años atrás, ayudar a desarrollar nueva tecnología para el  cultivo offshore y contribuir al desarrollo económico de esta zona.

Chile

-Antes de trasladarse a otro país, usted se desempeñaba como presidente de la asociación de salmonicultores de Magallanes. ¿Qué sensación le dejó su paso por este gremio

En realidad, hasta hace unos cuantos meses atrás era el director de Farming de Salmones Magallanes, cargo que ocupé por ocho años y medio y, al mismo tiempo, fui vicepresidente de la asociación por el mismo período. Temporalmente, asumí la presidencia por el gran cariño que le tengo a la industria del salmón y, en particular, a Magallanes. Me parecieron injustas las críticas a la industria y vi con mucha preocupación como estaban tomando fuerza algunos proyectos de ley que sencillamente significarían un tremendo retroceso para lo que ha logrado la salmonicultura en Magallanes. Me hubiese gustado ver un real avance en relocalización de los centros, una aceleración del proceso de definición de las solicitudes de EMCPO y una solución racional al tema de las caducidades de los centros por no operación.

Supuestamente, todos dicen querer una mejor industria, pero las soluciones se entrampan por ignorancia, por inoperancia, por política e incluso hasta por desidia.

-A su juicio, ¿qué se desafíos representa para Magallanes el crecimiento que ha presentado la industria del salmón allá y, además, el cambio de actores, más grandes y globales?

Tenemos muchos desafíos. Primero, el desafío sanitario. Debemos cuidar lo que tenemos. Tener los mejores índices de sobrevivencia de toda la industria, mejor que Noruega incluso, comparable a Islas Faroe, es algo que nos debe llenar de orgullo, pero también es un incentivo a trabajar para mantener e incluso mejorar dichos índices.

En segundo lugar está el desafío medioambiental. Aquí, más que en cualquier otro lugar del mundo, no solo tenemos que hacerlo bien, sino que perfecto, dada la presión que tenemos de trabajar en una región, la más extensa de nuestro país y donde más del 60% de su superficie es parque nacional.

En tercer lugar se encuentra el desafío del relacionamiento comunitario. Se ha avanzado bastante en los últimos años, pero queda muchísimo trabajo por delante en aspectos como, por ejemplo, la competencia con otros grupos de interés por el espacio marítimo. Lo último,  a pesar de que la región es la única de todo Chile donde se realizó un proceso de zonificación. No obstante, han ido surgiendo más interesados en el espacio marítimo y se han creado nuevas comunidades que no estaban vigentes ocho o nueve años atrás cuando este proceso se realizó y, por lo tanto, no lo validan o reconocen.

-Con todo, ¿cuál es su reflexión respecto del futuro de la industria del salmón en Magallanes y Chile?

La región tiene un futuro brillante en la medida que la dejen desarrollarse como es debido. No para crecer mucho más, ya que su producción ya está cerca del tope de lo que se puede hacer con el limitado número de concesiones que existen, sino para desarrollarse y cerrar su ciclo en la misma región. Hay proyectos en ejecución y otros que están congelados esperando una mayor claridad para poder realizar las inversiones necesarias en esa línea pero, dado el modelo de producción existente, donde hay pocas empresas por barrio, existen barreras naturales para los movimientos oceanográficos y en donde el patrimonio ambiental y sanitario es una real preocupación de las empresas que conforman esta asociación, no existe impedimento alguno, excepto el que pueda venir de las propias autoridades y legisladores, para que la industria se termine de consolidar y contribuir significativamente al desarrollo y bienestar de sus habitantes.