La acuicultura se alza como una de las grandes soluciones para alimentar a una creciente población mundial. Donde haya disponibilidad de agua, dulce o salada, se pueden producir diferentes especies para el consumo humano. El problema es que, a nivel mundial, no existen muchos conocimientos y/o profesionales expertos en el área. No hay que olvidar que esta actividad, a nivel industrial, es relativamente nueva. No más de 50 años.

En este ámbito, algunas de las naciones que tienen mayor experiencia en el cultivo de recursos hidrobiológicos son Noruega y Chile. Por ello, sus profesionales son reconocidos y altamente demandados por parte de empresas u organizaciones de países que recién desean implementar un sistema productivo o crecer en términos de cosechas.

Un ejemplo de lo anterior es Rubén Álvarez, chileno, ingeniero acuícola de la Universidad de Antofagasta quien, apenas se tituló en 1988, inició un interesante camino al interior de la industria del salmón que le permitió desempeñarse en casi todas las áreas productivas. En 2008, y luego de llegar a ser gerente de Producción de Agua de Mar de Marine Harvest Chile, recibió una interesante propuesta de trabajo desde Arabia Saudita y con base en la ciudad de Jeddah.

Posteriormente, y luego de un breve paso por Nueva Zelanda, a fines de 2017, Álvarez tomó el cargo de CEO de la salmonicultora Petuna Aquaculture, la que, en la zona de Tasmania (Australia), produce cerca de 65.000 toneladas de salmón Atlántico y trucha arcoíris, lo que significa ventas por AUD$1.000 millones anuales, monto que ya buscan duplicar para 2030.

Se puede destacar que la compañía tiene varios centros de cultivo en Strahan, uno en Rowella, así como una piscicultura RAS en Cressy, “que cubre el 100% de nuestras necesidades de ovas, alevines, smolts. Además, contamos con una moderna planta de procesos en Davenport, mientras que las oficinas de ventas se encuentran en Sídney. Las oficinas corporativas se ubican en Launceston y Davenport”, puntualiza el ejecutivo chileno.

-¿Qué es lo que recuerda de su experiencia en la producción de camarones en Arabia Saudita?

Fue una excelente experiencia de vida, ya que aprender de una cultura tan distinta es siempre enriquecedor. Además, la posibilidad de derribar algunos mitos y entender cómo se hace acuicultura por esos lados, fue fascinante. Guardo muy gratos recuerdos de mi equipo de trabajo y las cosas que pudimos construir juntos durante mis tres años de permanencia en Arabia Saudita.

Trabajé en National Aquaculture Group (NAQUA), quienes se dedicaban al cultivo de camarón (25.000/t/año), sin embargo, habían sido impactados fuertemente por temas sanitarios. La producción cayó a menos de 10.000/t/año y tuvimos que reinventarnos, cambiar especies, crear planes de bioseguridad para la empresa pero también un marco regulatorio para un país que no lo tenía bien desarrollado. Organizamos un viaje a Chile y Noruega para que las autoridades saudíes entendieran como se trabaja en ambos países. Incluimos visitas a varias empresas.

Dejé NAQUA cuando se había recuperado en la producción de camarones, con un creciente cultivo de barramundi y una novedosa producción de pepinos de mar, para el mercado de China. Logramos cerrar el ciclo productivo de una especie de seriola (amberjacks). La producción total actual bordea las 30.000 toneladas y con mucho apetito por alcanzar las 100.000 toneladas para 2030.

Además, quedaron bien avanzados un par de proyectos humanitarios en Sudán (tilapia en el Río Nilo) y en Mauritania (camarones), donde también un par de chilenos me acompañaron en esa aventura.

-De acuerdo con su experiencia, ¿en qué etapa de desarrollo se encuentra la acuicultura en Asia occidental?

