El escocés, Steven Rafferty, tenía muy buenos recuerdos de su paso por Chile entre 1996 y 2004 y donde le tocó, entre otros, participar activamente de la fusión entre las dos compañías líderes en territorio nacional en 1999, Marine Harvest y Mares Australes. Tanto así, que siempre tuvo ganas de volver a las tierras donde nacieron dos de sus hijos. Sin embargo, el derrotero de la vida, y más específicamente de la acuicultura, lo llevó a desempeñarse en cargos de primera línea en destacadas empresas globales, como la misma Marine Harvest, Cermaq y Skretting.

Eso hasta 2017, cuando decidió dar un pequeño giro en su vida y asumir la posición de director de Acuicultura en Global Maritime, la misma compañía que participó en el desarrollo de la jaula “Ocean Farm 1”, de la salmonicultora noruega Salmar y que ha permitido cultivar salmónidos en ambientes offshore.

Pero siempre hay segundas oportunidades y uno de los sueños del titulado en Economía de la Universidad de Edimburgo (Escocia) se comenzó a cumplir cuando “el CEO de Cermaq (Geir Molvik) me llamó ofreciéndome la posibilidad de regresar a este país y no lo dudé porque quiero apoyar a la industria de Chile”, comenta el ejecutivo que, desde el mes de junio, estará a cargo de la filial sudamericana de Cermaq (holding perteneciente a la japonesa Mitsubishi) y que en 2018 lideró el ranking nacional al exportar unas 75.000 toneladas de salmónidos equivalentes a ventas por más de US$545 millones.

“En el pasado la industria chilena cometió  muchos errores. Crecimos muy rápido. Pero hoy se ha aprendido mucho y se está avanzando en sostenibilidad. Precisamente, éste será el camino que buscaremos seguir”, adelanta Rafferty.

¿Pero cómo la industria chilena se puede hacer más sostenible?

Tenemos que trabajar más cerca de las comunidades, de nuestros colaboradores y de los otros actores que hacen uso del borde costero, porque todos somos parte del país y compartimos la naturaleza.

¿Qué otras misiones le encomendaron para su nuevo cargo?

A nivel global, tenemos que apoyar a Cermaq para lograr una mayor presencia en mercados como Estados Unidos o Brasil, estrategia que se está potenciando a través de la inclusión de su marca en los productos que le llegan al consumidor final.

En lo particular, me gustaría que Cermaq Chile liderara la costo-eficiencia en el país.

¿Qué estrategias implementará para disminuir los costos de producción?

Tenemos que enfocarnos en las cosas simples y emplear las tecnologías que están ocupando otros países. Hoy, el desafío más importante para la salmonicultura chilena es el cáligus y perfectamente podemos habilitar medidas de control que se están utilizando en Noruega o Escocia, que son efectivas y sostenibles.

En cuanto al uso de antibióticos, que es otro desafío del sector, ¿qué se puede hacer para reducir su consumo?

Chile ha avanzado mucho en esta materia. Tanto en bajar el consumo como en términos de transparencia en la entrega de información. En Cermaq, y desde hace tres años, también trabajamos en el proyecto Pincoy, iniciativa que busca reducir el uso de antibióticos en la producción de salmones en Chile a través del trabajo colaborativo entre diferentes actores del rubro. Pero es importante aclarar que el uso de antibióticos no es necesariamente algo malo. Tenemos que tratar los peces enfermos al igual que sucede en la salud humana.

Algunas de las formas en que se ha disminuido el uso de antibióticos en Chile es a través de una reducción en la densidad de cultivo y creo que la consolidación de empresas también ayudará mucho en este sentido.

¿En qué sentido?

Es que se podrá acceder a tecnologías que se emplean en otros países donde sucede lo mismo. Todavía podemos aprender mucho de otras experiencias.

Precisamente en el tema de la consolidación, ¿qué posición tiene Cermaq al respecto?

He trabajado en empresas que siempre quieren crecer y he participado de diversas fusiones. Específicamente, en el caso de Cermaq, sus dueños, Mitsubishi, tienen una visión de largo plazo y tienen ganas de seguir creciendo, pero todo dependerá del precio.

¿Actualmente, no existe otra forma de crecer en Chile?

En el corto plazo no se ve otra alternativa, a no ser que se diera algo como lo que pasa en Noruega con las licencias de innovación. Sin embargo, Chile todavía puede seguir avanzando, produciendo mejor en los sitios donde está operando actualmente.

¿Qué opina de cultivar en ambientes offshore? ¿Está preparado Chile para dar este paso?

Hay que estudiarlo, pero el país tiene todas las posibilidades, incluso más que otros, por su larga costa. Lo importante es que tendremos que buscar nuevas alternativas, porque el mundo necesita más salmón.

¿Cómo advierte la resistencia que está provocando la llegada de la industria a zonas como la de Magallanes?

Es un problema de confianzas que surge con la llegada de una nueva industria. Pero tenemos que enfocarnos en trabajar bien, mejorar la producción, acercarnos a los grupos de interés y optimizar las comunicaciones.

¿Cree que esta resistencia pueda ser una barrera para el crecimiento futuro de la industria?

Efectivamente, hay críticas hacia la industria, pero es importante ver que el consumo de salmón sigue creciendo año a año, así como sus precios, porque es un alimento bueno para la salud.

Con todo, ¿cuál es su visión para la industria del salmón de Chile?

Siempre he dicho que, en términos del salmón, este país tiene todas las ventajas. Estoy confiando en que, de aquí a 50 años, Chile será el líder mundial en producción. Todavía queda mucho por mejorar, y lo iremos haciendo en la medida que incorporemos más tecnologías.

Finalmente, ¿cree que el cambio climático pueda afectar dichas proyecciones?

El cambio climático no va a afectar la producción de salmón de Chile en el corto o mediano plazo. Se puede producir salmón en rangos de temperatura de entre 3° y 18° C y Chile tiene entre 9° a 15° C, entonces, todavía hay mucho espacio. Es probable que otros países, antes que nosotros, se vean más enfrentados a este desafío.