En un gran asunto se involucró Fernanda Soza, abogada y profesional voluntaria de Fundación Trascender, cuando aceptó la invitación a participar en un proyecto donde 300 feriantes formarían una sociedad que les permitiera acceder a comprar un terreno para construir su propia feria -Vicuña Mackenna-, y dejar de perder dinero arrendando.
"Estaban muy desilusionados de la ayuda prometida. Me tocaron reuniones en un auditorio lleno de gente que preguntaba; algunos un poco desconfiados, otros reticentes y otros esperanzados. Tuve que explicarles paso a paso; que la directiva se contactó con la Fundación Trascender y que yo era voluntaria. No podían creer que no les cobraría. Ahora están confiadas", cuenta Fernanda Soza.
Este grupo tenía sus puestos de paqueterías, fruterías, rotiserías, pastelerías, carnicerías y pescaderías, entre otros, en un sitio municipal, pero lo vendieron en el año 2004.
Entonces comenzaron a deambular con la mercadería por las calles hasta que desde el año 2006 arriendan un terreno del Serviu. Como esta entidad estaba dispuesta a venderlo por $ 150 millones y esto significaba que, con el mismo monto del arriendo, podían ser dueños del sitio en sólo dos años, la directiva se embarcó en la compra.
Clara Ruiz, dirigente de los feriantes, cuenta que después de recibir muchas promesas que no se cumplieron dieron con Fundación Trascender, "queremos tener nuestro terreno para trabajar dignamente, no queremos seguir de acá para allá. Además ahora no tenemos alcantarillado ni luz y sanidad está encima de la gente. Así no se puede trabajar como corresponde".
A pesar de lo burocrático que fue consultar a tantas personas para crear los acuerdos, de lo difícil que fue darse a entender y de lo complejo que era crear una sociedad en la cual muchos miembros no podían tomar un crédito, pero donde todos debían ser responsables, ya se firmó la sociedad cerrada.
En la feria Vicuña Mackenna cada feriante tiene una acción y la sociedad adquirirá un crédito por medio de los 100 miembros que no estaban en Dicom. Una vez que salga publicada, el banco les entregará el préstamo y comprarán el sitio.
La idea es en el futuro construir locales. Por ahora, Pablo Arroyo, ingeniero y profesional voluntario, los apoya con los planos de agua.