Existen países con crecimientos interesantes en acuicultura, como Turquía (260.000/t/año), donde la trucha arcoíris representa el 50%, mientras que la otra mitad se divide entre dorada y lubina. Irán también debe ser observado de cerca. Ellos tienen una producción total de 350.000 toneladas anuales, donde la trucha arcoíris significa el 50%, mientras que la carpa plateada representa el otro 50%. Este país ha manifestado su interés por seguir creciendo a través de cultivos como el esturión y otras especies del grupo de las carpas.

-En 2014, se trasladó hasta Nueva Zelanda para trabajar como COO en New Zeland King Salmon (NZKS). ¿Cómo advierte la actual situación de la salmonicultura en Oceanía?

La industria de acuicultura en Nueva Zelanda alcanza las 100.000 toneladas anuales, donde el principal motor es la mitilicultura, seguido por las cosechas que aporta NZKS.

Australia también alcanza las 100.000 toneladas, donde el salmón Atlántico y trucha arcoíris representan el 60-65% de la producción. Los camarones, barramundi, yellow tail y los abalones son responsables del 40% restante. Creo que los principales desafíos de ambas industrias tienen que ver con concesiones de mar para seguir creciendo, profesionales que quieran trabajar en la industria y, muy importante, hacer acuicultura offshore.

NZKS es una empresa interesante, ya que ha logrado posicionar su marca Ora King como un producto premium, exclusivo y con un valor muy superior a cualquier otro salmón cultivado. Es un notable esfuerzo de una pequeña empresa en el sur de Nueva Zelanda.

-¿Cómo las salmonicultoras de Oceanía han resuelto algunos desafíos que enfrenta la industria del salmón de Chile, como el uso del borde costero, pueblos originarios o pérdidas sanitarias?

En relación con el uso del borde costero, y tanto en Nueva Zelanda como en Australia, el proceso para obtener concesiones es bastante más largo que en Chile. Requiere de, al menos, un par de años de rigurosos estudios de la zona, más el tiempo que se dedica para que la comunidad consulte el proyecto, donde todo ciudadano tiene derecho a recibir una respuesta.

En el caso específico de Nueva Zelanda, se consulta con los pueblos originarios (Iwis) quienes, después de muchos años, han recobrado en gran medida sus derechos. Esto se realiza en el marco del Tratado de Waitangi, que se resume en cuatro artículos que reconocen que los Maorí retienen su mana (autoridad); permite a la corona británica gobernar a su gente; protege los recursos maoríes y su cultura; y, finalmente, requiere que los maoríes disfruten iguales derechos que los ciudadanos británicos.

En esta parte del mundo, los temas sanitarios son bastante menores que en Chile. Hace varias décadas que ambos países cerraron sus fronteras a la importación de ovas por lo que no se han importado las enfermedades presentes en otros países.

De todas formas, existe el desarrollo de vacunas en ambos países, con un sólido desarrollo científico y apoyo del Gobierno en estas materias. Hoy estamos trabajando para modernizar el Plan de Bioseguridad de la industria de tal manera de reducir los riesgos sanitarios, como también modernizar la fabricación de vacunas que apoyen a la industria.

-Desde fines de 2017 que trabaja como CEO en Petuna, Australia. ¿Cómo ha sido su experiencia en esta compañía?

Petuna es una empresa con más de 30 años en el rubro. Nació de la visión de la familia Rockliff, la que ha estado ligada a la pesca y con el objetivo de dar el paso siguiente en la acuicultura. En 2010 la compañía SeaLord, una de las empresas de pesca más grandes de Nueva Zelanda, compró el 50% de Petuna Aquaculture y, desde entonces, han trabajado juntos en desarrollar el negocio.

Como toda empresa acuícola, Petuna ha enfrentado desafíos ambientales, sanitarios y de cultivo. Todas las empresas tienen sus ciclos buenos y no muy buenos. Yo llegué a Petuna para reorganizarla y poner cimientos sólidos en cultivo, con una estructura mucho más plana que permita tomar decisiones rápidas y certeras. Nos enfocaremos en las practicas básicas de cultivo, siendo prolijos y detallistas en la ejecución de las tareas. El cuidado del medio ambiente es fundamental para lograr que esta empresa, y la industria, sean sustentable en el tiempo.

