Quienes han tenido la posibilidad de visitar algún centro de cultivo de salmónidos, seguramente han podido notar las grandes boyas –generalmente de un color anaranjado– que circundan las balsas jaula, sean estas rectangulares o circulares.

También es posible que hayan advertido sobre las mismas estructuras flotantes, cuya función es descomponer las fuerzas de tensión que generan las líneas de fondeo que mantienen las balsas jaula fijas en un lugar determinado, lobos marinos descansando o derechamente durmiendo sobre estas.

Pero lo anterior está pronto a cambiar gracias a las innovaciones que están desarrollando proveedores locales de estos insumos y que, además, podrían terminar facilitando las faenas de los wellboat cuando estas embarcaciones van a sembrar o cosechar peces. Vamos por parte.

Nuevos diseños

Tradicionalmente, la industria utiliza solo dos tipos de boyas. Por un lado están las metálicas, con formas cilíndricas y cuyas capacidades oscilan entre los 3.000 litros y los 6.500 litros aproximadamente. Por otro, se encuentran las comúnmente llamadas “plásticas”, elaboradas a base de polietileno rotomoldeado. En este caso, se han caracterizado por tener una forma cónica, con dimensiones que no sobrepasan los 3.000 litros y con pesos promedios de unos 200-300 kilos. En general, están rellenas de poliestireno expandido (plumavit o EPS) y cuentan con un eje central de acero galvanizado o “alma”. Sin embargo, sobre este tipo de producto es donde se están dando los principales cambios.

Es así como Polychem, a solicitud de uno de sus clientes, le dio una vuelta de tuerca a sus productos y diseñó una boya esférica. “Esta forma distribuye mucho mejor la presión sobre su manto cuando está hundida, disminuyendo la posibilidad de que colapsen sus caras. Además, tiene una ventaja estética, ya que las boyas cónicas, cuando no están trabajando, caen hacia un costado. Estas no”, dice el gerente Técnico de la compañía, Gerardo González, agregando que la nueva propuesta también evita que los lobos se suban a ella para descansar.

Un camino similar siguió Wenco Sur, la que se inclinó por el desarrollo de una boya de doble cono. “El diseño elimina completamente la posibilidad de que los lobos marinos se suban sobre ella, restándole su reserva de flotación”, comenta el gerente general de la compañía, Gonzalo Swett.

Pero ambas compañías proveedoras de insumos plásticos decidieron ir más allá y buscaron asemejarse a las boyas metálicas al incluir un cáncamo en la parte superior de estas. “En nuestro caso optamos por incluir un alma de acero en las de doble cono, que permite tomarlas desde arriba y abajo, trabajando la tracción y evitando que se hundan las cabeceras de los centros de cultivo cuando la fuerza de la corriente o el tamaño de ola aumenta”, destaca Swett.

El ejecutivo de Polychem agrega otra ventaja a las boyas con cáncamos superior e inferior. “Con los diseños actuales, las boyas se ubican a unos 20 metros y, para que puedan operar los wellboats, deben ser soltarlas. Sin embargo, con las esféricas, las boyas se pueden situar solo a unos cinco metros, facilitando la operación de las embarcaciones y sin tener que ser desamarradas”:

Un aspecto relevante a considerar es que, al poder acercar las boyas a las balsas jaula, “también se evita que algunos centros o sus fondeos deban ser reubicados para que estén totalmente dentro de la concesión y tal como lo exige la actual normativa”, apunta el gerente general de Wenco Sur.

Un dato para hacerse una idea del número de estructuras flotantes que utiliza un centro de cultivo es que para 14 balsas jaula, con dimensiones de 30×30 metros, se requieren de, al menos, unas 38 boyas de 3.000 litros.

Boyas metálicas

La compañía Walbusch es una de las que tiene mayor experiencia en la producción de boyas metálicas para la industria del salmón. El gerente de la Maestranza, Pablo Vega, comenta que, dado que tradicionalmente han sido construidas con cáncamos superior e inferior, su principal uso “se da en las cabeceras de los módulos”, destacando que se caracterizan por su firmeza y porque pueden ser ubicadas muy cerca de las balsas jaula, “favoreciendo el cumplimiento de la normativa que obliga a tener todo el centro de cultivo dentro de la concesión”.

Este tipo de boyas son de un fierro A36 comercial, con un espesor que varía entre los4-5 mm, y están galvanizadas en caliente. Usualmente, tienen un cáncamo u “oreja” inferior, pero “hoy estamos haciendo con dos o hasta cinco, ya que los centros se están ubicando en centros más expuestos y requieres de un mayor número de fondeo”, dice Vega.

Cuestión de gustos

Cuando una productora de salmónidos desea instalar un centro de cultivo, contrata a las compañías expertas en cálculos de fondeos para que estas analicen diferentes aspectos de la concesión de acuicultura. Entre ellos el tipo de fondo marino, altura de ola o corriente marina. Con dicha información, más los requerimientos productivos de la salmoniculturas, las empresas de fondeo realizan sus cálculos y recomiendan la ubicación de los fondeos, su materialidad y, por supuesto, las boyas que se podrían requerir.

Una de estas compañías es AEX Group y donde su director, Alonso Echevarría, de partida realiza una aclaración. “Existe un documento técnico llamado Memoria de Cálculo de Fondeo (MCF), en el cual se especifican los requerimientos de las boyas a nivel de volumen de éstas. Entonces, la solicitud es en términos de volumen, no de su materialidad”.

Otro aspecto que “pesa” en términos de las decisiones son sus precios. Es que ante una boya del mismo volumen y forma, “las plásticas son más económicas, pero menos resistentes a los golpes de embarcaciones y, por lo mismo, con una menor vida útil. Las metálicas son más caras, pero tienen una mayor resistencia y duración”, destaca el empresario.

Como se prevé, las boyas plásticas cubren la demanda hasta los 3.500 litros, mientras que las metálicas comienzan en los 3.000 litros y pueden llegar hasta los 6.500 litros.

Un aspecto que se puede tener en cuenta al momento de tener que elegir entre boyas metálicas y “plásticas” del mismo volumen es su relleno. Las primeras solo tiene aire y si se llegasen a romper, se hunden. Las segundas, con EPS, se mantienen flotando pero su contenido se comienza a desgranar y generan contaminación. No obstante, lo último está pronto a cambiar nuevamente.

Tendencias

“En 2007, Wenco fue pionera al introducir las boyas sopladas para la industria del mejillón. Es decir, no utilizan relleno de poliestireno, son de menor peso y se pueden producir más rápido. Hoy, todas las boyas para la actividad son sopladas. Para 2018, nosotros lanzaremos este mismo tipo de producto para la industria del salmón y desde ya estimamos que serán más resistentes puesto que el polietileno utilizado es de alta densidad”, adelante Gonzalo Swett.

Por el lado de las boyas metálicas, se está proyectando el uso de mayores dimensiones dado que los centros de cultivo se están instalando en áreas más expuestas. “Nosotros hemos construido boyas de hasta 9.000 litros. Hoy, el único límite que tenemos son las tinas de galvanizado. En Puerto Montt, por ejemplo, el tamaño máximo es de diez metros de largo y uno de ancho”, explica el gerente de Maestranza de Walbusch.

Como se advierte, los proveedores locales están aplicando todos sus esfuerzos para innovar y diseñar nuevos productos de forma de ir acompañando los requerimientos de sus clientes salmonicultores. Hoy no existen mayores limitantes.