Víctor Hugo Puchi es, desde la vereda empresarial, una de las voces más autorizadas para hablar del conflicto de Aysén. No solo desarrolla actividades productivas en la zona, sino que es oriundo de Aysén. "Hace 50 años el aislamiento era mayor. La escuela pública donde me eduqué, en Cochrane, llegaba a 4° básico. De allí, internado a Chile Chico. Nuestro contacto en abastecimiento de víveres era con Argentina, y lo mismo en salud. Era una vida de mucho esfuerzo y precariedad", rememora el controlador de la salmonicultora AquaChile.
Pero no está aquí para hablar de negocios. La movilización de Aysén hizo que se decidiera a sacar la voz. Dice que no ha participado en el movimiento, "pero comprendo el origen del descontento. El alza permanente del costo del petróleo y el aumento del precio de los alimentos ha hecho más difícil vivir en zonas aisladas y extremas", plantea a El Mercurio.
Y continúa: "Lejos la principal limitación de Aysén es su lejanía y aislamiento. El costo de transporte de productos y de personas pega muy fuerte en la competitividad de las actividades de la región, ganadería, turismo, pesca y salmonicultura. La familias sufren en situaciones de problemas de salud o frente a la imposibilidad de continuar educando a sus hijos, por el costo que significa el transporte y mantención lejos".
-Más allá de las causas inmediatas que ocasionaron estas movilizaciones, ¿qué cree que hay de fondo en el descontento de los ayseninos?
"Las causas de fondo son de larga data. El sentimiento de postergación de Aysén viene de muchos años y durante muchos gobiernos. Aysén, y probablemente otras regiones, no han tenido la atención política que la gente espera. Como país deberíamos cuestionarnos el alto centralismo político".
-¿Cuál es su experiencia en la relación con las autoridades?
"En el último año, la reconstrucción del terremoto, las discusiones en educación, y las repercusiones en el país de la inestabilidad financiera mundial, han acaparado la atención política. Las regiones se sienten más postergadas, limitadas en su capacidad de influir o de ser escuchadas por el gobierno central. El histórico centralismo produce sentimientos de postergación en las regiones más aisladas y lejanas. La conectividad de Aysén y el alto costo de transporte ha sido un tema que ha afectado a la región por muchos años, y se ha acrecentado por el aumento permanente en el precio del petróleo. Si comparamos la atención y recursos que el gobierno ha asignado para reparar los daños del terremoto de la zona central, con la recibida por Aysén en el tsunami del 2007, muestra cómo este último fue un episodio pasajero que el país olvidó".
-¿Por qué debiera justificarse un trato diferenciado de Aysén. Otras regiones y zonas extremas también viven carencias o aumentos de precios. Un ejemplo es el costo del agua en el norte, o las zonas insulares en abastecimiento.
"En general, todos los países y sociedades buscan focalizar el gasto público o transferencias y apoyar a diversos grupos más débiles, o que viven en condiciones más extremas y difíciles, especialmente cuando significa el reconocimiento de soberanía en lugares extremos y alejados, en donde la vida es difícil. En Santiago, se hacen grandes inversiones en subsidios al transporte y en el Metro. Todo lo contrario a lo que ocurre en nuestra región. Y un ejemplo drástico fue el caso de la niñita de Isla Toto que se transportaba sobre una plancha de plumavit para ir al colegio".
-¿Qué responsabilidad le cabe al sector productivo y a los empresarios regionales?
"Nuestra responsabilidad como empresarios es encontrar la forma de hacer económicamente viable el uso de los recursos naturales, interviniendo lo menos posible el paisaje de belleza indescriptible de Aysén. En la ganadería, en los últimos años se ha invertido en la limpieza de campos, y se han recuperado praderas con mayor productividad. Se ha cambiado el desolador paisaje de árboles quemados, por praderas verdes, y el valor de la tierra se ha multiplicado varias veces. En turismo, se han hecho esfuerzos preliminares y dispersos, y es sin duda el área de mayor potencial de la región, y es donde más trabajo nos queda por hacer".
-¿Y en su sector salmonicultor?
"En salmonicultura tenemos dos desafíos: hacer nuestro trabajo de manera sustentable y agregar valor con mayor procesamiento local. Para ello se requiere más gente para operar las plantas de proceso. Como región deberíamos atraer más gente a vivir, para que se establezcan de forma permanente. Implica mayor inversión pública en viviendas sociales, escuelas, infraestructura urbana, hospitales. En el caso de la pesca artesanal, diversificar. Por ejemplo, hacia el turismo y el desarrollo de cultivos acuícolas".
-Tras el movimiento estudiantil, ¿las demandas en las regiones serán la crisis que viene en 2012?
"El mundo enfrenta un clima de descontento social, pero debemos dialogar para encontrar soluciones que descompriman este descontento y se reste espacio a la violencia. En este proceso, en el corto plazo -no así en el largo plazo-, posiblemente el país sacrifique algo de crecimiento económico, pero en compensación gane en armonía y estabilidad social".
-¿Cómo evalúa el manejo del gobierno y la soluciones dadas hasta ahora? ¿Su actuación es tardía considerando el patrón reactivo?
"Creo que se requiere que las autoridades regionales tengan más poder político -y presupuesto- para enfrentar este tipo de procesos sociales. Para encontrar soluciones más tempranas, restándole espacio a violentistas que empañan legítimas demandas de la gente de la Región de Aysén".
Los chilenos debieran saber el esfuerzo sobrehumano que hicieron nuestros padres, pioneros en la región, por hacer soberanía en estas tierras"."Si comparamos la atención y recursos que el gobierno ha asignado para reparar los daños del terremoto, con la recibida por Aysén en el tsunami del 2007, muestra cómo este último fue un episodio pasajero que el país olvidó". En mi calidad de aysenino, hago un llamado a todos a dedicar su tiempo y generosidad al diálogo, que permita llegar a los acuerdos que Aysén necesita".