-En términos de comercialización y mercados. ¿Cuál es el sello del producto de Petuna?

Nuestra trucha está orientada al food service, como un producto premium, mientras que nuestro salmón Atlántico está destinado al retail. Hace poco ingresamos nuevamente al whole sale market. Nuestro sello es calidad y queremos seguir avanzando en ese nicho.

Abastecemos principalmente a Australia, pero también exportamos a Japón, Estados Unidos y tenemos algunas ventas menores en Asia.

-Respecto de la tecnología y/o infraestructura, ¿cómo se encuentra la industria del salmón de Oceanía?

Australia y Nueva Zelanda tienen un nivel tecnológico muy similar a Chile e, incluso, Noruega. La calidad de la infraestructura cumple con estándares bastante exigentes y donde se privilegia, además, el desarrollo de proveedores locales cuando sea posible.

-En Chile se están analizando diversas normativas, como las relocalizaciones o fusiones de concesiones; o la incidencia de las unidades de cultivo sobre los fondos marinos. ¿Cómo aprecia estas discusiones?

Me parece una discusión necesaria y la aplaudo. Me apasiona la acuicultura y creo que es la solución para producir alimento de una manera muy eficiente en un planeta cuya población mundial sigue creciendo. Sin embargo, el cómo lo hacemos y el cuidado del medio ambiente deben ser una prioridad si queremos ser sustentables.

Creo que el tiempo en que estábamos aprendiendo a cultivar y cometíamos muchos errores ya paso hace varios años. Debemos enfocarnos en promover la acuicultura de manera responsable, especialmente Chile que lidera en producción acuícola en el mundo (top 10). Entiendo que volvemos al millón de toneladas, lo que me parece notable, no obstante, en materias de cuidado del medio ambiente estamos apenas en la medianía de la tabla (50-55).

-Desde que salió de Chile, usted ha promovido a varios nacionales para que se desempeñen en los mismos lugares. ¿Por qué?

Trato de construir equipo con las personas que están en la empresa donde me estoy desempeñando. No suelo andar con un equipo ya formado. A veces es necesario reforzar áreas y ahí recurro a la red profesional que he conocido en estos casi 30 años en la industria. La nacionalidad me da lo mismo. He ofrecido trabajos a las personas que considero se desempeñan en forma profesional, comprometidos con los proyectos, capaces de aceptar desafíos y, por cierto, muy honestos y disciplinados, requisitos fundamentales.

-En este sentido, ¿cómo se encuentra el nivel de los trabajadores chilenos respecto de la salmonicultura?

Hay de todo, como en cualquier actividad. Chile tiene una industria grande por lo que es más sencillo buscar y elegir buenos trabajadores, comparado con otros países donde el sector es pequeño o se encuentra en sus comienzos.

-Dada su experiencia, ¿cómo proyecta que será la salmonicultura en cinco o diez años más?¿Cuáles serán los principales cambios?

Estimo que los principales cambios irán en nuevas tecnologías para la producción offshore, lo que abrirá nuevas posibilidades para todo lo que hoy conocemos como centro de cultivo. Noruega tiene varios proyectos avanzados en esto.

La tecnología RAS se seguirá consolidando como hasta ahora, probablemente con más enfoque en la disminución del consumo energético.

Habrá mayor énfasis en investigación y temas ambientales (cuidado del fondo marino) como requisito para obtener concesiones y mantenerlas en el tiempo, y amentará la comunicación con la comunidad y los pueblos originarios (licencia social). Todo lo bueno que hace la industria hay que contarlo, de otra manera el esfuerzo se pierde.

Finalmente, en relación con las dietas, se avanzará en productos más eficientes, con mayor transparencia en los ingredientes usados y, especialmente, en los que tienen que ver con materias primas de origen marino. Por cierto, nuevas materias primas ingresarán en esta área y donde espero que las harinas de insectos sean una realidad comercialmente viable en un futuro cercano.